sábado, 22 de noviembre de 2014

LA HERRERIA de COMPLUDO


La herrería de Compludo es un ejemplo de industria medieval popular. Contiene un ingenioso y rudimentario sistema de aprovechamiento hidráulico para realizar las actividades de forja. El edificio de la herrería es de mampostería de pizarra, y se restauró en los años noventa. Ha sido declarada Bien de Interés Cultural en  junio de 1968.

La herrería de Compludo


Para acceder a ella debemos recorrer cinco kilómetros, en pendiente, cuesta abajo, desde el pueblo del Acebo. La herrería medieval se encuentra, poco antes de llegar al pueblo de Compludo, tomando un desvío a la derecha, después de caminar unos minutos a pie por un sendero junto a un arroyo, entre una frondosa vegetación.

Todo está perfectamente señalizado. Las panorámicas de los profundos valles son grandiosas. En el pueblo de Compludo merece la pena visitar la iglesia parroquial, un edificio del siglo XVI con un interesante retablo.

Poco antes del indicador a la Herrería, una pista de tierra, a la izquierda, nos lleva a Carracedo de Compludo, otro pueblo abandonado con un entorno natural que causa gran impresión.                     

Ya en Compludo, a unos metros de la iglesia, a la izquierda, se puede llegar, por otra pista de tierra, a Palacios de Compludo, un enclave natural de primer orden.
  
                                                   Situación geográfica de la Herrería



 Historia

La construcción de la Herrería se asociaba a la fundación por San Fructuoso del Monasterio de Compludo durante el siglo VII. Los últimos estudios sitúan sin embargo el nacimiento de la Herrería, en el siglo XIX, desechando las anteriores teorías.

En el año 1.968 se elaboró un estudio sobre los posibles antecedentes de la misma. En relación a la rueda motriz se la califica como la forma de aprovechamiento de agua más primitiva y rudimentaria que se conoce a través de la historia, empleada para industrias antiguas. Sobre el sistema hidráulico para la inyección de aire en el hogar, es coincidente con el que se utiliza en las "forjas catalanas", procedimiento introducido en España por los romanos.
  
                                                                    Interior de la Herrería


Un sistema de canalización del agua, regulado por compuertas, lubrica el mecanismo impulsor y con su fuerza provoca una corriente de aire que por “efecto venturi” aviva el fuego de la fragua y mueve el martillo.

Unas aspas impulsadas por el agua, giran alrededor de un eje de levas junto a una gran viga de nogal, dentada en su extremo. La viga hace de palanca para el largo martillo pilón, que golpea sobre un yunque donde se trabaja el material, todo ello a la velocidad deseada, según la regulación del caudal de agua.

                                                                         Eje de levas

sábado, 15 de noviembre de 2014

GAUCELMO Y LA CRUZ DE HIERRO

Durante el siglo X aparecen las primeras referencias sobre el ermitaño Gaucelmo en esta zona del primitivo Reino de León. El primer acontecimiento del que se tiene constancia en este emplazamiento próximo al Puerto de Foncebadón fue el llamado concilio de el Monte Iragocelebrado en el año 946, en el que se trató de poner remedio a los robos y asesinatos que se cometían en el Camino de Santiago. A este concilio asistió el obispo Salomón, de la diócesis de Astorga, y el propio rey Ramiro II.

Gaucelmo, fundó una hospedería y una iglesia a finales del siglo XI, que más tarde se convertiría en una abadía. Por esta obra, el Rey Alfonso VI le concedió el singular privilegio, en el año 1103, de la exención de todo pago de tributo a perpetuidad, a la iglesia de San Salvador de Irago.

La documentación medieval existente permite conocer que hubo aquí un hospital y una iglesia a Santa Magdalena dependiente del hospital y de la iglesia de San Salvador. Posteriormente apareció una comunidad de eremitas que pasó a depender de la Junta de Astorga, dirigida por el Abad de Foncebadón, A pesar de las ruinas del lugar, fácilmente puede descubrirse su condición de lugar de peregrinación, al pasar por la calle del antiguo poblado.

                                                            Monasterio del Monte Irago

Siguiendo el camino de Santiago, próximo a Foncebadón se encuentra la “Cruz de Ferro”, monumento emblemático, donde los peregrinos a través de los tiempos han ido depositando una piedra. Esta tradición es de de origen probablemente celta. En la época romana se llamaron Montes de Mercurio en honor del dios patrón de los caminantes.
 
La costumbre se cristianizó tras colocar el abad Gaucelmo la cruz original, hoy depositada en el Museo de los Caminos de Astorga (Palacio de Gaudi). Los segadores gallegos en su paso hacia Castilla, donde iban a trabajar, continuaron con la tradición depositando una piedra a su paso. Esta altitud marca la separación entre la Maragatería y el Bierzo.

Foncebadón y la Cruz de Ferro aparecen en 1632 en la novela "La Niña de los Embustes" de Castillo Solórzano, con bastante imprecisión en cuanto a la localización de dicha cruz. Fray Martín Sarmiento, en su segundo viaje a Galicia, en 1754 menciona la existencia de esta cruz que delimitaba el coto concedido a la alberguería de Foncebadon en 1103.


                                                                   Cruz de Hierro 

Antiguos y famosos peregrinos como: Aymeric Picaud, Kunig von Vach, Arnold von Harff y Domenico  Laffi han descrito en sus viajes a Compostela esta “Cruz de Hierro” y su ubicación en las proximidades del monte Irago.

martes, 11 de noviembre de 2014

LOS MONTES DE LEÓN

 POR LOS MONTES DE LEÓN


Salida de Rabanal del Camino. Ascensión al Monte Irago. Foncebadón. La "Cruz de Hierro". Descenso a Manja­rín. El Monte Teleno. Un curioso refugio de peregrinos. Por los senderos de Manjarín. Base militar. Descenso a El Acebo. Compludo. Riego de Ambrós. Camino de Molinaseca. El río Meruelo. Descanso en Molinaseca. Camino de Ponferrada.




El viajero se levanta temprano y con las primeras luces del día, después de tomar café con otros peregrinos, sale de Rabanal del Camino por la calle Mayor del pueblo. Pasadas las últimas casas encuentra a unas extrañas peregri­nas, dos niñas pequeñas, acompañadas de su madre, que lleva un gato atado con una cuerda larga. El viajero piensa que no podrán llegar muy lejos, en una etapa tan difícil por los Montes de León, pero quizá se equivoca.




El camino sale a la carretera a setecien­tos metros del pueblo, e inicia una subida, cada vez más pendien­te, entre retamas y brezos. El viajero, mientras cami­na, va pensando en las numerosas leyendas sobre el Camino de Santia­go, que ha leído últimamente, y en la historia del monje Gaucelmo, que vivió en estos parajes inhóspitos. Le impresio­nan estas sole­dades y siente la preocupación y el miedo de los asaltos a los pere­grinos por los bandoleros de antaño. La mañana está toda­vía fresca. Sigue subiendo a buen paso, y no encuentra ningún caminante en todo el trayecto.



                  
Las casas de Foncebadón aparecen en un desvío de la carretera. El camino discurre por el centro del deshabitado pueblo, entre las ruinas de las casas, con las techumbres hundidas y las ventanas destartaladas. En una pequeña plaza hay un crucero y una iglesia, de la que se conservan las campanas colgadas de la espadaña. Foncebadón fue una localidad importante, en el Camino de Santiago, durante la Edad Media. A finales del siglo XI el monje Gaucelmo fundó un hospital y un albergue para los peregrinos que cruzaban por estos parajes. Alfonso VI concedió el señorio del lugar a Gaucelmo, hasta el año 1106 en que fue traspasado al obispado de Astorga. Hubo aquí una comunidad de ermitaños y dos iglesias, una dedicada a Santa María Magdalena, y otra a San Salvador de Irago. Fonce­badón era el último pueblo de la Maragatería en el Camino de Santiago, antes de entrar en los valles del Bierzo.



El peregrino encuentra a la salida de Foncebadón a cuatro caminantes madrileñas, y continúa subiendo con ellas hasta la "Cruz de Hierro", que se encuentra en la linea divi­soria de las aguas del Monte Irago, en el collado de las Encruciadas, llamado también Puerto de Foncebadón. La "Cruz de Hierro" está colocada sobre un montón de piedras de cinco metros de altura. Se cree que fue el propio Gaucelmo el que puso la cruz para que sirviera de indicador del camino durante los nevados inviernos. Hay una tradición por la que cada peregrino deja allí una piedra traída desde algún lugar ante­rior del camino. Los segadores gallegos que venían antiguamen­te a Castilla para las labores agrícolas del verano tam­bién tenían costumbre de dejar una piedra en este lugar. En la época romana había aquí un altar al dios Mercurio, protector de los caminanes.   






En la explanada de la "Cruz de Hierro" hay unos tenderetes ambulantes con piedras de cierto valor geológico, y collares y baratijas, además de otros enseres típicos de los peregrinos a Santiago de Compostela, como "bordones" y "biei­ras". El caminante se para un poco para descansar después de la subida y para tomar un pequeño desayuno sólido. Las chicas madrileñas están sacando fotografías y se quedan en la expla­nada un buen rato mientras él continúa hacia Manjarín en un descenso prolonga­do. El Monte Teleno se divisa hacia la iz­quierda de la carretera, nevado, incluso en esta época del año. Mas allá están los Montes Aquilanos, que llegan, en sus últimas estribaciones hasta Ponferrada.




En Manjarín hay unas pocas casas habitadas. Son vaquerizas con establos adosados a las casas. Un curioso refugio, junto a la carretera, da hospitalidad a los peregri­nos. Se puede tomar un café, contenido en unos termos gran­des, y sentarse un poco a la sombra de un emparrado. Un cartel sugie­re una aporta­ción económica voluntaria para poder seguir aten­dien­do a otros caminantes. El "hospitalero", buen conoce­dor de de la zona, sugiere al viajero continuar el camino por unos senderos que bordean la carretera, entre fincas con empaliza­das para impedir la salida del ganado vacuno que pasta libre por las praderías. Hay una fuente con agua muy fresca, a los dos lados de la valla, mitad en el camino y mitad en la finca, para poder abrevar las vacas.




Unos kilómetros más adelante se inicia de nuevo el ascenso hasta un collado, que es el "techo" del Camino de Santiago desde Roncesvalles. Un desvío a la derecha lleva a una Base Militar, en la parte más alta de la montaña. La carretera y el camino bordean por la izquierda la zona monta­ñosa y comienzan el descenso hacia el valle del río Carracedo, donde se encuentra la bella localidad de El Acebo. El caminan­te baja por unas sendas sinuosas acompañado por otros peregri­nos a caballo, que tienen muchas dificultades en los últimos tramos de la bajada al pueblo.








El Acebo tiene unas pintorescas casas con la típica arquitectura del Bierzo, con solanas, escaleras exteriores y tejados de pizarra. En el mesón, del mismo nombre que el pueblo, se ofrece a los caminantes tapas, raciones y platos de la región a un precio asequible, aunque han subido mucho los precios en este año compostelano. A la salida de la localidad hay una ermita de aspecto rústico, junto al cementerio, y un monumento erigido en honor de Henrich Krause, peregrino alemán muerto en este lugar. Se despeñó en los abismos de la zona cuando circulaba en bicicleta por esta carretera. El monumento está formado por una bicicleta, un bordón y una calabaza sobre un pedestal de piedra. El viajero se cruza con unos peregrinos holandeses, a los que no entiende más que su deseo de pernoc­tar en El Acebo, y que le preguntan por un albergue o por otro alojamiento.




En otro tiempo, los habitantes de El Acebo quedaron liberados de pagar tributos a la Hacienda Real por el servicio de colocar estacas de madera que permitieran ver el camino, en los días nevados del invierno, a los peregrinos que pasaran por aquí. En la iglesia parroquial de San Miguel hay una talla de Santiago Peregrino, en piedra polícroma, que no tiene algunos de los atributos tradicio­nales jaco­beos, aunque lleva una hermosa túnica decorada con "flores de lis", que también relaciona el "Codex Calistinus" con los símbolos de Santiago.




Bajando hacia Riego de Ambrós, a la izquierda de la carretera hay un desvío muy empinado, hacia el fondo del valle, donde cinco kilómetros más abajo se encuentra Compludo. En este lugar fundó San Fructuoso, en el siglo VII, un monas­terio consagrado a los Santos Justo y Pastor, naturales de Alcalá de Henares, la antigua "Complutum" romana. Fue una de los primeros cenobios de la época visigoda, que produjo en esta zona del Bierzo un gran desarrollo de la vida eremita y monacal. Muy cerca del pueblo está la famosa "ferrería" medie­val, accionada por agua del río Carracedo. La Herrería de Compludo es Monumento Nacio­nal. Se conserva en buen estado y en funcio­namiento por el antiguo procedimiento de martinete hidráulico.




El viajero llega a Riego de Ambrós por un camino que se desvía de la carretera por su lado izquierdo. Es un pueblo de aspecto fuertemente rural, que tiene una iglesia dedicada a la Magdalena y una pequeña ermita bajo la advocación de San Fabián. A la entrada del pueblo está la fuente de San Sebas­tián, donde el viajero bebe un poco de agua. Desde la plaza se baja hacia el valle del arroyo Prado Mangas, que está rodeado de árboles de agradable sombra, en estas horas calurosas del mediodía. Junto al arroyo hay un antiguo y enorme castaño, y poco más adelante, cerca del río Meruelo, en el que desagua el arroyo Prado Mangas, una curiosa casa hexago­nal.




Poco más adelante se encuentra de nuevo la carrete­ra, que puede cru­zarse, y seguir por el valle hasta tres kilóme­tros más abajo. Se pasa por un camino bien indicado entre enci­nas, chopos, jaras y otros restos de monte bajo, que han pere­cido por efecto de un fuego reciente. El viajero alcanza en este descenso hacia el río de la Pretadura a otros peregrinos que llevan caminando desde las cinco de la mañana. Continúa adelante y sale finalmente a la carretera muy cerca de Molinaseca.





Aparecen las primeras casas de Molinaseca, localidad del bajo Bierzo, que se encuentra junto al río Meruelo. Al principio del pueblo está la capilla de la Virgen de las Angustias, de estilo barroco, adosada a la ladera del monte. Al llegar al río pasamos por un puente románico, llamado "Puente de los Peregrinos", que conduce a la calle Real, donde se concentra la actividad comercial y de servicios del pueblo. Desde el puente se ve un hermoso panorama del conjunto urbano. En la ribera del río algunos peregrinos se lavan los pies y se meten en las frescas aguas. Ha sido un camino muy duro y hace calor a esa hora del mediodía. En el césped de una pequeña plaza próxima al río hay mucha gente tumbada. Se respira un ambiente veraniego que invita al descanso.




W. Starkie ha definido Molinaseca como: "un pequeño oasis en un viaje temible". El viajero se quedaría en Molina­seca a pasar la tarde si no le esperasen en Ponferrada. Entra en un bar para tomar una bebida y no se queda más que el tiempo imprescindible. Al salir encuentra a Kristen Jacqueline que está en una de las terrazas de la plaza con otros peregri­nos de su país. Continúa por la calle Real, llamada también "Calle de los Peregrinos", en la que hay casas con tejados de pizarra y solanas de madera, con muchas flores. Hay casonas barrocas, con blasones y torreones adosados. Todavía puede verse el antiguo hospital de los peregrinos frente el conocido crucero de granito. Algunos bares y hostales completan la calle Real.







Molinaseca tiene el templo de San Nicolás, de estilo neoclásico, con una talla de San Roque Peregrino, y un moderno albergue en el comienzo de la carretera de Ponferrada. En esta zona debió estar ubicada "Interamnium Flavium", ciudad romana construida en honor del emperador Vespasiano, que se encontra­ba en la ruta de Astorga a Braga, antes de pasar al actual territo­rio de Portugal.




El viajero toma la carretera de Ponferrada, que está en obras de asfaltado, lo que produce un fuerte calor a estas horas de la tarde. Al pasar por primera vez el río Boeza, que rodea Ponferrada antes de confluir en el Sil, se ve este nudo fabril, capital industrial del Bierzo. Desde esta zona se observa el vapor de agua de la central térmica de Composti­lla, muy cercana a Ponferrada. El viajero sigue las instruc­ciones gráficas del Camino de Santiago y se desvía hacia Campo de Ponferrada, localidad próxima al río Boeza. Pasa por una fuente y por la ermita de San Roque y desciende hacia el "Puente Mascarón", cruzando de nuevo el río Boeza y entrando en Ponferrada por la carre­tera de Orense, en la zona sur de la ciudad. Por las calles del Hospital y de Salinas llega a la plaza del Temple, y por la calle del Comendador a la basílica de Nuestra Señora de la Encina, patrona del Bierzo, muy cerca del Castillo de los Templarios y de la zona más céntrica de la ciudad, donde se encuentra el antiguo albergue de peregrinos.






sábado, 8 de noviembre de 2014

COCIDO MARAGATO

El Cocido Maragato es un guiso que consta básicamente de sopa, berza o repollo, patatas, garbanzos y siete variedades de carnes. El Cocido Maragato es el plato típico de Astorga, Castrillo de los Polvazares y de toda La Maragatería

Se caracteriza principalmente porque se sirve al revés. Primero las carnes del cocido, después las verduras y legumbres, y finalmente la sopa del cocido.



INGREDIENTES (para 4 personas):


400 gr. de garbanzos.
1 kg. de repollo.
½ kg. de morcillo de novilla.
½ kg. de lacón.
½ kg. de gallina.
4 chorizos para cocer.
150 gr. de tocino.
150 gr. de panceta.
4 manitas de cerdo.
½ kg. de oreja, careta y morro de cerdo.
½ kg. de costilla de cerdo.
Natillas al caramelo con manteada de Astorga.

PARA EL RELLENO DEL COCIDO MARAGATO:

Un poco de morcillo, tocino, ajo, perejil, pan rallado y huevos.



PREPARACIÓN DEL COCIDO MARAGATO:


Poner en romojo los garbanzos con un poco de sal durante doce horas. Pasado ese tiempo, cocerlos en una olla con abundante agua fría junto con toda la carne, a excepción del chorizo. Una vez cocido todo, sacar la carne y dejarla enfriar para poder trocearla.

En otra olla con agua hirviendo echar el repollo y el chorizo y cocerlos durante treinta minutos.

Para hacer el relleno, picar un poco de morcillo y tocino, añadir unos huevos, el ajo, el perejil y el pan rallado. Preparar unas albóndigas y freirlas con abundante aceite. Como truco, se pueden cocer en el caldo del cocido maragato justo antes de servir.

A la hora de emplatar se sirven primeramente las carnes del cocido, después los garbanzos y el repollo, regado con un refrito de aceite, ajo y pimiento, y por último la sopa hecha con el caldo del cocido maragato y fideos finos.



Para terminar servir las natillas.





miércoles, 5 de noviembre de 2014

CONCHA ESPINA y LA ESFINGE MARAGATA



Concha Espina

Nació en Santander en 1869. Hija de Víctor Rodríguez Espina  y Ascensión García Tagle. A los trece años comenzó a escribir versos, y en 1888 publicó por primera vez, en El Atlántico, unos versos bajo el nombre de Ana Coe Snichp. En sus colaboraciones con otras publicaciones llegó a usar cinco seudónimos distintos.

En 1891 falleció su madre y al año siguiente se trasladó a vivir a Ujo, Asturias, donde su padre trabajó como contable en las minas. Dos años después se casó con Ramón de la Serna en Mazcuerras, Santander, y se fueron a Chile. En 1894 nació su primer hijo, Ramón, y en 1896, Víctor. En 1898 vuelven a España. En 1903 nace su única hija, Josefina.


                                                             Casa donde vivió la escritora


Escribió un estudio sobre las “Mujeres del Quijote” en 1903 y un libro de poemas: “Mis flores”,en 1904. Se trasladó a Cabezón de la Sal y colaboró con varios diarios, La Atalaya, El Cantábrico, … En 1907 dio a luz a Luis, su último hijo. Publicó su primera novela, “La niña de Luzmela”, en 1909 y se trasladó a Madrid y Ramón a Méjico. Su matrimonio estaba ya roto. En 1918 estrenó al obra de teatro “El jayón” , basada en un cuento suyo. Sólo aguantó cuatro representaciones, pero fue convertida en un ópera estrenada en Río de Janeiro en 1929, con música de Mignoni y titulada “L'Innocente”.

En 1920 falleció su padre. En 1924 recibió el Premio de la Real Academia Española por “Tierras del Aquilón”, y el nombramiento como hija predilecta de Santander. Pudo haber sido candidata a la Real Academia Española en 1928. Al año siguiente es invitada por el Middlebury College a hablar de su nueva novela, “La virgen prudente”. Ese mismo año, y el siguiente fue propuesta para el Premio Nobel 

En 1938 es nombrada miembro de honor de la Academia de Artes y Letras de Nueva York y comienza una incipiente ceguera. Es operada y recupera la vista, pero en 1940 se queda definitivamente ciega. Se intentó otra vez, en 1941, su admisión en la Real Academia Española pero sin éxito. En 1950 recibió la Medalla del Trabajo. Murió en Madrid en 1955.



 Portada del libro: La esfinge maragata

LA ESFINGE MARAGATA 
  
La Maragatería de 1912, era una comarca un tanto perdida entre Astorga y el monte Teleno, algo incomunicada, que seguía aferrada a sus peculiares costumbres en un círculo cerrado, aunque sus habitantes  recorrieran los caminos de España. La arriería con la llegada del ferrocarril tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos, y los maragatos al final del siglo XIX inician un éxodo a Galicia y a Madrid, principalmente. Los maragatos con la disminución del tráfico arriero perdieron su poder, su prestigio y su tipo de trabajo.

Hay que añadir a esta situación la emigración maragata durante  las dos primeras décadas del siglo XX, a América: Argentina, Cuba, México, Puerto Rico y Brasil. En 1912 Concha Espina se encontró en La Maragatería con una población mayoritariamente femenina de carácter matriarcal.


El aspecto de los pueblos de la comarca hace un siglo, sin luz eléctrica ni agua corriente, con calles y caminos embarrados en invierno y polvorientos en verano, sin carreteras, constituía la situación habitual en muchos pueblos de La Maragatería.


Ante este panorama la novelista santanderina escribe “una mordaza de melancolía atenazó a los viajeros a la salida de Astorga, hasta Boisán donde la naturaleza se engalana con raros alardes de hermosura para subir al Teleno”. Esta
 descripción, hay que reconocer que tal vez un poco exagerada, escribe: “La Maragatería es muy grande y hay pueblos ricos con casas a la moda: Santa Colomba, Rabanal, Castrillo,…; en realidad una minoría dentro de la comarca; en el resto: pobreza, desencanto, aislamiento,…


                                                                       Pueblo de la Maragatería

domingo, 2 de noviembre de 2014

LOS ARRIEROS MARAGATOS

La actual comarca de la Maragatería se le llamó antiguamente La Somoza, equivalente a "bajo el monte". A partir del siglo XVI a los arrieros de esta tierra se los empezó a llamar maragatos. 
Maragatos eran exclusivamente los arrieros de La Somoza, que se dedicaban a esta actividad, pero fue tal la fama que adquirieron que se llegó a cambiar de nombre a la comarca, y denominar como maragatos a todos los habitantes de La Somoza.
       
Maragato


La capital de esta comarca de León es Astorga. Esta comarca abarca aproximadamente entre el monte Teleno (el monte sagrado de los astures, de 2.188 metros de altitud) y Astorga. El Teleno es en la actualidad también el monte mítico de los maragatos.
Los maragatos o habitantes de la magarateria, han conservado costumbres propias: gastronomía, arquitectura popular, música y vestimenta. Entre  las manifestaciones culturales de este pueblo hay otros ritos como "La boda", "La fiesta del arado",… Aparte de sus costumbres, practicaban la endogamia y vivían aislados de otras comunidades de la zona.
Una comarca abrupta y escabrosa, poca dada a la agricultura, pudo motivar que los habitantes de la zona, escogieran el camino del comercio como forma de vida, dando lugar a una de las actividades por las que son conocidos: los arrieros (o transportadores de mercancías). El comercio se realizaba entre Galicia y Castilla y en sus comienzos, los salazones eran la principal fuente de estos movimientos comerciales. 




                Recua de mulas(transportes maragatos)

Al principio eran recueros, es decir usaban recuas de mulas para el transporte. Luego empezaron a usar carromatos tirados por mulas y  se llamaron arrieros. 

Los maragatos utilizaron para su actividad  comercial las antiguas vías romanas, sobre todo la que lleva de Astorga a Braga (Lugo) y desde aquí por la Vía de la Plata continuaban hacia Madrid. También sus vías de tránsito serían parte integrante del Camino de Santiago. 

A lo largo del tiempo cambiaron sus rutas según el tipo de comercio, pero prácticamente viajaron entre el norte de España, Galicia, Asturias y Cantabria y las ciudades de Castilla la Vieja. Cuando Madrid pasó a ser capital de España con Felipe II incorporaron esta ciudad a su tráfico comercial.



                                                     Trayecto de los transportes maragatos
Transportaban pescado y carbón del norte, hacia el sur, donde era cambiado por embutidos y otros productos de matanza que a su vez eran llevados al norte. Esta actividad se mantuvo hasta la llegada del ferrocarril que obligó a cambiar las costumbres y a establecerse en puntos fijos de Madrid y La Coruña con el fin de continuar con sus negocios de transporte.
Eran famosos por la manera con que protegían sus cargamentos y se les consideraba los transportistas más seguros y a quienes se les podía confiar mercancías de gran valor. 
Las casas arrieras eran casas de labranza, y empezaron a construirse a partir del siglo XVIII. Se componían principalmente de un gran patio central, alrededor del cual estaban todas las dependencias de la casa. Cuanto mayor era esta, mayor importancia tenía el personaje que allí residía. La casas eran de piedra, y la entrada se hacia a través de un gran portón formado por un arco de medio punto. En las fachadas se ubicaban pocas o ninguna ventana al exterior, y en su patio interior se resguardaban las mulas y los carromatos.


                                                Patio de una casa maragata
Los maragatos aparte de ser arrieros, se dedicaban en algunos casos a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil. 



viernes, 31 de octubre de 2014

BIBLIOGRAFÍA DE ASTORGA Y LA MARAGATERÍA

ASTORGA.

- Astorga: guía turística de la ciudad. Augusto Quintana Prieto. León. 1978.

- Astorga. Fernando Llamazares. Editorial Everest. Madrid. 1979.

- Antonio Gaudí y su obra: actas del simposio celebrado en la ciudad de Astorga los días 22, 23, 24 y 25 de junio del a­ño 1989. Comisión organizadora del centenario de Antonio Gaudí. Astorga. 1990.

- Astorga. Inocencio Ares Alonso. Editorial Edilesa. León. 1999.

- Astorga. Luis Grau Lobo. Editorial Everest. León. 2000.

- Astorga: ciudad bimilenaria. Joaquín-Miguel Alonso González. Editorial Ambito. Valladolid. 2000.



Plaza de Astorga

LA MARAGATERÍA.

- Santa Colomba de Somoza: su pasado y su presente. Jerónimo Probanza Antón. Ediciones "El Paisaje". Vizcaya. 1983.

- El hospital de peregrinos de Santa Catalina de Somoza.  Martín Martínez Martínez. Centro de Estudios e Investiga­ción "San Isidoro", Archivo Histórico Diocesano. León. 1977.

- La ruta del oro: un recorrido por el país de maragatos. Inocencio Ares Alonso. Editorial Edilesa. León. 1997.

- Los maragatos y su tierra: breves consideraciones. Augusto Quintana Prieto. León. 1978.



Pueblo maragato/Monte Teleno