lunes, 5 de enero de 2015

CAMINO DE SANTIAGO EN GALICIA

Desde  O  Cebreiro, por  el  Alto de San Roque  y el  Alto do Poio, llegamos a Triacastela, que ya figuraba como undécima etapa del Camino de Santiago en el Códice Calixtino, un pueblo pequeño que vive alrededor de la tradición jacobea. Continuamos por la variante sur hacia Samos, siguiendo el entorno del río Sarria. Pasamos por San Cristovo, entre frondosos castaños, y pasamos varias aldeas antes de llegar a Samos, donde se pueden comer buenas truchas y anguilas de río. El famoso Monasterio de San Xulián, declarado Bien de Interés Cultural, nos recibe entre los cantos gregorianos de sus monjes.

Monasterio de Samos

En el camino de Samos a Sarria, dejamos atrás el bello y fértil valle junto al monasterio y llegamos a una de las localidades más importantes del Camino, Sarria. Por la “Rúa Maior” de esta villa, veremos un hervidero de peregrinos que se van acercando al albergue.

Desde Sarria el peregrino ya gana la “Compostela”, documento medieval que acredita la realización del Camino y que se obtiene alegando motivos religiosos. Con otras motivaciones nos conceden una Certificación del Peregrino.

Pasado el pueblo se atraviesa el puente de A Áspera y  continuamos por un antiguo robledal hasta llegar a  Barbadelo, donde está la iglesia románica de Santiago, que es Monumento Nacional.

Tras  pasar por distintos lugares antes de llegar a Ferreiros, primer pueblo de la Ribeira Sacra lucense, el paisaje alterna aldeas típicas de techos de pizarra con prados con vacas pastando. Más adelante vemos por primera vez el río Miño en el embalse de Belesar, que atravesamos por un puente hasta llegar a Portomarín.

 



Puente sobre el río Miño (Portomarín)

El antiguo pueblo de Portomarín fue inundado al construirse el embalse, aunque antes se trasladaron piedra a piedra varios edificios, entre ellos la iglesia de San Nicolás (antes de San Xoán), que tiene estructura de fortaleza y una rica decoración exterior. Es posible ver las ruinas del pueblo y el antiguo puente aflorar de las aguas del embalse cuando el nivel de éstas es bajo.

De Portomarín a Palas de Rei pasamos por las aldeas de  Castromaior, Ventas de Narón, A Previsa y Os Lameiros, donde está la capilla de San Marcos, entre robles centenarios. Después llegamos a Ligonde. Allí pernoctaron los peregrinos más ilustres que el Camino tuvo en el siglo XVI, Carlos V y su hijo Felipe II.
Cerca de Palas de Rei se puede visitar el castillo de Pambre, la única fortaleza que resistió los ataques de los Irmandiños en la revuelta de la Edad Media. Apartándonos ligeramente del Camino encontramos el monasterio de Vilar de Donas, muy cerca de Palas de Rei.


Castillo de Pambre

Palas de Rei tiene múltiples y valiosos templos románicos, pazos y castillos medievales. Desde Palas de Rei pasamos por los pueblos de Aldea de Riba y San Xulián, surcados de arroyos y a la sombra de antiguos robles. Estamos en las tierras que inmortalizó Emilia Pardo Bazán en su novela “Los pazos de Ulloa.


Más adelante está la aldea de Leboreiro. Allí hay un típico “cabazo”, hórreo circular semejante a un canasto con techo de paja, y la  iglesia medieval de Santa María. Enseguida llegamos a Melide, atravesando el puente medieval de Furelos, una de las joyas de la arquitectura civil del Camino. La villa es famosa por su tradicional pulpo “á feira”, cuya preparación tiene justa fama.


Salimos de Melide descendiendo por medio de un eucaliptol y llegamos a Castañeda, donde se ubicaban los hornos de cal para realizar las obras de construcción de la Catedral de Santiago, que los peregrinos abastecían con piedras calizas traídas en sus morrales desde las montañas de O Cebreiro y Triacastela.

Pasamos Ribadiso, una aldea donde se halla uno de los albergues de peregrinos más bonitos del Camino, con casitas rehabilitadas y un jardín con escaleras directas al río Iso. Al llegar a Arzúa encontramos todo tipo de servicios al peregrino.

De Arzúa al Monte do Gozo, nos despedimos de la iglesia de la Magdalena y de una alameda con plataneros y un monumento al famoso “queso de tetilla”. Cruzamos otras frondosas arboledas y pasamos por Salceda y Arca, en el municipio de O Pino.


Por los alrededores del Aeropuerto llegamos a Lavacolla, donde antaño los peregrinos se lavaban en el río antes de entrar en Compostela. Por  San Marcos accedemos al Monte do Gozo, un lugar de indescriptibles emociones, ya que desde esta colina se contempla por primera vez el perfil de las torres de la Catedral de Santiago. 

 
Monte do Gozo

El Monte do Gozo, desde el “Xacobeo 93” se ha acondicionado con áreas de recreo y múltiples servicios dirigidos a los peregrinos: albergues, restaurantes, hoteles, bares, capilla y fuentes. Es el lugar perfecto para compartir todas las anécdotas y vivencias del Camino con otros peregrinos.


Al llegar a Santiago entraremos en la grandiosa  “Praza do Obradoiro”, rodeados de piedra hecha arte en la magnífica fachada barroca de la Catedral. En la Oficina del Peregrino, en la Rúa do Vilar, cercana a la Plaza del Obradoiro, obtendremos el sello final en las credenciales de peregrino y la certificación tradicional de la peregrinación, la conocida “Compostela.


Los peregrinos aprovechan para recorrer las fachadas catedralicias antes de la Misa del Peregrino, celebrada a las doce del mediodía. En su interior dan el tradicional abrazo al Apóstol, en el altar mayor; visitan sus reliquias, guardadas en una urna de plata en la cripta; y observan la obra cumbre del Románico, el Pórtico da Gloria.

Si la llegada se produce en fechas litúrgicas específicas se puede asistir al espectáculo inolvidable del “botafumeiro”, un incensario gigante que recorre el transepto de la Catedral en un vuelo pendular, casi rozando la bóveda, gracias a la fuerza y habilidad de ocho “tiraboleiros”.






viernes, 2 de enero de 2015

O CEBREIRO

DE O CEBREIRO AL ALTO DE O POIO

Montañas de León y de Galicia. El Albergue. El nombre de "O Cebreiro". Santuario de Santa María la Real. El Santo Grial Gallego. Elías Valiña. la Hospedería "Géraud d'Au­rillac". El clima de "O Cebreiro". Las "pallo­zas". El Museo Etnográfico. Desayuno y salida de O Cebreiro. Dos chicas segovia­nas. Alrededores de "O Ce­breiro". Hacia el alto de "O Poio": Liñares, Hospital de la Condesa. Pador­nelo. Alto de "O Poio".


El viajero y Teresa llegan a "O Cebreiro" con la tarde muy avanzada, y van a recoger sus mochilas, que las han subido en coche desde Villafranca del Bierzo. Después observan las cumbres leonesas y gallegas desde la carretera de Piedra­fita: el Monte Irago y el Teleno, y las sierras de los Anca­res, del Piornal y de Rañadoiro. "O Cebreiro" está a 1300 metros de alti­tud, y el viento sopla incluso en las tardes del vera­no. El panorama desde "O Cebreiro" ha sido calificado por algún viajero extranjero como "paisaje aterrador". En la primera visión de las montañas gallegas, silenciosas y áspe­ras, casi despobla­das, el viajero tiene la sensación de un paisaje lunar con tonalidades cromáticas pardas y verduscas.

Se dirigen al nuevo albergue que ha construido la Xunta de Galicia, pero no hay ninguna cama. Han llegado muy tarde. Alguno de sus compañeros de camino, que vinieron antes si encontraron unas cómodas literas. Se puede dormir en el suelo, en el tercer piso, que está vacío, en los pasillos y en el "hall" de entrada. Aunque llevan sacos de dormir, no tienen colchonetas y el suelo está muy duro después de la fatigosa subida. Buscan un pequeño hostal, que encuentran, con una ventana desde la que se ven las "pallozas" y la entrada de un bar, muy concurrido a esta hora crepuscular. Después de un aseo y un cambio de ropa salen a pasear por las callejas de "O Cebreiro" y compran algunas provisiones para el día siguiente.

"O Cebreiro" debe su nombre según unos al "acibro", una planta de hoja espinosa, verde oscura y perenne, resisten­te y dura como las cumbres de estas tierras. Según otros Cebreiro es el "monte de las cebras", un lugar áspero y que­brado muy idóneo para las cabras montesas. Admiran la sencilla estructura de las "pallo­zas", que dan testimonio de su ascen­dencia celta. Por aquí pasaron los romanos y los suevos para entrar en Galicia. Se han encontrado restos de una calzada romana cerca de Laguna. Desde el siglo XI los peregrinos a Santiago de Compostela también han pasado por aquí.

Iglesia de O' Cebreiro

El Santuario de Santa María la Real de "O Cebreiro" fue construido sobre una iglesia prerrománica. Aunque ha sido restaurado en los últimos años conserva la estructura original del que fundó "Géraud d'Aurillac", conde francés que decidió dedi­car el resto de su vida a socorrer a los peregrinos que iban a Compostela. Los monjes de Aurillac mantuvieron un mesón y un hospital durante toda la Edad Media. El Santuario tiene refe­rencias documentales desde el año 1166, por privilegio del rey Fernando II. Es un templo de estilo prerrománico, con una sola nave, un ábside y dos capillas laterales. A la entrada hay un porche y una pila bautismal con casi metro y medio de diáme­tro.      

En el Santuario de Santa María se encuentra el "Santo Grial Gallego", relacionado con las leyendas medievales breto­nas, que lo consideran el cáliz de la "Última Cena", recogido por José de Arimatea, escondido durante siglos, y buscado por los "Caballeros de la Tabla Redonda" y por el mítico rey "Arturo". La obra de Wagner "Parsifal" está inspi­rada en estas leyendas, y las asocia con un lugar oculto en las tie­rras de Galicia, las más occidentales de Europa. En el escudo de Galicia ha figurado la imagen del Grial, rodeado de siete cruces, desde el siglo XV. 

En el Monasterio de "O Cebreiro" se produjo el mila­gro eucarístico más conocido. Su historia recorrió toda Euro­pa, transmitida por los peregrinos de Compostela cuando vol­vían a sus tierras centroeuropeas. En el siglo XIV, un sacer­dote con dudas de fe, estaba celebrando la misa en un día del frío invierno, y vio entrar en la iglesia a un campesino, que iba habitualmente. Era vecino de Barxamaior, localidad situada a más de tres kilómetros del cenobio.

La nieve ocultaba los caminos y los hacía prácticamente intransitables. Se cuenta que el sacerdote comentó en voz baja la improcedencia de la llegada del campesino para ver únicamente un poco de pan y de vino con esas condiciones climáticas. En ese momento el pan que tenía en las manos se convirtió en carne, y el vino del cáliz en sangre, y estuvieron más de trescientos años sin corrom­perse. El relicario que contenía la carne y la sangre de Cristo se conserva en el Santuario. Es una joya románica donada a "O Cebreiro" por los Reyes Católicos.

Varios incendios han asolado "O Cebreiro" a lo largo de los años. En 1641 se produjeron grandes destrozos en el templo y en el mesón-hospital. En 1809 los soldados franceses quemaron los archivos del Monasterio. La desamortización de Mendizábal y la disminución de peregrinos quebró definitiva­mente la precariedad del cenobio de "O Cebreiro", y lo llevó a un abandono y destrucción casi totales. En la década de 1950 el resurgimiento de las peregrinaciones a Santiago y la llega­da a "O Cebreiro" del párroco Elías Valiña hizo renacer la vida de la localidad. De nuevo el Santuario de Santa María la Real se ha convertido en uno de los hitos más relevantes del Camino de Santiago.

Hospedería

La Hospedería llamada de "Géraud d'Aurillac", en honor al caballero francés, es un caserón construído con gran­des piedras planas y techos de pizarra. El bar de la Hospede­ría está muy lleno de gente a la hora de la cena. La barra la atiende una chica rubia, aparentemente extranjera, y la fami­lia del sacerdote Elías Valiña, que regenta toda la Hospedería desde que el célebre párroco murió hace unos años. Elías Valiña fue el máximo impulsor de las peregrinaciones a Santia­go en los últimos años. Él fue quien potenció la restauración del poblado de "O Cebreiro" por parte de la Dirección General de Arquitectura en 1962.

"O Cebreiro" tiene un clima extremado, con fuertes vientos, nieblas y nevadas en invierno, que lo dejaban incomu­ni­cado durante casi ocho meses al año, desde septiembre a mar­zo. En la época medieval "O Cebreiro" tenía ocho o nueve veci­nos, y en la época de mayor población no ha contado con más de cincuenta personas empadronadas. Aparte de las instalaciones hoteleras las casas habituales de la localidad siguen siendo las "pallozas", construcciones elípticas, con base de piedra y techo de paja. El suelo del interior es de tierra apelmazada. Está dividida en una zona que hace las veces de cocina y comedor, con un fogón, una campana y su chimenea para la salida de humos, y una mesa colocada cerca del "hogar", para mantener el calor. En la otra zona está el dormitorio, con un camastro, y modernamente con alguna litera.

En una de las "pallozas" está el Museo Etnográfico, que se ha reformado en los últimos años, después del traspaso de competencias a la Xunta de Galicia. Tiene unas caracterís­ticas originales. Hay dos telares rústicos, recogidos en diversos lugares de la comarca, varias colchas, y algunos útiles para la elaboración de lino, que tuvo mucha importancia en la época romana. Junto a la Hospedería puede verse una piedra de la Edad del Bronce, con un bajorrelieve que repre­senta una escena de caza. Fue encontrada en el año 1952.

Pallozas

El viajero y Teresa se levantan temprano y desayunan en un bar muy concurrido de peregrinos. Esperan a Beatriz y Esther, dos chicas segovianas que conocieron en Villafranca del Bierzo. Ellas han dormido en Vega de Valcarce y han subido a "O Cebreiro" en las primeras horas del día. Llegan cuando están terminando de desayunar, se toman un vaso de leche y se preparan para salir hacia el alto de "O Poio".

En los alrededores de "O Cebreiro" están las sierras del Piornal y de Rañadoiro, al norte y al oeste respectivamen­te, de esta localidad. Más al nordeste esta la sierra de los Ancares, con una de las mejores reservas de caza de las monta­ñas galaico-leonesas. En la sierra de los Ancares hay bosques de roble y espectaculares abedules. Cerca de "O Cebreiro" está Pedrafita, el pueblo más grande de esta zona, en la carretera que va hacia Becerrea y Lugo.

"Pedrafita do Cebreiro" es la localidad de mayor población de las proximidades. En ella se asienta el Ayunta­miento de toda la zona de Cebreiro. En Galicia hay grandes municipios con diversas agrupa­ciones poblacionales, que los gallegos llaman parro­quias, quizá por reminiscencias eclesia­les. En "Pedrafita do Cebreiro" hay casas moder­nas y rectas calles. Ya no quedan vesti­gios de de las antiguas "pallozas", ni de los hórreos con aspecto asturiano o montañés, propios de su pasado más rural. Una empresa de recursos mineros y algunos edificios escolares completan el conjunto urbano de Pedrafita. Su iglesia parroquial está dedicada a San Antonio, es de re­ciente construcción, con planta rectangular y una torre cua­drada. En el interior hay una imagen de la Inmaculada, del siglo XVI.

Muchos peregrinos pasan esa mañana por "O Cebreiro". Esta todavía nuboso y no ha salido el sol. Un típico "crucei­ro" nos despide al salir de esta localidad siguiendo la carre­tera que baja hacia Triacastela, por las estribaciones de las sierras del Piornal y de Rañadoiro, entre fértiles terrenos calizos. A tres kilómetros de "O Cebreiro" se llega a Liñares, "Linar de Rege", citada por Aymeric Picaud en el "Codice Calix­tinus". Su nombre procede del cultivo del lino, de gran impor­tancia en la economía medieval de esta localidad. Es una pequeña aldea con una iglesia parro­quial de estructu­ra muy parecida a la iglesia de "O Cebreiro", dedica­da a San Esteban. Fue construIda posi­blemente antes del siglo X, y ha sido restaura­da en los últi­mos años. Cerca de Liñares están las minas de plomo y cinc de Rubiais.

Alto de san Roque

Desde Liñares se sube al Alto de San Roque, de 1264 metros de altitud, que permite ver una buena panorámica sobre las sierras del Piornal y de Rañadoiro, cubiertas de brezo y de retama. En el alto de San Roque hubo una ermita dedicada a este santo. Desde Liñares había una vía auxiliar del "Camino Francés", que discurría por el valle de "Veiga de Forcas", donde estaba el pazo de Armesto. Evitaba este camino el alto de San Roque en los meses más duros del invierno, disminuyendo nieves y vientos. Ha desaparecido esta ruta después de la construcción de la carretera de Samos a "Pedrafita do Cebreiro".

Un poco más adelante se pasa por Hospital, que se llamó de la Condesa, porque tuvo un albergue de peregrinos fundado por Doña Egilo, esposa del conde Gatón, uno de los nobles que repoblaron el Bierzo en el siglo X. La iglesia de Hospital está dedicada a San Juan. Tiene una torre maciza con mampostería de pizarra, y una planta rectangular. En el inte­rior hay una imagen barroca de San Antonio. Fue construida en la época medieval, antes del siglo XII. En los alrededores de Hospital hay una laguna glaciar, en la que posiblemente nace el río Navia.

El camino se desvía de la carretera en las proximi­dades de "O Temple", lugar que recuerda a los Templarios, y vuelve a a acercarse en Padornelo, que fue un antiguo priorato de los Caballeros Hospitalarios de San Juan. Una capilla a santa María Magdalena, original de los siglos XV y XVI, está convertida en cementerio cubierto, cosa todavía habitual en la Galicia rural, alejada de las modernas ciudades y de las grandes rutas de comunicación. La iglesia parroquial de Pador­nelo es de construcción primitiva, de planta rectangular, con una espadaña de tres huecos, para dos campanas. Tiene una casa rectoral aneja. En el interior de la iglesia hay un retablo barroco, del siglo XVII, con un Cristo de formas desproporcio­nadas.

Hacia el Alto de Poio 

Desde Padornelo se suben las últimas rampas del alto de "O Poio", de 1337 metros de altitud, la zona más alta de todo el Camino de Santiago.  Ha salido el sol, lo que dulcifica un poco el ambiente frío de la mañana, y por ello el viajero y sus acom­pañantes se sientan un rato en la terraza de uno de los bares del alto de "O Poio". Un ciclista con una magnífica bicicleta se para junto a ellos y comenta su viaje desde León a Compostela. Va recorriendo más de cien kilómetros cada día, por estas dificiles carreteras.

Da tiempo en las largas tardes de verano a llegar a Triacastela, pero Esther y Beatriz, después de comer un típico cocido gallego, están algo cansadas, ya que en su segundo día de camino han subido toda la cuesta de "O Cebreiro" desde los valles leoneses. Teresa y el viajero también prefieren aprovechar una tarde de descanso en su ya largo peregrinar. Se quedan todos en el albergue privado de "O Poio", que está poco concu­rrido.

En el alto de "O Poio" hubo una capilla dedicada a Santa María, que ya ha desaparecido. Los bares de "O Poio", hoy modernizados, fueron antiguas posadas, que ya atendieron a los peregrinos a Santiago, desde la época medieval. Pueden verse en uno de ellos los libros de los peregrinos, con firmas y comentarios interesantes sobre sus viajes.

Pasean por los alrededores de "O Poio", miran dete­nidamente las ondulantes laderas de la sierra del Piornal, y suben a la parte más alta del monte, unos dos kilómetros más arriba del bar, por un camino rodeado de brezos y retamas. Desde un repetidor de televisión se divisa un pequeño pueblo en el valle de Louzarela, el río Navia que se desvía hacia el norte después de su nacimiento en las proximidades de Padorne­lo, y otros montes de menor altura de la sierra de Rañadoiro. 
                    



martes, 30 de diciembre de 2014

EL CAMINO DE SANTIAGO EN LEÓN

El Camino de Santiago es una piedra angular en la memoria colectiva de la provincia de León. A lo largo de los siglos el territorio leonés, ha presenciado el movimiento jacobeo protagonizado por unos peregrinos que, en opinión de Goethe:

“Construyeron Europa mientras se dirigían a la tumba del Apóstol en Compostela”.

y por ello la antigua ruta de las estrellas está llena de mitos y de sentimientos difíciles de describir.

El Camino de Santiago tiene una especial significación para la provincia de León, ya que más de 200 kilómetros de la Ruta Jacobea transcurren por estas tierras.

A su paso por León el Camino de Santiago presenta un relevante registro de usos y costumbres. La aventura cultural y espiritual protagonizada por los peregrinos es una experiencia abierta al paso de los tiempos, y evidencia que se hace patente en el conjunto de preferencias y devociones jacobeas.

Cada año, los caminos vuelven a llenarse de caminantes inmersos en un fenómeno religioso, turístico y social que ha constituido la columna vertebral del progreso en Europa.


Provincia de León

Desde Sahagún a la ciudad de León andamos paralelos a la nueva autovía del Camino de Santiago, que une Burgos con León. El “Codex Calixtino” ya cita a la ciudad de San Facundo y San Primitivo y la famosa abadía benedictina. Mansilla de las Mulas, la villa de la “Pícara Justina” y el río Esla han de pasarse camino de León.

Esta ciudad, corte de Ordoño II, era un lugar según  Aymeric Picaud:

"lleno de todas las felicidades".

Los peregrinos recorrían el "Barrio de los Francos", la Plaza del Grano y los alrededores de la Catedral:

" La catedral de León es un perfecto modelo de arte ojival en el apogeo de su desarrollo", y en artificio y sutileza sin duda tiene ventaja a todas las demás”.

Desde León a través del páramo se llega a Villadangos, al río Orbigo y posteriormente a Astorga y la Maragatería, todo un mundo diferente, plagado de tradiciones camineras y de historias antiguas.

Astorga fue un cruce de caminos desde el principio de la historia. La huella romana persiste aún en la ciudad. Se siguen encontrando restos arqueológicos de esta época en las excavaciones  realizadas cada año. El historiador romano Plinio, llegó a “Asturica Augusta”, para administrar las minas de oro de Las Médulas, y encontró una ciudad "bella, pujante y magnífica".

Y  Víctor de la Serna la llamaría:

"ciudad joven con más de dos mil primaveras".

Por Castrillo de los Polvazares y Rabanal del Camino seguimos la ruta de la Maragatería y de  los Montes de León. Desde Rabanal subimos al puerto de Foncebadón:

Puerto de Foncebadon

"El Camino se vuelve áspero, empinado; a lo lejos y a la izquierda del caminante se divisa el legendario monte Teleno, aún con nieve avanzada la primavera…se inicia después el ascenso hacia el Monte Irago y aparece la célebre Cruz de Hierro, el hito jacobeo más evocador de todo el Camino francés”.

Después El Acebo y la bajada hasta Molinaseca. Allí hay que pasar el antiguo puente de peregrinos sobre el río Meruelo que conduce a la calle Real, con casas blasonadas y corredores de madera. Molinaseca es una de las localidades más entrañables, agradables y hospitalarias de todo el Camino de Santiago. Hemos llegado al Bierzo, paraíso natural cultural y gastronómico de la provincia.
Ponferrada es hoy la capital industrial del Bierzo. En el siglo XI el obispo Osmundo facilitó el paso de los peregrinos jacobitas mediante la construcción de un puente de hierro (Pons-ferrata) sobre el río Sil. Del nombre latino del puente derivó el de la ciudad.
Doménico Laffi, en el siglo XVII, había dejado escrito:
“Ponferrada es bastante hermosa y rica en todo, que tiene una plaza muy grande y hermosa, muchos conventos y hermosos edificios”
El célebre castillo templario de Ponferrada es la fortaleza más sugestiva y misteriosa de todo el Camino francés. Los caballeros de esta Orden comenzaron su edificación en 1178 y lo habitaron hasta el año 1312 en que fue disuelta la Orden que había protegido a los peregrinos desde Astorga a Castro de Sarracín, ya cerca de O’ Cebreiro.

Codice Calixtino

Desde Ponferrada se llega a Camponaraya y Cacabelos entre los viñedos del Bierzo. Poco más adelante está Villafranca, la ciudad de los francos. El “Codex Calixtinus” ya la cita como el final de la décima jornada del Camino. Millán Bravo, conocido historiador del Camino de Santiago dice de ella:
"Villa amable y riente".
Los francos, se habían asentado allí en tiempos de Alfonso VI, que reconoció su presencia y facilitó la llegada de los monjes cluniacenses a la ciudad.
Por Pereje y Trabadelo se llega al valle del río Valcarce, y desde Herrerías, también citada por Doménico Laffi, se inicia la subida a O’ Cebreiro y los primeros montes de Galicia, concluyendo el Camino de Santiago en la provincia de León.



sábado, 27 de diciembre de 2014

LOS JESUITAS EN VILLAFRANCA DEL BIERZO


La idea de fundar un Colegio de Primeras Letras con Estudios de Educación Secundaria en la villa de Villafranca del Bierzo, se inició en Roma, entre el General de los Jesuitas y D. Pedro Álvarez de Toledo, Marqués de Villafranca, en  1.546.

D. Pedro Álvarez de Toledo

En el año de 1.601, D. Pedro Álvarez de Toledo, llegó a donar hasta 30.000 ducados, que resultaban insuficientes para este proyecto. En 1.613, D. Gabriel de Robles habitante de la villa, que había sido Tallador en la  Fábrica de la Moneda de Potosí, dejó en su testamento un legado de 1.800 ducados para erigir el Colegio de Jesuitas en su localidad natal.

El Colegio de Villafranca, como todos los de los Jesuitas, pretendía una finalidad docente y otra religiosa. Los niños, desde la edad de seis años, aprendían a leer, escribir y contar, y la Doctrina religiosa de un cristiano instruido.

Colegio de los Jesuitas

Los Colegios de los Jesuitas estaban abiertos a los estudiantes de cualquier condición económica. La mayoría de estos Colegios eran gratuitos, si los padres, o tutores legales aceptaban el Reglamento de los mismos:

A partir de los 6 años, el niño ha de aprender a leer y escribir, así como las operaciones aritméticas más sencillas, como también a recitar el Catecismo, porque el Maestro de Primeras Letras ha de formar en la Moral y Doctrina Cristianas.

En los Estudios de Secundaria se cursaban las disciplinas denominadas Humanísticas: Geografía, Historia, Matemáticas, Retórica, Filosofía y Latín. Esta última materia era básica  y su aprendizaje no comenzaba hasta después de los 8 o 9 años, una vez que el niño hubiera aprendido los conocimientos gramaticales de la lengua vernácula. La formación adquirida en la Secundaria solía terminar a la edad de 17 años y permitía entrar en el Tercer Grado, después de superar un examen de Latín para acceder a estos estudios: Leyes-Derecho Civil o Canónico- o Medicina.

También podían seguirse Estudios Eclesiásticos (Teología en sus diversas ramas), para los que quisieran ser religiosos.

Interior de la Iglesia

Las obras de construcción del centro comienzan en 1.620,  aunque la Iglesia es un poco posterior (mitad del siglo XVII), siendo la fachada y el claustro lo más tardío, posiblemente de finales del siglo XVII o XVIII. La fachada posee dos cuerpos que se separan por una cornisa y están rematados por un frontón con el escudo de la Compañía de Jesús.

La Iglesia se sitúa en el centro y a ambos lados se iban a construir dos claustros, uno a cada lado, aunque solamente está construida el ala de la derecha. La Iglesia posee planta de cruz latina dividiéndose la nave en varios tramos.

Plano de la Iglesia

En el interior de la Iglesia se custodia la imagen del patrón de Villafranca el Santísimo Cristo de la Esperanza, talla situada en el primer cuerpo del tramo central del retablo, realizada en madera sin dorar con tallas como la de San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Francisco de Borja y un calvario. Existe otro retablo a la derecha dedicado a San Vicente de Paúl y otro a la izquierda dedicado a la Milagrosa.

El Claustro está decorado con escenas de la vida de San Vicente de Paúl y pintado al fresco, una de las técnicas más antiguas de la Historia del Arte donde el color conserva la viveza de lo recién pintado y lo hace resistente al paso de los años y aún de los siglos.

Claustro del Colegio

Los personajes históricos que aparecen en las ocho composiciones vivían realmente en las fechas en las cuales el edificio se construyó y están en consonancia con el estilo barroco del claustro. Es obra de Vicente Román, pintor de larga trayectoria docente.

En el año 1.767 los Jesuítas son expulsados del pais por Carlos III, aunque se siguen impartiendo clases en el Colegio. Se traslada a la Iglesia la anterior Parroquia de San Nicolás, que se había  quemado en un incendio.

La Expulsión o Extrañamiento, de la Compañía de Jesús, que administraba la formación de la mayoría de los jóvenes del país, apremió al Gobierno de Carlos III, que acusó a la Orden de entrometerse en política por medio del Confesor Real, que actuaba como Secretario de Asuntos Eclesiásticos.

Expulsión de los Jesuitas

Se acusaba a los jesuitas de ejercer un comercio ilícito y anticanónico en América. Tratar de hacer independientes las Reducciones Guaraníes del Paraguay y de Bolivia, e imponer en esas provincias la Doctrina Teocrática del Poder, que sus profesores y predicadores fomentaban.

Se ponía en palabras del Rey. Dicen que:

“No son mis vasallos ni se someten a la Jurisdicción de los Ordinarios Diocesanos, sino sólo a la de su General y al Pontífice a cuya jurisdicción sí que obedecen, por lo que no son mis vasallos sino gentes desleales con la Corona".


Expulsar a los jesuitas significaba hacer triunfar la causa del Centralismo borbónico, cambiar de mano la enseñanza en la Universidad y Colegios, terminar con la influencia de la Orden en las clases altas de la sociedad, ya que controlaban los Colegios Mayores, la mayor parte de las Cátedras Universitarias, Magistraturas, Audiencias, Beneficios Eclesiásticos,…

lunes, 22 de diciembre de 2014

LA PROVINCIA DE "EL BIERZO"

Entre 1821 y 1822 se aprobó una división provincial de España que, concedió personalidad jurídica a la comarca de El Bierzo, reconociéndola como provincia independiente del resto de León.

Fernando VII había abolido la Constitución de Cádiz, de 1812, cuando volvió a España en 1814. Estableció un gobierno absolutista que duró hasta 1820. El 1 de enero de ese año el teniente coronel Riego, que estaba al mando de una fuerza expedicionaria destinada a sofocar los levantamientos independentistas en Latinoamérica, realizó un pronunciamiento militar que forzó al rey a reinstaurar la Constitución de 1812.

Fernando VII

Surgió así el “Trienio Liberal” (1820-1823), en el que Fernando VII era el Jefe del Estado con grandes poderes, aunque compartidos con las Cortes. Estas en su primer periodo ordinario, de marzo a mayo de 1820,  plantearon con carácter de urgencia la necesidad de una división provincial de todo el Estado. En estas primeras sesiones se comenzó a hablar de la conveniencia de crear una provincia berciana, usando como precedente la división fiscal de León en tres “provincias” (Asturias, León y Ponferrada) que había funcionado durante casi toda la Edad Moderna.

El 17 de octubre de 1820 las Cortes pidieron a Felipe Bauzá y a Agustín de Larramendi la confección de una nueva “carta geográfica de España” para tener una base cartográfica para la realización de la división provincial. A la vez incluyeron la descripción de su propuesta de división provincial.  Reapareció la provincia de Zamora, por lo que la provincia leonesa perdía ese territorio al norte del Duero, si bien mantenía lo perteneciente ahora a Palencia, que seguía sin existir. El proyecto se presentó a las Cortes el 4 de marzo de 1821.

Mapa provincial de 1821

Hubo una fuerte controversia entre Ponferrada y Villafranca del Bierzo por la capitalidad de la nueva provincia. Ponferrada había sido la capital durante el Antiguo Régimen (siglos XVI al XVIII). Villafranca contaba con el apoyo de los diputados religiosos de la ciudad y otros diputados leoneses que se mostraron favorables a ello por la posibilidad de que esta ciudad fuera a erigirse en seda episcopal según las bases presentadas por la comisión eclesiástica. Las dos poblaciones bercianas, candidatas a la capitalidad provincial, elaboraron sus respectivas estrategias políticas que defendieron ante las Cortes a principios del siglo XIX.

La villa de Ponferrada nombró una comisión, formada por su alcalde Antonio Marcías Florez y un abogado constitucionalista: José Fernández Carús. Como no podía ser de otro modo, el debate político sobre la nueva capitalidad se extendió a todos los ayuntamientos que formaban parte de la provincia. En la sesión de las Cortes, de 30 de septiembre, Ponferrada presentó un escrito:

“solicitando que no se apruebe el dictamen de la comisión en la parte que designa a Villafranca para capital de aquella provincia, por carecer de todas las ventajas que reúne Ponferrada”.

Vista panorámica del Bierzo

La provincia de Villafranca del Bierzo fue aprobada por Decreto de las Cortes de 27 de enero de 1822. En esta misma normativa se nombraba capital a Villafranca. El 30 de noviembre de 1833 se asigna una nueva división territorial creada por Javier de Burgos, en la que no existe ya ninguna provincia berciana. La antigua provincia del Bierzo, es dividida en tres: la mayor parte forma parte de la provincia de León mientras 11 pueblos pertenecientes al Bierzo Oeste se otorgan a la provincia de Lugo y gran parte de lo que hoy es la comarca de Valdeorras  pasa a formar parte de la provincia de Orense.