domingo, 7 de diciembre de 2014

EL BIERZO

26. CAMINO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO

Salida de Ponferrada. El corredor industrial de Cuatro Vientos. Camino histórico. Compostilla. Columbrianos. Fuentes Nuevas. Camponaraya. Historia de Camponaraya. Camino de Cacabelos. Cacabe­los. Un encuentro fortuito. El Monasterio de Carracedo. Vuelta a Cacabelos. "Castrum Bergidum". Pieros. Camino a Villafranca. Entrada en Villafranca del Bierzo.


El viajero y Teresa salen del albergue temprano y desayunan en un bar de la plaza de la Encina. El cielo está gris y amenaza lluvia. Algunos peregrinos, que quedaron el día anterior en Molinaseca, y llegan a Ponferrada tan de mañana, traen puestos los chubasqueros. El viajero está preocupado porque no lleva un buen equipo para la lluvia. Salen del bar y rodean de nuevo el Castillo de los Templarios para cruzar el río Sil por el puente de Ojeda. Muchos caminantes pasan por Ponferrada a esta hora y toman el camino del Bajo Bierzo.


Por la avenida del Camino de Santiago entran en la antigua carretera de La Coruña. Nada más salir del casco urbano de Ponferrada se cruza la vía del ferrocarril. El clima continúa nuboso, aunque sólo produce un pequeño "orvello", como dicen en León, similar al "chirimiri" vasco, que poco a poco va desaparecien­do. Siguen pasando muchos peregri­nos en peque­ños grupos por el corredor industrial de Cuatro Vientos. Teresa suele conversar animadamente con algunos de ellos. El inicial núcleo urbano de Cuatro Vientos ha crecido mucho. Actualmente tiene más de tres mil quinientos habitan­tes, que pertenecen al municipio de Ponferrada. Al entrar en Cuatro Vientos hay una imagen de "Fray Escoba", San Martín de Porres, el célebre fraile de las películas, que recibe a los peregri­nos de Santiago que pasan por allí. Cuatro Vientos tiene una iglesia bajo la advocación de Jesús Divino Obrero y celebra su fiesta el día primero de mayo. La zona industrial está formada por fábricas y almace­nes, a ambos lados de la carretera, hasta el cruce de la autovía de circun­valación de Ponferrada, y muy cerca de las primeras casas de Camponaraya.

                                                             Alrededores de Ponferrada

En otro tiempo los peregrinos cruzaban el río Sil por el "Puente de Hierro", y salían de Ponferrada hacia el norte, por la zona de Compostilla, la carretera de Villablino y el pueblo de Columbrianos. Actualmente Compostilla y Colum­brianos están unidos a Ponferrada. En Compostilla está la Central Térmica, que se veía desde la carretera de Molinaseca. Las escombreras de combustible y de residuos usados por la "Térmica", como dicen por aquí, han hecho desaparecer la traza histórica del Camino de Santiago. Compostilla es un barrio diseñado en su mayor parte por el arquitecto Francisco Belo­rrillo, con viviendas obreras, buenas instalaciones deporti­vas  y zonas ajardinadas. Compostilla fue un enclave urbano más antiguo que la propia Ponferrada. Antigua­mente hubo aquí un hospital y un albergue de peregrinos. La iglesia de Nuestra Señora del Refugio se construyó sobre una ermita más antigua con el mismo nombre. 
  
                                                               Central Térmica de Compostilla
                                                   
La ruta de peregrinos cruzaba el Canal del Bajo Bierzo antes de entrar en Columbrianos, junto a la carretera de Villablino. Columbrianos aún tiene restos de castros pre­rromanos y algunas casas blasonadas, herencia de su antigua nobleza. Hay una iglesia parroquial dedicada a San Esteban y dos ermitas, una llamada de San Juan y otra de San Blas. Hubo un antiguo hospital de peregrinos. A la salida de Columbrianos se pasaba la vía del ferrocarril a través de un pequeño túnel y se alcanzaba la carretera de Vega de Espinareda. En este lugar está el Monasterio de San Andrés, actual Colegio Dioce­sano, que fue fundado por San Genadio, en el siglo X, en pleno auge de la práctica monacal y eremita en el Bierzo. el actual monasterio está reconstruido en el siglo XVIII, en estilo neoclásico, siendo una de las más relevantes construcciones de estas características artísticas en la comarca. En este monas­terio está enterrada Doña Jimena Muñiz, amante del rey Alfonso VI y miembro de la nobleza berciana.


Un par de kilómetros más adelante, por un camino  que discurre entre casas y huertas se llega a Fuentes Nuevas. En este pueblo existe una iglesia parroquial dedicada a Santa María de la Asunción, con grandes vidrieras y una ermita llama­da del Campo del Divino Cristo. En Fuentes Nuevas hay una fuente, un crucero y la Casona de los Cartujos. Por la calle Real de la localidad, constituida en Camino Real, se llega a Camponaraya, en poco más de un kilómetro, pasando por campos fértiles, regados por el río Naraya, que discurre muy cerca del camino de Fuentes Nuevas y de la carretera que viene de Cuatro Vientos.  
                                                                                                                                       
                                                             Fuente (Camponaraya)

Camponaraya es un pueblo muy extendido a lo largo de la carretera que es también el camino de los peregrinos. Campo­naraya es una localidad resultado de la unión en el siglo XV de las aldeas de Campo y de Naraya. Esta última se cree que existía ya en el siglo IX, junto al río de su mismo nombre. Hubo dos hospitales de peregrinos, uno de ellos en la actual ermita de la Soledad. Por Camponaraya pasó el primer peregrino extranjero conocido, el obispo francés Godescalco de le Puy, en el año 950. 

                                                                 Monumento (Camponaraya)

Camponaraya perteneció al Monasterio de Carracedo y se desarrolló en la baja Edad Media con el auge del camino jacobeo. Durante la Edad Moderna continuó siendo un señorio eclesiástico de este monasterio, con aumentos discontinuos de población, dedicada fundamentalmente al cultivo de la vid. La crisis del Antiguo Régimen, la Guerra de la Independencia y los procesos desamortizadores cambiaron su estructura social. La desamortiza­ción de Madoz produjo la "redención de los foros", pasando las tierras del Monasterio de Carracedo a los colonos que las habían labrado anteriormente con dependencia monacal. Camponaraya tiene actualmente más de tres mil habi­tantes y conserva diversas casas nobiliarias, como la Casa de los Quiñones, la Casa del Priorato, la Casa de Ucieda y una iglesia en honor de San Ildefonso, arzobispo de Toledo.

  
Al salir de Camponaraya se toma una pista que sale a la izquierda de la carreteraa, junto a la cooperativa vinícola Viñas del Bierzo. El camino hasta Cacabelos discurre entre la carretera y la nueva autovía de Galicia, a través de viñedos y árboles frutales, por el valle del arroyo Magaz. Junto a esta corriente de agua hay un frondoso bosque, que sirve de cobijo al peregrino en los días soleados del verano. El clima del Bierzo, protegido por las montañas que lo rodean, es más caluroso de lo esperado para zonas de esta latitud. Un poco más adelante se cruza la carretera y se entra en Cacabelos por un amplio camino que llega al barrio de Cimadevilla, bajando la cuesta de San Bartolo hasta la calle de los peregrinos.


Cacabelos fue restaurado y repoblado por el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, después de su destrucción por un terremoto en 1108. En esta época se cons­truyó la iglesia de Santa María de la Plaza, de la que puede verse todavía el ábside original. Los peregrinos pasan por la plaza de San Lázaro, donde hay todavía una fuente, enfrente del lugar en que estuvo el hospital de leprosos, hoy converti­do en un mesón. Al lado está la ermita de San Roque. Siguiendo la calle de los Peregrinos, que ahora se llama de Santa María, se llega a la plaza porticada, que es el centro comercial de la villa. En esta plaza está el monumento al Vendimiador. La producción de vino, uno de los mejores del Bierzo, con denomi­nación de origen, y las plantacio­nes de tabaco, son las prin­cipales ocupaciones de los cuatro mil ochocientos habitantes del pueblo.

                                                                  Calle de Cacabelos

El viajero y Teresa estaban descansando y comprando algunas vituallas en una pequeña tienda, cercana a la plaza porticada, cuando se encontraron a Alfonso y a otro compañero de camino. Alfonso trabaja en una sucursal de la Caja de Ahorros de Madrid, próxima al domicilio del viajero, y recono­ció a Teresa por su voz. A veces es difícil distinguir a los caminantes con sus vestimentas propias del camino, tan distin­tas de las usadas en Madrid. Compartimos el descanso y un bocadillo durante un rato. Después continuamos por las calles del pueblo hasta el río Cua y la carretera al Monasterio de Carracedo.


Por el Instituto de segunda enseñanza "Bergidum Flavium", llamado así en honor al romanizado castro astur, siguiendo la carretera hacia el sur, a tres kilómetros de Cacabelos, se llega al Monasterio de Carracedo, que se encuen­tra en un paraje casi idílico, entre chopos, huertos y árboles frutales. El Monasterio fue fundado por Bermudo II en el año 992, en honor de San Salvador, y habitado por monjes benedic­tinos. Tras las invasiones de Almanzor quedó abandonado y hubo de ser recons­truído por Alfonso VII y por su hermana Doña Sancha en el año 1138. Fue ocupado por una comunidad cister­ciense en 1203, y en el siglo XIII Alfonso IX lo utilizó como Palacio Real y resi­dencia de su esposa Doña Teresa.


Durante la Edad Moderna el Monasterio poseyó grandes territo­rios en todo el Bajo Bierzo. En la Guerra de la Inde­pendencia se reunieron en sus dependen­cias los diputados leoneses de las Cortes de Cádiz. El paso del ejército francés y los enfrenta­mientos con españoles e ingleses redujeron a ruinas algunas partes del Monasterio. La desamortización y sus secuelas completaron su estado de abandono hasta la restaura­ción par­cial iniciada en 1991.

                                                               Monasterio de Carracedo

En Carracedo se puede visitar actualmente la Igle­sia, de estilo neoclásico, del siglo XVIII, reconstruída sobre la primitiva iglesia románica. La restauración de la techumbre de la Iglesia ha producido opiniones contrapuestas sobre su idoneidad y adaptación al conjunto monumental. La entrada al Monasterio, en la fachada sur, conserva la primitiva puerta románica. El Claustro Regular es del siglo XVI y fue recons­truído en el año 1791. La Sala Capitular y el Locutorio son una magnífica expresión del arte cisterciense. De la época como Palacio Real se conserva la Cocina y el Mirador de la Reina. El Refectorio de los monjes y la Biblioteca son del siglo XVI. El conjunto arquitectónico está considerado Monu­mento Histórico Artístico desde el año 1929.


Al volver a Cacabelos, se cruza el río Cua por un puente de cinco arcos construído en el siglo XVIII. Anterior­mente, los peregrinos pasaban por un puente romano que aún se mantiene en pie a cien metros del puente actual de la carrete­ra. Pasado el río se encuentra el Santuario de la Virgen de las Angustias, construido en estilo neoclá­sico, en el siglo XVIII, sobre un antiguo hospital de peregrinos. En el inte­rior de la iglesia hay un retablo con el Niño Jesús jugando a las cartas con San Antonio de Padua.

                                                                     Rio Cua (Cacabelos)

En Cacabelos conviene visitar el Museo Arqueológico, en el que hay restos de las épocas astúrica y romana. A menos de dos kilómetros de Cacabelos estuvo "Castrum Bergidum", la capital de los astures, en el actual "Cerro de la Ventosa", muy cerca del pueblo de Pieros, en el camino de Villafranca del Bierzo. La ciudad astur fue conquistada por Tiberio Graco en el año 29 de la era cristiana, y después romanizada y llamada "Bergidum Flavium", en honor del emperador Vespasiano en el año 74. En la época medieval se quiso repoblar el anti­guo "Castrum Bergidum", y llamarlo "Castro de la Ventosa", aunque persistió el actual emplazamiento en el llano de Ca­cabelos. En esta zona se produjo la batalla entre los ejérci­tos francés e inglés, el día 3 de enero de 1809, en plena Guerra de la Independencia. Por aquí pasaban las vías romanas Nova y Augusta, que unían Braga con Lugo y Astorga. En Pieros hay actualmente una iglesia, que está consagrada a San Martín por el obispo Osmundo de Astorga, el que constryó el "Puente de Hierro" de Ponferrada.


Pasado Pieros el Camino de Santiago discurre parale­lamente a la carretera durante tres kilómetros y después se desvía a la derecha entre vides y otra vegetación de monte bajo. Atraviesa el arroyo Valtuilles y sube una pequeña cuesta antes de rodear la montaña que le permite divisar las primeras casas de Villa­franca del Bierzo. El camino entra por la zona donde está el albergue municipal, de reciente construcción, y el antiguo albergue privado, perteneciente a la familia Jato. El peregrino y Teresa encuentran alojamiento en el albergue municipal, donde habían llegado poco antes Alfonso y su compa­ñero.


Después del aseo y de una reconfortante comida algunos caminantes duermen la siesta. Se han levantado en algún caso a las cinco de la mañana para recorrer los caminos del Bierzo. Otros lavan su escasa ropa y la tienden al sol para que se seque para el día siguiente. Un peregrino brasile­ño conversa en el comedor con el compañero de Alfonso. El viajero se acerca a ellos y les saluda. El brasileño comenta las dificultades de la etapa del día siguiente y su compañero de conversación le dice al viajero que le conoce y le pregunta si ha sido profesor de química en un instituto de Madrid. Le dice que ha sido alumno suyo, aunque no le reconoció al cru­zarse en Cacabelos, pero ahora si, al oír su voz.



jueves, 4 de diciembre de 2014

LAS MEDULAS

LAS MÉDULAS

Las Médulas están situadas junto al pueblo del mismo nombre, enclavadas en la Comarca del Bierzo, cerca de Ponferrada, en la provincia de León, en un entorno formado por los restos de una antigua explotación minera de oro de la época romana.



Entrada a Las Médulas


El enorme trabajo de ingeniería realizado para la extracción del mineral supuso una gran destrucción del medio ambiente, pero dio como resultado un paisaje espectacular de tierras rojizas, perfectamente integrado con la vegetación de castaños y robles, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.


QUÉ SON LAS MÉDULAS



Las Médulas son los restos de un yacimiento de oro. Según los primeros estudios publicados, la explotación inicial se llevó a cabo de forma artesanal. extrayendo, limpiando y cribando las arenas auríferas, que después eran lavadas y filtradas.

La explotación masiva, que ha dejado los restos que hoy en día se pueden contemplar, se llevó a cabo durante la época romana. Para la extracción del oro, se excavaron canales en las rocas, algunos de más de 100 kms. de longitud. Se trasvasó agua de los ríos Duero y Sil, que era almacenada en unos depósitos desde los que se arrojaba sobre unas galerías, previamente construidas en la montaña, produciendo un gran arrastre del conglomerado aurífero, que era conducido hasta el denominado canal de lavado, donde el oro quedaba depositado en el fondo por su peso.

EXPLOTACIÓN DE LAS MÉDULAS

En el gráfico siguiente, se indican las distintas fases del sistema de  explotación:

Fases de la explotación minera


   Se iniciaba la recogída de agua de los arroyos y ríos próximos. Después se transportaba el agua por una red de canales hasta la explotación. El agua se almacenaba en estanques situados en la parte más alta de la montaña. 

Posteriormente se dejaba caer el agua almacenada dentro de los pozos construidos en la montaña y por presión se producía el derrumbe de ésta.

A continuación se separaban los cantos rodados producidos y se lababa la tierra a través de unos canales, tras los que se depositaban los fangos y lodos formados. 

Finalmente se acumulaba el agua sobrante en lagos, como los de Sumido, Carucedo,...

Plinio el Viejo fue administrador de las minas romanas de Las Médulas. En sus escritos relata que se extraían al año 20.000 libras de oro,  que en los 250 años de explotación de las minas, darían 5.000.000 de libras de oro, o sea, 1.635.000 kg. Las tierras removidas alcanzaron los 500 millones de metros cúbicos. Calculando un rendimiento medio de 3 gramos por tonelada de tierra, daría como resultado 1.500.000 kg. de oro.

En cuanto al número de trabajadores, Plinio habla de 60.000 obreros manumitidos. Estudios modernos, basados en la tierra removida, hablan de 10.000 o 20.000 hombres, contando con suministradores, guardianes, … Plinio comenta la dureza del trabajo de esta manera:
"es menos temerario buscar perlas en el fondo del mar que sacar oro de estas tierras".

RUTAS Y MIRADORES EN LAS LAS MÉDULAS

Se pueden realizar rutas a pie por la zona de Las Médulas: Tras dejar el coche en un estacionamiento preparado al efecto nos encontramos el Aula Arqueológica, inaugurada el 24 de julio de 1998. Es de gran utilidad la visita al Aula antes de adentrarnos en el paraje para resolver las posibles dudas que puedan surgir a lo largo del recorrido. Hay una gran maqueta que ofrece una visión global de la explotación y una proyección de medios audiovisuales que nos sorprende gratamente.

El Pueblo de Las Médulas

Iniciada la andadura y cruzado el pueblo en dirección a la zona de la explotación, nos llama la atención las estrechas callejas del pueblo, los restos de construcción antigua de adobes y cañas y la pizarra de sus tejados. Hacia el final de la localidad, encontramos a la izquierda la Iglesia de San Simón y San Judas y a la derecha el camino hacia el Lago Sumido y la Senda Perimetral que nos conducirá, en primer término, hasta el Mirador de Pedrices. Unos metros más adelante, a la derecha, encontramos el Centro de Visitantes de Las Médulas, del Consejo Comarcal del Bierzo.

Desde el Mirador de Pedrices, se alcanza a ver, a la izquierda, el embalse de Campañana, el Lago Sumido, hacia el centro el Pueblo de Las Médulas y a la derecha una parte de la Zona de los Picos de Las Médulas. Las Médulas de Yeres forman parte de este  conjunto Arqueológico. Se llega a ellas a través de la Senda Perimetral, entre el Mirador de Pedrices y el Campo de Braña. 


Médulas de Yeres

Continuando este camino podemos llegar al Mirador de Orellán, la vista más popular de Las Médulas. Los visitantes quedan sorprendidos cuando la ven por primera vez. El Camino del Mirador es una senda con bastante pendiente, pero que merece la pena recorrerla y contemplar la vegetación que la rodea . Desde aquí podemos visitar La Cuevona y La Encantada.

La Cuevona es una de las galerías de mayor altura de todas las existentes y el punto de referencia, junto a La Encantada para todo aquél que se interna por la senda de Las Valiñas hacia el interior de Las Médulas.Las Médulas .


Vista desde el Mirador de Orellan

A la Encantada accedemos tras pasar por delante de la Cuevona, subiendo una pequeña cuesta que se halla adecentada y protegida por una barandilla de troncos de madera. Es una de las galerías más singulares de la zona con una luminosidad extraña que se produce por la entrada de luz desde un gran agujero en la parte superior.

El lago Sumido es uno de los lugares de mayor belleza. Está cubierto por nenúfares blancos. El Lago ocupa uno de los canales donde se lavaba la tierra para obtener el oro y separarlo de las gangas estériles.

domingo, 30 de noviembre de 2014

GIL Y CARRASCO

                  Casa donde nació Enrique Gil y Carrasco (Villafranca del Bierzo)


Enrique Gil y Carrasco, nació en Villafranca del Bierzo, en 1815. Cuando era pequeño su familia se trasladó a Ponferrada, donde estudió en el Colegio de los Padres Agustinos. Entre 1829 y 1831 estudió en el Seminario de Astorga, y después en la Universidad de Valladolid.


En 1836 se trasladó a Madrid, donde frecuentó las reuniones literarias de  Espronceda, que  le ayudó al leer públicamente la composición “Una gota de rocío”, que fue publicada poco después en “El Español”.



En 1838 inició su colaboración en “El Correo Nacional” y ese mismo año uno de sus poemas, “La niebla”, fue seleccionado para el álbum de las composiciones poéticas que “El Liceo” regalaba a doña María Cristina de Borbón, regente de España.


En 1839 su estado de salud empeoró y volvió a Ponferrada a pasar una temporada con la familia, y allí escribió su primera novela. De regreso a Madrid obtuvo un puesto en la Biblioteca Nacional y fundó la revista “El Pensamiento”.

Tras la muerte de Espronceda en 1842 escribió la novela que le dio fama: “El señor de Bembibre”, siguiendo las connotaciones literarias de Walter Scott. Está considerada la novela histórica española más importante de la época romántica. La obra trata la disolución de los templarios en España.

En 1844 se trasladó a Berlín para desempeñar su cargo de representante de España en Prusia. Falleció el 22 de febrero de 1846, a los treinta y un años de edad.


Como representante del romanticismo español, se ha equiparado su poesía con la de Bécquer, y se le considera uno de los más valiosos autores de prosa poética de su época.


                                        El Señor de Bembibre y Enrique Gil y Carrasco


EL SEÑOR DE BEMBIBRE

Enrique Gil y Carrasco recrea en esta  novela  histórica  el  enfrentamiento ideológico entre padres e hijos, las intrigas y enredos de la nobleza medieval y un trágico desenlace final.

El desarrollo de la novela, ambientada en la Castilla del siglo XIV, se articula en torno a la historia de amor entre D. Álvaro, Señor de Bembibre, y Dª Beatriz, hija única y heredera de D. Alonso Osorio.

El fin principal de los dos protagonistas es casarse. Dª Beatriz da su promesa a D. Álvaro de que se casará con él. Al mismo tiempo el Conde de Lemos ronda a Dª Beatriz para conseguir que esta se case con él.

Tras muchas apariciones y desapariciones misteriosas, a Dª Beatriz le llega la noticia de la supuesta muerte de D. Álvaro. Ante la insistencia de los padres de Dª Beatriz para que se case con el Conde de Lemos, ésta finalmente accede en el lecho de muerte de su madre.

A partir de este momento se suceden las intrigas y los sucesos. La muerte del Conde de Lemos parece abrigar la esperanza de un desenlace feliz: una bula papal deshace el vínculo de D. Álvaro con la “Orden del Templo”; pero la desgracia persigue a los protagonistas. Dª Beatriz muere, aunque consigue casarse con D. Álvaro “ in articulo mortis”.

La obra realizada por Enrique Gil y Carrasco se sitúa en una época de oscurantismo y de fervor religioso, marcada por las guerras de religión y por la necesidad de expulsar de la península Ibérica a los musulmanes. Al mismo tiempo existe la conveniencia de que prevalezca una visión única de la religión oficial.

El autor refleja los  conflictos  entre las órdenes de caballería, convirtiéndose en una de las líneas argumentales el enfrentamiento entre la Orden de los Templarios y la Orden de los Montonés. Este mismo enfrentamiento va a servir para guiar en cierto modo la historia de amor entre D. Álvaro y Dª Beatriz.

Dª Beatriz y D. Álvaro (El Señor de Bembibre)


El texto realizado por Enrique Gil y Carrasco tiene muchas semejanzas con la novela histórica realizada por Walter Scott. Se trata sin duda de un fiel reflejo del guión que hay que llevar para crear una novela de este tipo, lo que no resta méritos al autor, sino que muestra su capacidad para desarrollar un  espléndido guión.

"El Señor de Bembibre" plantea una trama argumental con los tres temas siguientes:

  • El amor entre D. Álvaro y Dª Beatriz;
  • El enfrentamiento entre las órdenes militares-religiosas;
  • El final de una estirpe.
En el primer tema, el amor entre los protagonistas es el principal argumento de la obra y de él se sirve el autor para contarnos todo lo que ocurre en la novela.

El segundo tema, el enfrentamiento entre órdenes militares-religiosas tiene un trasfondo más situado en la época de los protagonistas. En este enfrentamiento se trata la desaparición de la “Orden del Templo” en Castilla.

                                                                Un caballero templario


Por último, el tercer tema hace referencia a algo mucho más personal para el autor: la falta de descendencia. Enrique Gil y Carrasco murió dos años después de escribir esta novela. Cuando la escribió ya era sabedor de que la muerte le rondaba y que no podría tener descendencia. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

LOS TEMPLARIOS

En el año 1118, el caballero francés llamado Hugo de Payens y el caballero flamenco Godofredo de Saint-Adhemar, decidieron impulsar la fundación de una orden monástica para la custodia de los peligrosos caminos que conducían a los lugares de Peregrinación. La denominaron Orden de los Pobres Soldados de Cristo, pero ha pasado a la historia como “La Orden del Templo”.

Hugo de Payens

“En un principio, quienes tomaron esta decisión eran solamente nueve y durante nueve años sirvieron con ropas de seglar y se vistieron con lo que los fieles les dieron de limosna. El Rey y sus caballeros se compadecieron de aquellos nobles hombres que habían abandonado todo por Cristo y les concedieron algunas propiedades y beneficios para atender sus necesidades”.

La Orden del Templo fue aprobada oficialmente por la Iglesia, durante el Concilio de Troyes:

“El 14 de enero de 1128, en la Catedral de Troyes, se encendieron los cirios y pronto fueron llegando los convocados:
  • El Cardenal Mateo de Albano, como presidente del Concilio.                                     
  • Los Arzobispos de Reims y Sens.                                                                                      
  • 10 Obispos.                                                                                                                               
  • Los maestros escolasticos Foucher y Auberi                                                                 
  • Esteban Harding, abad de Citaux. Esteban fue el autor de la Regla reformada de los cistercienses.                                                                                                                     
  • Bernardo de Claraval. El autentico cerebro de Concilio. Descendiente de la nobleza, se granjeó la confianza de la Iglesia.                                                                  
  • En contra de las tesis de Bernardo de Claraval, se alzó la voz del Obispo de Orleans Juan II, que gozaba del favor del Rey Luis VI.                                                   
  • En cuanto a la nobleza, participaron: Teobaldo de Champagne (sobrino de Hugo de Champagne), Andrés de Baudemant y el Conde Nevers, entre otros.                  
  • Hugo de Payens y los caballeros que le acompañaban.                                                
En el Concilio Hugo de Payens expuso las características de la Orden, que seguía la regla de San Agustin. Del Concilio salió una nueva Regla, muy influenciada por Bernardo de Claraval, de corte cisterciense, formada de 72 artículos.”

La Orden del Templo creció rápidamente en tamaño y poder. Balduino, rey de Jerusalén, se había asentado en la zona arrebatada a los musulmanes en Tierra Santa, tras la Primera Cruzada. Su palacio era una antigua Mezquita, que se había construido sobre la ruinas del Templo de Salomón y los “Pobres Soldados de Cristo” ocupaban un patio contiguo.




Balduino de Jerusalén

En 1119, Balduino, cambió su residencia a la Torre de David y los “Pobres Soldados de Cristo”, pasaron a ocupar toda la mezquita que se levantaba sobre las ruinas del templo de Salomón, Por ello se denominaron posteriormente La Orden del Templo y a sus miembros los Caballeros Templarios.


Los privilegios de la orden fueron confirmados por las bulas papales de 1139, 1144 y 1145. En ellas se daba a los caballeros templarios una autonomía formal respecto de los obispos, una dependencia de la autoridad papal y se les excluía de la jurisdicción civil y eclesiástica. Estas bulas papales les daban derecho sobre las conquistas en Tierra Santa y les concedían atribuciones para construir fortalezas e iglesias propias, lo que les dio gran independencia y poder.
Cincuenta años después de su fundación, los caballeros de la Orden del Templo se extendían ya por tierras de Francia, Alemania, Inglaterra, España y Portugal. Esta expansión territorial contribuyó al enorme incremento de su riqueza, que fue mayor que la de todos los reinos de Europa.
Los templarios tuvieron una destacada participación en la Segunda Cruzada, en la que protegieron al rey Luis VII de Francia tras las derrotas que sufrió con  los turcos. Tres grandes maestres cayeron presos en combate desde 1157 a 1187. En este año, en la batalla de los Cuernos de Hattin, que tuvo lugar al oeste del mar de Galilea, el ejército cruzado, formado por contingentes templarios y hospitalarios  se enfrentó a las tropas de Saladino.


Batalla de los Cuernos de Hattin

Este les infligió una gran derrota, en la que perecieron muchos caballeros templarios. Saladino tomó posesión de Jerusalén y terminó con este reino cristiano. Sin embargo, la presión de la  Tercera Cruzada y las gestiones de Ricardo I de Inglaterra, Corazón de León, lograron un acuerdo con Saladino para convertir Jerusalén en una ciudad libre para el peregrinaje cristiano y musulmán.
En 1244  cayó definitivamente Jerusalén. Los templarios se vieron obligados a cambiar sus cuarteles generales a San Juan de Acre, junto con otras dos grandes órdenes monástico-militares: los hospitalarios y los teutónicos. En 1291 se produjo la caída de Acre, con los últimos templarios luchando junto al resto del ejército cristiano, lo que constituyó el fin de la presencia cruzada en Tierra Santa. Los Templarios pasaron a Chipre, isla de su propiedad tras comprarla a Ricardo Corazón de León.
En la Península Ibérica los Templarios comienzan su implantación en la década de 1130. En 1131, el conde de Barcelona Ramón Berenguer III pide su entrada en la orden. Ramón Berenguer IV  llegó a un acuerdo con los templarios para que colaboraran en la Reconquista en 1143, por la que recibieron los castillos de Monzón, Mongay, Chalamera, Barberá, Remolins y Corbins, favoreciéndoles con donaciones de tierras, así como con derechos sobre las conquistas.


Castillo de Monzón

En Castilla y León los templarios ayudaron a la repoblación de zonas conquistadas por los cristianos, creando asentamientos en los que edificaban ermitas bajo la advocación de mártires cristianos. Ante la invasión almohade, los templarios lucharon en el ejército cristiano, venciendoles junto a los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla, en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212). En 1265, colaboraron en la conquista de Murcia, que se había levantado en armas, recibiendo en recompensa Jerez de los Caballeros, Fregenal de la Sierra y Caravaca de la Cruz.
Los templarios entran en Portugal en tiempos de la condesa Teresa de León, de la que reciben el castillo de Soure en 1127 a cambio de su colaboración en la Reconquista. En 1145 reciben el castillo de Longroiva  por su ayuda a Alfonso Henriques en la toma de Santarém. En 1147 reciben el castillo de Cera, cerca de Tomar, que se convertiría en su sede regional. Los templarios serían una orden bien asentada en Portugal.


Jacques de Molay

 

El último gran maestre templario Jacques de Molay
se negó a aceptar el proyecto de fusión de las órdenes militares bajo una única dirección. El 6 de junio de 1306 fue llamado a Poitiers por el papa Clemente V para un último intento, tras cuyo fracaso, el destino de la orden quedó decidido. Felipe IV de Francia, ante las deudas que había adquirido su país con los Templarios, y su deseo de un Estado fuerte, con el rey concentrando todo el poder frente a la Iglesia y las diversas órdenes religiosas, convenció al Papa Clemente V,  de que iniciase un proceso contra los templarios acusándolos de sacrilegio, herejía, sodomía  y adoración a ídolos paganos.
Felipe IV de Francia despachó correos a todos los lugares de su reino con órdenes estrictas de que nadie los abriera hasta un día concreto de octubre de 1307. En esos pliegos se ordenaba la captura de todos los templarios y la requisa de sus bienes. De esta manera, en Francia, Jacques de Molay, último gran maestre de la orden, y ciento cuarenta templarios fueron encarcelados y seguidamente sometidos a torturas, método para conseguir que la mayoría de los acusados se declararan culpables de los cargos.


El Papa Clemente V


El Papa reservó para su propio arbitrio la causa del gran maestre y de sus tres primeros dignatarios. Ellos habían confesado su culpabilidad y sólo quedaba reconciliarlos con la Iglesia una vez que hubiesen atestiguado su arrepentimiento con la solemnidad acostumbrada delante de la catedral Notre Dame de París. Molay no aceptó el planteamiento, recuperó su coraje y proclamó la inocencia de los templarios y la falsedad de sus propias confesiones. Fue arrestado como herético reincidente y quemado vivo atado a  una estaca frente a las puertas de Notre Dame, en l'Ille de France en marzo de 1314.
Antes de ser consumido por las llamas, Jacques de Molay convocó al Rey y al Papa ante el tribunal de Dios para antes de que transcurriera un año, con las palabras:
"Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad".



Antes de un año, tal y como aseguró el maestre templario antes de morir, fallecieron tanto Felipe IV como Clemente V. El primero que murió fue el Papa, a los 37 días. Ya estaba enfermo, pero una noche fue presa de "un dolor insufrible que le mordía el vientre". Sus galenos comunicaron que había muerto "a merced de unos horribles sufrimientos". El rey francés murió el 29 de noviembre, al chocar con la rama de un árbol mientras montaba a caballo por el bosque de Fontainebleau. El golpe fue tan grave que el monarca pereció de una parálisis general, con gran padecimiento hasta su minuto final. ¿Se había cumplido la amenaza de De Molay? Lo cierto es que de esta forma, los Templarios salieron de la Historia y entraron en la Leyenda.