martes, 20 de mayo de 2014

JAIME GIL DE BIEDMA



En 1757 en Nava de la Asunción se estableció el Ma­yorazgo de la "Casa del Caño" por un canónigo de la Catedral de Segovia. El Ma­yorazgo durante el siglo XIX perteneció a la familia Gil de Biedma. Jaime Gil de Biedma, el conocido poeta de los años cincuenta, fue un miembro de esta familia.



Jaime Gil de Biedma


Nació en  1929  en Barcelona, en una familia de la alta burguesía.  Estudió  Derecho  en Barcelona y Salamánca, donde obtuvo la licenciatura en esta carrera. 

Su poesía evolucionó desde los primeros poemas intimistas al compromiso social de “Compañeros de viaje”.

Entre sus libros publicados destacan además del anterior:


  • Versos a Carlos Barral (1952)
  • Según sentencia del tiempo (1953)
  • En favor de Venus (1965)
  • Moralidades (1966)
  • Poemas póstumos (1968)
  • Colección particular (Seix Barral, 1969)
  • Diario del artista seriamente enfermo (1974), memorias
  • El pie de la letra: Ensayos  (1980), Crítica, Barcelona
  • Antología poética (1981) Alianza
  • Las personas del verbo (1982), Seix Barral, Barcelona.

Fue miembro de la “Escuela de Barcelona” y se relacionó con Gabriel Ferrater, Carlos Barral, Juan Marsé y el poeta Luis Cernuda. En su obra poética recurrió al coloquio y a la ironía para destacar asuntos sociales y existenciales. Su poesía se ha considerado como una de las más relevantes de su generación, la de los llamados “poetas sociales” de la España de los años 50. También escribió algunos ensayos literarios.


              Himno a la juventud        


A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor, sensación pura
y ondulaciones de animal latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos diminutos,
con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh diosa esbelta de tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al nacimiento
de los muslos: belleza delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente derramando lágrimas.

Desde 1974, Biedma padeció una crisis que le hizo dejar la vida literaria y le recluyó en una actitud nihilista: Las características de una sociedad que no era capaz de cambiar la historia y el conformismo y desencanto del mundo intelectual de los años 70 le llevaron a la desesperación. Fracasaron sus esfuerzos por sobrevivir a la apatía de este conformismo social. Prácticamente no tuvo producción literaria hasta su muerte en enero de 1990.

Sus restos mortales fueron incinerados y enterrados en el panteón familiar de  Nava de la Asunción  (Segovia) donde había vivido largas temporadas y donde  escribió muchos de sus poemas. Entre ellos está el que inmortalizó el jardín de la "Casa del Caño", llamado "el jardín de los melancólicos". 
  










En el jardín de los melancólicos

En el jardín, leyendo,
la sombra de la casa me oscurece las páginas
y el frío repentino de final de agosto
hace que piense en ti.

El jardín y la casa cercana
donde pían los pájaros en las enredaderas,
una tarde de agosto, cuando va a oscurecer
y se tiene aún el libro en la mano,
eran, me acuerdo, símbolo tuyo de la muerte.
Ojalá en el infierno
de tus últimos días te diera esta visión
un poco de dulzura, aunque no lo creo.

En paz al fin conmigo,
puedo ya recordarte
no en las horas horribles, sino aquí
en el verano del año pasado,
cuando agolpadamente
-tantos meses borradas-
regresan las imágenes felices
traídas por tu imagen de la muerte...
Agosto en el jardín, a pleno día.





Desde 1990 en Segovia y desde 2004 en Nava de la Asunción, se entregan unos premios de poesía dedicados a su memoria (Premios de Poesía Jaime Gil de Biedma).







domingo, 18 de mayo de 2014

7. SANTA MARÍA DE NIEVA A COCA

7. DE SANTA MARIA DE NIEVA A COCA.

El café España. Salida de Santa María de Nieva. Nieva. Fiesta del Corpus. Salida de Nieva. Camino de Nava de la Asunción. Tierra de Pinares. Nava de la Asunción. Un café en Nava de la Asunción. La carretera de Navas de Oro. El río Eresma. Hacia Coca. Entrada en Coca. Historia de Coca. Iglesia. Monumento a Teodosio. Ayuntamiento. Castillo.


El viajero está en la porticada Plaza Ma­yor de Santa María, frente a la iglesia del Monasterio. En la Plaza Mayor está el Ayuntamiento y el café España. Es un anti­guo café de principios de siglo, con lámparas, veladores, di­vanes de color rojo, y grandes espejos. En el café España, en otro tiempo, se ofrecían espectáculos de "varietes", y era el cen­tro de las tertulias de la villa. Antes de salir de Santa Ma­ría de Nieva desayuna abundantemente en el café España. En el café hay algunos vecinos de la localidad hablando con el cama­rero. Uno de ellos es el vivo retrato de un tío del viaje­ro, en la voz y en los ademanes.

Después de tomar café va a la casa del párroco, que vive junto a la Plaza Mayor, en la carretera de Nieva. El pá­rroco es un hombre de mediana edad que le recibe afablemente. Le pide que le selle la credencial del Camino de Santiago, lo hace, y le desea "Buen Camino" antes de marcharse. La ma­ñana está fresca to­davía. Casi no hay nadie por las calles, porque es día festi­vo. Sale de Santa María la Real de Nieva por un camino para­lelo a la ca­rretera, entre unas naves indus­tria­les.

Nieva está a dos kilómetros de Santa María. En el camino entre ambas localidades encuentra algunas granjas ga­naderas, con olores a estiércol, similares a los del día ante­rior. Entra en el pueblo de Nieva, que parece estar dormido toda­vía. Unos grandes carteles en la Plaza del Ayuntamiento anun­cian la fiesta del "Corpus Cristi". Junto a los carteles un coche de la Guardia Civil espera el comienzo de la proce­sión. La iglesia, que está junto a la Plaza, es de ladrillo por la parte exterior, tiene una portada renacentista y unos capiteles románicos, a pesar de que fue construida en el siglo XVI. Esta dedicada a San Este­ban.

Continúa andando hasta la salida del pueblo y cruza la carrete­ra de Nava de la Asunción, que empieza a estar concu­rrida de coches a esta hora. Por un ancho camino de tierra, se dirige hacia unos pinares próximos a Nieva, siguiendo las fle­chas amarillas. Pasa el arroyo Balisa por un pequeño puen­te y se interna en los pinares. La mañana continúa estando fresca a la sombra de los pinos. Las flechas amarillas desapa­recen y de cuando en cuando sigue habiendo trozos de plástico, del mismo color, colgados de las ramas de los árboles.



Por el pinar de Nieva

El camino va prácticamente en línea recta entre la carretera de Nava de la Asunción y la vía de ferrocarril de Segovia a Medina del Campo, durante diez kilómetros. Estamos en la Tierra de Pinares segoviana, que continuará en la zona sur de la provincia de Valladolid. Hay zonas con "pino silves­tre", "pino negral" y "pino piñonero", asentados sobre tierras arenosas y silíceas. La mayor utilidad de los pinares es la obtención de resina, generalmente por el "Método de Hugues", usado en la zona desde la segunda mitad del siglo XIX. Este método permite también la explotación de la madera por desti­lación de la resina con vapor de agua.


Nava de la Asunción

Al salir del pinar hay al­gunos cultivos de regadío, en las proximidades de Nava de la Asun­ción. Hay que tener cui­dado para no mojarse con los aspersores, que empapan parcial­mente el camino. Nava de la Asunción es uno de los pueblos de la Tierra de Pinares segoviana más industriosos. El nombre de Nava le viene del significado más corriente de esta palabra "llanura alta", terreno muy habitual en la meseta castellano-leonesa. En otro tiempo se llamó Nava de Coca, cuando aparecen en el siglo XIII las primeras referencias documentales. Perte­neció a la Comunidad de Villa y Tierra de Coca hasta el año 1773, en que el rey Carlos III le concedió el título de villa y la exención de la jurisdicción civil y criminal de Coca.

En 1757 en Nava de la Asunción se establece el Ma­yorazgo de la "Casa del Caño", por el hidalgo Don Pedro de Tubía, canónigo de la Catedral de Segovia, que lleva unido el título de Vizconde de Nava. En el siglo XIX el Vizcondado pasa a la familia Gil de Biedma por enlaces matrimoniales. Jaime Gil de Biedma, el conocido poeta de los años cincuenta perte­necía a esta familia. Gil de Biedma murió en 1990 y está se­pultado en Nava de la Asunción. Entre sus poemas está el que inmortalizó el jardín de la "Casa del Caño", llamado "el jar­dín de los melancólicos".      
  
Jaime Gil de Biedma
                
Durante la Guerra de la Independencia las tropas francesas entraron en Nava de la Asunción y en casi toda la provincia de Segovia, talaron buena parte de los pinares, pa­ralizaron la economía y produjeron una disminución de la po­blación por huída de muchos de sus habitantes. Al final de la guerra fue precisa una repoblación forestal intensa. A media­dos de siglo la situación política y económica se había estabili­zado. Pascual Madoz, en su Diccionario describe la villa de Nava de la Asunción, incidiendo en su clima extremado, las casas y las calles que tiene, el terreno de cultivo, los cami­nos, la población, la producción agrícola, la incipiente indus­tria y el exiguo comercio, y hasta el presupuesto municipal.

Durante el siglo XIX las guerras coloniales tuvieron una repercusión importante en el pueblo, por el número de jó­venes combatientes, algunos de los cuales alcanzaron la muerte lejos de su tierra. Ya en el siglo XX la Guerra Civil y la Postguerra también afectaron grandemente a la localidad. El coronel Segismundo Casado, natural de Nava de la Asunción, fue Ministro de Defensa en la zona republicana, y negociador con Julián Besteiro de las condiciones de rendición de Madrid. Entre las situaciones positivas de los últimos tiempos podemos considerar la llegada del ferrocarril Segovia-Medina del Cam­po, con una estación en el pueblo, y la mayor industrializa­ción a partir de los años sesenta.





El coronel Casado

Entra en Nava de la Asunción por la zona de los Barreros, al sur de la localidad, por unas instalaciones de­portivas y un Parque Infantil. Un poco más adelante encuentran algunas naves industriales y ganaderas y el depósito de agua. Por las calles más interiores llega a la Plaza de la Consti­tución. Hay mucha gente por las ca­lles. Decide entrar en un bar para descansar un poco y to­mar una bebida fría. Es la hora del ape­ritivo, un poco antes de comer, en este día festi­vo, y ello hace que estén dema­siado llenos los bares, aunque en­cuen­tra uno donde poder sen­tarse y beber algo.




Plaza  de Nava de la Asunción

La iglesia parroquial está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Es un edificio construido en el siglo XVIII, sobre la antigua iglesia románica, cuya torre conserva, con un campanario añadido posteriormente. Tiene un cimborrio octogo­nal, de ladrillo, encima del crucero, y una planta de cruz latina con tres naves. En el interior destaca el retablo del Altar Mayor, de 1740, obra de un escultor segoviano, Manuel Suárez. El exterior se completa con un pórtico construido en 1849, para sustituir a otro que tenía tres columnas de grani­to, que actualmente adornan la Plaza de la Constitución.


Camino de Navas de Oro                         

Las indicaciones del Camino de Santiago señalan la salida de Nava de la Asunción por la carretera de Navas de Oro, después de pasar la ermita del Santo Cristo del Humilla­dero. Navas de Oro es otro pueblo importante de la Tierra de Pinares segoviana, en la carretera de Nava de la Asunción a Cuellar. Navas de Oro estuvo partida en dos barrios, desde los primeros conflictos entre las Comunidades de Villa y Tierra de Coca y de Cuellar, en el siglo XII, hasta el año 1842, en que se unificaron. Cada barrio tenía un territorio y una iglesia distinta y pertenecía a una o a otra Comunidad de Villa y Tie­rra. El barrio del oeste era de Coca y tenía su límite terri­torial hasta el río Eresma. El barrio del este era de Cuellar y tenía su límite territorial en el río Pirón. La iglesia de Santiago, con su espadaña y su célebre retablo estaba en el barrio de Coca. La iglesia de Santa María, y su alta torre, permitía divisar una panorámica sin igual sobre la Tierra de Pinares. Estaba en el barrio de Cuellar.

Desde 1842 Navas de Oro tiene un sólo Ayuntamiento y se ha gestionado como un único pueblo, con un sólo Alcalde. En los últimos tiempos los acontecimientos más relevantes para la localidad han sido: la consecución del alumbrado público, en 1905, la construcción de los puentes sobre el río Eresma, en 1910, y la llegada del telégrafo y del teléfono, en 1935 y 1948, respectivamente, todos ellos en relación al progreso tecnológico y sus influencias positivas sobre la población. Los retos futuros más difíciles de abordar son los problemas medioambientales del pinar y la despoblación progresiva de la localidad.








Navas de Oro

El camino no llega a Navas de Oro. Se desvía por el pinar, acercándose hacia el cañón del río Eresma, que discurre casi paralelamente a la carretera de Navas de Oro a Coca. Por la margen izquierda del río, cinco kilómetros más adelante se llega a la antigua villa de Coca. El viajero va di­rectamente de Nava de la Asunción a Coca por la carretera en­tre estas dos localidades porque la distancia es algo más cor­ta. Nada más salir de Nava de la Asunción pasa el ferrocarril a Medina del Campo. La carretera cruza por encima de la vía férrea y el caminante se desvía por un camino paralelo a la carretera que se interna en el pinar. Vuelve a cruzar el arr­oyo Balisa y tres kilómetros más adelante llega hasta las primeras casas de Coca. 


Entra en la ciudad por el Paseo del Emperador Teo­dósio, que es una vía semiurbana de más de un kilómetro de longitud. La ciudad ha crecido desmesuradamente por el sur en los últimos años, con casas de una planta muy alejadas del tradicional centro urbano. Después de descansar un poco a la sombra de unos frondosos árboles llega a las murallas medie­vales y a la Puerta de la Villa, que da paso a la ciudad me­dieval. El imponente castillo de ladrillo mudéjar queda a la izquierda del recinto amurallado.

Coca es una de las ciudades más antiguas de España. Restos arqueológicos encontrados se remontan a la Edad del Bronce, unos dos mil años antes de nuestra era. Fue una plaza fuerte de los vacceos, pueblo que ocupó las llanuras de la alta meseta castellana antes de la dominación romana. Fue des­truida por el cónsul romano Licinio Lúculo en el año 151 a.C. La ciudad apoyó a Sertorio contra los ejércitos romanos y por ella pasaron los generales Escipión Emiliano y Cneo Pompeyo en las guerras celtibéricas previas a la definitiva conquista de toda la península ibérica. En la época imperial fue un munici­pio de gran prosperidad económica, amparado en el Edicto de Latinidad de Vespasiano del año 70 d.C., hasta el siglo III. En el siglo IV nació en ella el futuro emperador Teodosio el Grande, que repartió el Imperio entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio, poco antes de las invasiones bárba­ras. Restos de la época romana pueden verse en el Museo Ar­que­ológico Municipal, especialmente monedas e inscripciones sobre piedra. También se han encontrado algunas esculturas zoomórfi­cas prerromanas de granito.




Murallas medievales de Coca

De las épocas visigoda y árabe quedan menos restos arqueológicos. Abderamán III y Alfonso I de Asturias guerrea­ron por esta zona y la ciudad de Coca fue alternando su perte­nencia a los árabes y a los cristianos. Almanzor la conquistó de nuevo y pasó definitivamente al campo cristiano en tiempos de Alfonso VI. La Comunidad de Villa y Tierra de Coca se fundó en 1157. En el siglo XII hay en la ciudad una abundante pobla­ción de castellanos, venidos del norte, judíos y moriscos. En 1230 se obtiene el Fuero Real. En la guerra entre Pedro I y Enrique II de Trastámara, Coca tomó partido por Enrique II y perteneció posteriormente a Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, que la cedió en intercambio de posesiones a Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla. Alonso de Fonseca inició la construcción del famoso castillo en 1453, en tiempos de Juan II. Enrique IV concedió a Coca el mercado franco, que se cele­braba fuera del recinto amurallado de la ciudad. 

Coca fue un lugar estratégico en la guerra por la sucesión entre Enrique IV y su hermano Alfonso. Ambos conten­dientes se reunieron en Coca antes de la batalla de Olmedo para intentar evitar la guerra. La muerte de Alfonso facilitó  que la corona recayese en Isabel la Católica. El arzobispo Alonso de Fonseca murió en 1473 y muchos de los caballeros de Coca participaron en las guerras de Granada con los Reyes Ca­tólicos. La ciudad permaneció en el bando del emperador Carlos durante la revuelta de las Comunidades. La disminución de po­blación y la decadencia económica llegó a Coca en los siglos XVII y XVIII. En 1803 se pretendió establecer en Coca una fá­brica de vidrio similar a la de La Granja de San Ildefonso, pero no llegó a hacerse.

La Guerra de la Independencia tuvo unas consecuen­cias nefastas para la ciudad. El ejército francés al mando del general Milhaud invadió la localidad y tomó posesión del Cas­tillo. La noche del 2 de diciembre de 1808 saquearon casas particulares, el Hospital y la Iglesia, y destruyeron el Ar­chivo Municipal. Posteriormente hubo revueltas populares con­tra el ejército de Napoleón. El guerrillero Juan Martín "El Empecinado" se hizo fuerte en los pinares de Coca y hostigó continuamente a los ejércitos franceses.

Constitucionalistas y realistas, durante el reinado de Fernando VII contendieron acaloradamente en la villa de Coca. El "Cura Merino", antiguo guerrillero como "El Empecina­do" realizó posteriormente incursiones a favor de los realis­tas y tomó partido por la causa carlista. En una ocasión entró en Coca y se llevó prisionero al Alcalde y a dos guardias de campo. En 1837 quedó suprimida la Comunidad de Villa y Tierra de Coca, y en 1861 se fundó la Resinera Segoviana, una de las mejores fábricas de este género en España. En 1876 se consti­tuyó el nuevo Ayuntamiento de la localidad, y en 1884 se inau­guró el ferrocarril, entrando en Coca la primera locomotora en dirección a Nava de la Asunción y Segovia.

El viajero entra en la ciudad antigua por la Puerta de la Villa, de estilo mudéjar, por donde pasan los encierros de reses bravas en las fiestas de la localidad. Antes de entrar ve la Cruz de Settién, de piedra de Carde­ñosa, en el cruce de las carreteras de Santiuste, Na­vas de Oro y Nava de la Asunción. Fue mandada colocar aquí por la familia de Antonio de Settién en 1620. Por la calle de Fal­con Ruiz se llega a la Plaza Mayor, donde están la iglesia de Santa María la Mayor y el Ayuntamiento. Junto a la iglesia hay una fuente y un monumento de estructura moderna dedicado al emperador Teodosio el Grande.



Torre de la iglesia de San Nicolás

La iglesia de Santa María la Mayor es la única que tiene culto actualmente. En otro tiempo hubo más iglesias en funcionamiento: San Adrián, San Nicolás, San Juan y San Justo. El exterior de la iglesia es una estructura maciza, construida en ladrillo, con contrafuertes de piedra. Tiene una torre ane­xa al cuerpo de la iglesia, inicialmente prismática con base cuadrada y finalmente prismática con base octogonal, con un reloj y un campanario. Fue construida a principios del siglo XVI. El interior tiene planta de cruz latina, con un pequeño crucero y bóvedas de crucería góticas con abundantes nervacio­nes. Entre su imaginería destaca un Cristo de San Nicolás, procedente de la iglesia del mismo nombre, el retablo  de la capilla de Cádiz, y el Calvario, de un discípulo de Berrugue­te. Las esculturas de mayor importancia artística son las de los sepulcros de la familia Fonseca, en marmol de Carrara, realizados por Doménico Fancelli y Bartolomé Ordóñez. Entre ellas pueden citarse las de Fernando de Fonseca y su mujer Teresa de Ayala, y la del arzobispo de Sevilla Alonso de Fon­seca.





Ayuntamiento de Coca

El viajero caminante deambula por las calles de la ciudad medieval: Canongías, Valdenebro, Escuderos, Sombrere­ros, Alameda, San Juan,... entre casas blasonadas, hasta la plaza de San Adrián, donde estaba la iglesia del mismo nombre. En la calle Joaquina Ruiz todavía se levanta el antiguo Hospi­tal de la Merced, construido en 1442. En la Plaza Mayor desta­ca el edificio del Ayuntamiento, en ladrillo, con soportes y zócalo en piedra, porticado y de aspecto modernista. Fue cons­truido en 1930. Sale a la zona de las murallas y continúa por la parte moderna, con manzanas de casas cuadradas y rec­tan­gulares, con calles que alternan sus nombres entre el pasa­do franquista y la nueva etapa constitucional. El Instituto de Enseñanza Secundaria se sigue llamando Francisco Franco.

Llega a los alrededores del Castillo, que no puede visitar por lo avanzado de la hora. Rodea el foso y observa detenidamente las almenas estriadas de los dos recintos defen­sivos y la suntuosa Torre del Homenaje. En cada una de las otras esquinas hay torres de distinta altura. Se acerca a la puerta de acceso al Castillo, próxima a la Torre del Homenaje y vuelve hacia el centro de la ciudad para tomar un autobús que le conduce a Segovia y posteriormente a Madrid.















viernes, 16 de mayo de 2014

BLANCA DE NAVARRA

Blanca nació en 1385. Era hija de Carlos III el Noble, rey de Navarra, que pertenecía a la dinastía Evreux, de ascendencia francesa. En 1402 se casó con Martín el Joven, rey de Sicilia y heredero de la Corona de Aragón




Mapa de Sicilia

En el año 1402, en la ciudad de Catania (Sicilia) se llevó a cabo el matrimonio por poderes sin asistencia de la novia, y después la joven infanta desembarcó en la isla de Sicilia y se celebró la boda en forma personal.

En 1405 Martín el Joven abandonó temporalmente Sicilia para retornar a Aragón. Blanca fue nombrada por su esposo regente del reino, durante su ausencia. La joven la Reina con la ayuda del Consejo Real gobernó de hecho y no sólo de forma nominal.

Durante la regencia, Blanca tuvo que hacer frente a una conjura en la ciudad de Messina, que no tuvo éxito. Con el regreso del rey a Sicilia en el mismo año de 1405 se dio por terminada la participación de Blanca en el gobierno de Sicilia.

Blanca dio a luz a su primer hijo, llamado Martín en honor a su padre y abuelo, en 1406. Fue heredero del trono de Sicilia desde su nacimiento. En 1408, Blanca fue nuevamente designada regente del reino de Sicilia, porque su marido partió a una expedición militar Cerdeña.
  
En estas funciones de gobierno, fue auxiliada por un Consejo formado por administradores y representantes electos de las principales ciudades sicilianas y por miembros de la colonia catalana en el reino. En   1409 Martín el Joven murió en Cagliari, víctima de malaria, dejando a Blanca el gobierno del reino. 

Al quedar viuda estuvo en el trono entre 1409 y 1415.  En  este  año Blanca abandonó el reino de Sicilia, donde había vivido y gobernado durante casi 13 años. Fue escoltada en su retorno a Navarra por Mosen Pierres de Peralta, noble designado por las Cortes navarras.


Juan II de Aragón

Posteriormente contrajo matrimonio en segundas nupcias con Juan II de Aragón en 1420. De este matrimonio nacieron otros tres hijos: Carlos,  Príncipe de Viana; Blanca, que casó con Enrique IV de Castilla; y Leonor, mujer del conde Gastón de Foix, que llegó a ser reina de Navarra. Al morir su padre, Carlos III, Blanca fue coronada reina de Navarra en 1425.

Las constantes injerencias de su marido en la política del reino de Castilla—su tierra de nacimiento—, retrasaron la  actuación conjunta de Blanca y Juan II de Aragón como reyes de Navarra.
La muerte de Blanca de Navarra se produjo en 1441, cuando había llegado a Santa María de Nieva después de asistir a una romería en el monasterio de Guadalupe. Quiso visitar a la virgen de la Soterraña,que por entonces tenía fama y devoción por los muchos milagros que hacía, y fundó una iglesia en su honor.

Por disposición de su hija Leonor de Foix el cadáver debía haberse trasladado al convento de San Fran­cisco, de Tafalla, dentro del reino de Navarra, pero no hay constancia histórica de que se hiciera. En 1994 surgió la noticia del descubrimiento de los restos de Blanca de Navarra en la iglesia de Santa María la Real de Nieva.



Por disposición de su hija Leonor de Foix el cadáver debía haberse trasladado al convento de San Fran­cisco, de Tafalla, dentro del reino de Navarra, pero no hay constancia histórica de que se hiciera. En octubre de 1994 surgió la noticia del descubrimiento de los restos de Blanca de Navarra en la iglesia de Santa María la Real de Nieva.



Tumba de Blanca de Navarra

Tras la muerte de su madre, Carlos, príncipe de Viana,—según las capitulaciones matrimoniales de 1420— debía heredar el reino de Navarra. Pero en su testamento, la reina pedía a su hijo Carlos que no tomase el título sin consentimiento de su padre. Esta solución produjo un conflicto entre padre e hijo.


                                            Carlos de Viana                                                

El descontento de Carlos de Viana y las graves diferencias con su padre, desembocaron en una guerra civil entre los beamonteses, partidarios de Carlos, y los agramonteses, defensores de la causa de Juan II. Ambos se enfrentaron en 1451 en la batalla de Aibar, donde Carlos fue derrotado y hecho prisionero junto a su condestable Luis de Beaumont.

Carlos de Viana tenía el apoyo de Cataluña, donde su burguesía se había alzado contra Juan II. En 1460 en Barcelona se llegó a un acuerdo para alcanzar la paz; las plazas beaumontesas se entregaron, pero surgieron nuevas desavenencias y tratos con los castellanos que provocaron un segundo apresamiento de don Carlos.




Leonor de Foix

Fue liberado en 1461, debido a un acuerdo forzado por la popularidad y simpatía que gozaba en el principado catalán. Murió dieciséis días después por posible envenenamiento. Le sucedió en el trono de Navarra su hermana Leonor de Foix.


 

miércoles, 14 de mayo de 2014


6. HACIA SANTA MARIA LA REAL DE NIEVA.

Subida a Zamarramala. Vista de Segovia. Zamarramala. Camino de Valseca. El cura de Valseca. Hacia Los Huertos. Los H­uer­tos. La vía del ferrocarril a Medina del Campo. El río Eresma. A través de un pinar. Camino de Añe. Añe. El río Moros. Pasando calor hacia Pinilla Ambroz. Pinilla Ambroz. Carretera a Pascuales. Un café en la carretera. Santa María la Real de Nieva. Historia de la ciudad. El Monasterio.



El viajero, desde la iglesia de la Vera Cruz, empie­za a subir la empinada cuesta de la nueva carretera que va a Zamarramala. En otro tiempo los habitantes del pueblo tenían que bajar y subir desde la población a la iglesia de la Vera Cruz por un camino en la ladera de la montaña para los actos litúrgicos, porque no había otra iglesia en Zamarramala. Des­pués de caminar dos kilómetros hacia arriba llega a las prime­ras casas del pueblo, y a la ermita de San Roque.


Iglesia de la Vera Cruz y Zamarramala

Descansa un poco en el borde de la ermita, junto a un crucero y observa una lápida que dice:

"No conozco a nadie que habiéndose acercado a este lugar no haya sido conquistado por su vista sorprendente. Robert Gillon."


Robert Gillon fue Presidente del Senado de Bélgica, y un ena­morado de Segovia y sus alrededores. Haciendo caso al político belga el viajero contempla la vista del Alcázar, de la Cate­dral, y de las torres de las iglesias románicas de Segovia, antes de adentrarse en Zamarramala y en la llanura de la pro­vincia segoviana. Desde este lugar, un pintor de la tierra, Don Lope Tablada, ha inmortalizado  el crucero de la ermita, junto a las torres de Segovia como fondo de sus cuadros.

La pequeña ermita de San Roque tiene una imagen del santo con el perro. La ermita se hizo famosa con motivo de la peste de 1800, porque los vecinos de Zamarramala le llevaron en procesión a la iglesia del pueblo y la epidemia cesó. La localidad es actualmente un barrio de Segovia, aunque ante­riormente fue una pequeña aldea al norte de la capital con unas curiosas fiestas y tradiciones.

La fiesta más conocida es la de Santa Agueda, en los primeros días de febrero. Durante la fiesta las mujeres casa­das de la localidad ostentan el mando, simbolizado en la figu­ra de las "Alcaldesas" y las "Aguederas Honorarias y Perpe­tuas". Ellas ocupan los lugares de privilegio en la Iglesia y en el Ayuntamiento, y presiden todos los actos festivos. La fiesta conmemora, según la leyenda, el protagonismo de las mu­jeres de Zamarramala en la conquista del Alcázar moro, cuando bailando en la ribera del río Eresma consiguieron que se des­guarnecieran las almenas del castillo, que fue fácilmente con­quistado por el ejército cristiano.







El nombre de Zamarramala parece provenir de la le­yenda de un rey y un pastor sordo que cosía su zamarra junto a su rebaño de ovejas. El rey perdido en una cacería le pre­guntó al pastor donde estaba, y el pastor le refirió, sin oir­le, lo que estaba haciendo, coser una "zamarra mala". El rey le puso este nombre al lugar. Otra versión es la procedencia árabe del tér­mino "zamarram Alá", el mirador de Alá, en fun­ción de las vis­tas de la ciudad segoviana. El nombre empezó a utilizarse en el siglo XV. Antes se llamaba Miraflores de la Sierra, nom­bre que ahora pertenece a un municipio madrileño.

El viajero recorre las calles de Zamarramala hasta la actual iglesia parroquial, dedicada a Santa María Magdale­na, de estilo renacentista, construida a partir de 1624. En el exterior destaca una torre con cinco campanas. El interior presenta una sola nave con varias capillas laterales y una sacristía con una cúpula de cuatro paños. En la sacristía hay un lienzo de la Inmaculada Concepción y un Cristo tallado, ambos del siglo XVIII. La iglesia fue ampliada en 1784.

Llega a las últimas casas del pueblo y bordeando las naves ganaderas, por la carretera de circunvalación, toma un camino que utilizan los tractores y otras máquinas de labranza para encaminarse hacia Valseca. Según avanza por el áspero y reseco campo segoviano observa el continuo discurrir de auto­móviles por la carretera de Cuellar, que va separándose cada vez más del camino de Valseca. Se cruza con algunos tractores que vienen hacia Zamarramala.






Entre Zamarramala y Valseca

El terreno es calizo en su mayor parte, de color blanco amarillento, y está mezclado en algunos casos con are­niscas feldespáticas y gredas ferruginosas. Las tierras de cultivo, sobre este basamento geológico, son de buena calidad. El clima es seco la mayor parte del año, y se acentúa en estos días de verano. Según avanza la mañana el calor va haciéndose cada vez más fuerte y el caminante avanza con dificultad.

                   










Detrás de un pequeño altozano se ven las primeras casas de Valseca y la torre de la iglesia. Al acercarse al pueblo se pasa junto a algunas naves con ganado estabulado. Al caminante le llegan olores de animales que ya no recordaba desde los años de su juventud en estas tierras de Castilla. Continúa hasta el centro del pueblo, donde está la Plaza Ma­yor y el Ayuntamiento de la localidad, y entra en la iglesia pa­rroquial, cuya torre tiene un her­moso cimborrio.

La iglesia nueva es de estilo barroco y fue cons­truida en 1749 aprovechando una época de bonanza económica del pueblo. Anteriormente hubo otra iglesia románica desde 1479, que fue varias veces reconstruida: en 1576, 1589 y 1609. La iglesia tiene p­lanta de cruz latina con una sola nave. Las bó­ve­das es­tán sos­tenidas sobre pechinas. Tiene un retablo mayor dedicado a Nue­stra Señora de la Asunción, realizado en 1792, y otro retablo más antiguo, de 1642, además de altares y capi­llas colaterales. Hay una pila bautismal de 1509 y pinturas de 1595. En el exterior, la entrada principal, orientada hacia el oeste tiene un porche. Posteriormente, en el siglo XIX, se ha abierto otra puerta en la fachada norte.

Todas estas características de la iglesia se las comentó al viajero el cura párroco de la localidad, Don Isidro Marazuela, que encontró saliendo de su casa para meter el co­che en el garaje. Al decirle que iba andando hasta Santiago de Compostela, el párroco le contó que el mes anterior habían pasado por Valseca otros peregrinos hacia el mismo lugar. Le selló la credencial compostelana y se despidieron poco antes del mediodía. El viajero entra en un bar para tomar un café y un bocadillo, antes de continuar su camino.




Iglesia de Valseca

El caminante desde la Plaza Mayor se desvía a la izquierda por la calle de Los Huertos, al final de la cual sale un camino que se dirige a esta localidad. Según se aleja de Valseca el camino tiene una suave pendiente, que se sube con fa­cilidad. A medio kilómetro de Valseca hay unas naves agrope­cuarias en construcción y un cruce de caminos. Toma el de la derecha y continúa hasta encontrar un pastor, con un rebaño de ovejas y un perro, que le indican que va bien para Los Huer­tos. Hay que seguir hasta la chopera que se ve en el horizonte y bajar una pequeña cuesta hasta un valle por donde pasa la carretera de Hontanares de Eresma. El pastor usa algu­nas palabras para llamar al perro que no oye desde su juven­tud, pero que rememora rápidamente. Se despide del pastor y continua el camino. Poco después de media hora entra en Los Huertos.       

Los Huertos es más pequeño que Valseca. Un vendedor ambulante recorre las calles del pueblo con su camión ofre­ciendo su mercancía con un micrófono. El calor de las primeras horas de la tarde hace que todas las casas estén cerradas y haya muy pocas gentes por las calles. El viajero no entra en la iglesia parroquial, que está cerrada cuando pasa por ella. Lee en su guía del itinerario que está también dedicada a Nue­stra Señora de la Asunción, y que es una mezcla de estilos arquitectónicos. Su construcción es del siglo XV. ¡Qué anti­guos son estos pueblos! piensa, antes de continuar andando hasta la salida del pueblo. Encuentra una pequeña ermita y la vía del ferrocarril de Segovia a Medina del Campo.





Los Huertos

El caminante sigue la vía del ferrocarril durante tres kilómetros. Ha llovido hace unos días y algunos charcos profundos rodean la vía férrea. Tiene que caminar por las tra­viesas de madera que unen los railes aprovechando que no pasan trenes mientras sigue el trazado del ferrocarril. Entra por un camino en un terreno cercado pensando que habrá una salida más adelante, pero debe volver atrás, cuando comprueba que que no puede continuar y que la cerca es demasiado alta para saltar­la. La vía atraviesa una pinar que permite avanzar sin calor a estas horas de la tarde.

El ferrocarril se acerca al río Eresma. Cruza la vía y el río por el puente de una carretera que va a Carbonero de Ahosia, localidad próxima. Sigue por la carretera durante me­dio kilómetro y se desvía a la derecha, siguiendo las fle­chas amarillas, en las proximidades de una casa, para adentrarse en un pinar. Es dificil seguir las flechas en el pinar. Algunas de ellas están borradas. Unos trozos de plástico amarillo las suplen, colgados de las ramas de los árboles. Hay un ligero riesgo de perderse en este pinar porque no hay suficientes referencias. Las torres de las iglesias de los pueblos próxi­mos no se ven por las ondulaciones del terreno.


 
Camino de Añe
  
Después de cruzar el pinar aparece un sendero en mal estado, lleno de hierbas, sobre el que vuelve a haber flechas amarillas en su comienzo. El caminante sigue adelante entre los altos herbazales en dirección a Añe. Un kilómetro más all­á divisa la espadaña de la iglesia y las primeras casas del pue­blo, al superar la parte más alta del terreno. Recorre las calles sin encontrar a casi nadie. Todavía hace mucho calor. Busca el único bar que hay en el pueblo, pero no tienen ningu­na bebida para poder llevarse. Le dan agua fresca y llena su cantimplora. Pasa junto a la iglesia, en el borde de la carre­tera, dedicada a San Juan Bautista y construida en 1408, con reformas posteriores. Descansa un poco, en una sombra, a la sa­lida del pueblo, antes de cruzar el río Moros.

El puente del río está ocupado por un rebaño de ove­jas, que se apiñan unas junto a otras intentando pasar todas a la vez. Un tractor espera al otro lado a que pasen las ove­jas. El caminante hace lo mismo, hasta que se despeja el puen­te y puede pasar, cruzándose con el tractor. Junto al río hay una alameda, cuya sombra todavía se agradece. Un kilómetro más adelante las flechas amarillas indican el desvío por un camino ancho, hacia la izquierda, que inicia una ligera subida sobre un terreno con arbustos y otras vegetaciones características de monte bajo.

La pendiente del camino va en aumento y el sol aún ca­lienta mu­cho. El viajero tarda una hora más en llegar a Pi­ni­lla Am­broz. Las primeras casas son instalaciones ganaderas que despiden un fuerte olor. Se encamina a la plaza y a la fuente pública que hay en una de las esquinas. Al lado está la iglesia, dedicada también a San Juan Bautista. Es de aspecto renacentista. Unos chiquillos pasan con unas bicicletas. Les pregunta por el camino de Pascuales y le indican que siga la carretera que hay junto a la iglesia, hasta la salida del pue­blo, y después todo seguido.





Iglesia de Pascuales


Pascuales está a dos kilómetros de Pinilla Ambroz, junto a la carretera comarcal a Santa María de Nieva. Hay unas pocas casas y una iglesia. El pueblo es más pequeño que Pini­lla Ambroz. Un poco más adelante hay un bar en la carretera. El viajero quiere tomar una bebida fresca y sentirse otra vez fuera del mundo tan ruralizado que acaba de pasar. Desde la salida del bar se ve la cota más alta de la zona, Peña Pini­lla, de 1002 metros, ciento treinta metros de altitud más que el cauce del río Moros, que pasó antes de subir a Pinilla Am­broz. Junto a Peña Pinilla pasa el camino directo de Pinilla Ambroz a Santa María de Nieva, que indica la guía del Camino de Santiago.

Según se acerca a Santa María encuentra el polide­portivo municipal, una gasolinera y algunas naves industria­les. La tarde está muy avanzada cuando entra en la villa fun­dada por la reina Catalina de Lancáster, esposa de Enrique III, en 1395. Tres años antes el pastor Pedro Amador había encontrado la imagen de la Virgen enterrada en el pizarral de Nieva, que se llamó posteriormente Nuestra Señora de la "Sote­rraña". La reina, devota de la Virgen encontrada, potenció la creación del Santuario y de la villa de Santa María la Real de Nieva, bajo el patronazgo real, con la oposición de la Comuni­dad de Villa y Tierra de Segovia, con gran poder político y económico en el siglo XIV, y del municipio de Nieva, que plei­tearon ante el rey Enrique III por la posesión de la imagen y del Santua­rio.
        
Santa María tuvo grandes privilegios reales en el orden fiscal, y a pesar de su pequeña extensión territorial, que le impedía depender económicamente de la agricultura, fue desde el principio asentamiento de artesanos tejedores y de otros oficios. Durante la revuelta de las Comunidades permane­ció en el lado del Emperador lo que le agenció nuevos privile­gios reales posteriormente. Desde el siglo XV se desarrolló la fabrica de paños y de utillaje agrícola, hasta la recesión económica del siglo XVIII. Un nuevo resurgimiento se produce a partir de 1886 y un declive de población a partir de los años sesenta del siglo XX. 
 

  
Iglesia de Santa María la Real de Nieva

El Santuario de la Virgen de la "Soterraña" se empe­zó  a construir en las mismas fechas que la villa y fue cedido a los monjes dominicos. Las obras avanzaron paulatinamente a la muerte de Catalina de Lancáster, durante el reinado de su hijo Juan II, y continuaron en la época de Enrique IV y de Isabel la Católica, con aportaciones reales y de los propios habitantes de Santa María. La arquitectura de las órdenes men­dicantes, franciscanos y dominicos fue más austera que otras construcciones anteriores, aunque siguió manteniendo influen­cias cistercienses.


La iglesia, de transición del románico al gótico, tiene tres naves y un crucero. La puerta de acceso se encuen­tra en el lado norte, y el claustro en el lado sur. El claus­tro es de estilo románico, y tiene p­lan­ta cuadrada. Ha sido decla­rado mo­numento na­cional. Era el lugar de cele­bración de las ceremo­nias litúrgi­cas a las que podía asis­tir el pueblo. Se conti­nuaron reali­zando obras de acondi­cionamien­to durante los si­glos XVI, XVII y XVIII. Después de la desamortización de Mendizábal el Monas­terio fue abandonado y la iglesia pasó a ser la parroquia de la villa.





Claustro del Santuario

En la iglesia de Santa María la Real de Nieva está enterrada la reina Blanca de Navarra, que murió en esta loca­lidad en 1441. Blanca de Navarra fue también reina de Aragón y de las Dos Sicilias. Por disposición de su hija Leonor de Foix el cadáver debía haberse trasladado al convento de San Fran­cisco, de Tafalla, dentro de su reino de Navarra, pero no hay constancia histórica de que se hiciera. Durante la restaura­ción de la iglesia, en 1994, se encontraron los restos de la reina en una sepultura cercana al altar mayor, y de nuevo se inhumaron en la iglesia en 1997.