domingo, 24 de agosto de 2014

LA PICARA JUSTINA

La Pícara Justina cuenta las aventuras de una joven de origen judío llamada  Justina, quien, después de contraer matrimonio y enviudar, contraerá nuevas nupcias, que se indica serán objeto de una segunda parte.
La primera edición conocida de la novela es de 1605; impresa en Medina del Campo por Cristóbal Lasso Vaca. No se sabe con certeza quién fue su autor, aunque generalmente se atribuye al licenciado Francisco López de Úbeda, escritor y médico toledano que estuvo en la comitiva del rey Felipe III en su viaje a León en 1605.




Portada del Libro

Es una novela genuina, por su lengua inimitable de estilo barroco y por constituir el prototipo original de la denominada picaresca femenina. Tiene un marcado contenido festivo y está narrada con prosa a la vez sencilla y conceptista.

Las aventuras de Justina y sus satíricas y burlonas ocurrencias no dejan “títere con cabeza” y nos muestran que el género picaresco sigue muy vivo todavía entre nosotros.
Justina se define como:
 “…bailarina, andadora y parlera…”.


Justina
Tiene ascendencia montañesa (padre) y de la tierra de campos leonesa (madre). La acción transcurre en un mesón de Mansilla de las Mulas y en un viaje a la ciudad de León.
En el viaje citado, de romería en romería: Arenillas y Nuestra Señora del Camino. En Arenillas se produce la “hazaña de la Bigornia”, con unos estudiantes disfrazados, que pretendiendo burlar a Justina, salen trasquilados.
Continúan sus aventuras en el barrio de “la Corredera” de León. Cerca de Puente de Castro y del arrabal de Santa Ana, con posadas aldeanas y cantinas de “comer barato”. En esta zona transcurren los engaños a otro pícaro sobre “una joya aparentemente de oro”.
Por la plaza de la Regla tiene acceso a la Catedral, que juzga:
“…galana y con la portada envejecida…
Allí transcurre el desfile de las llamadas “cantaderas”, que recuerda a las doncellas entregadas al emir de Córdoba, como tributo, en tiempos del rey Mauregato.
Después de la fiesta de la Asunción, el día 15 de agosto en la capital,  se celebra la romería de  Nuestra Señora del Camino, en la zona del Camino de Santiago, más allá de León.
Vuelve Justina después a Mansilla de las Mulas, tras pasar de nuevo por la ciudad de León y describir San Marcos, San Isidoro, el Palacio de los Guzmanes,… Va acompañada por el barbero Bertol Araujo. En el camino a Mansilla de las Mulas se produce el encuentro con el estudiante del “engaño meloso”.
En Mansilla pleitea con sus hermanos, que quieren arrebatarla el mesón, herencia de sus padres. El juez falla a favor de sus hermanos y Justina apela en Rioseco ante los Almirantes de Castilla,de quien dependía Mansilla de las Mulas en esa época.



Portada del Libro



La Pícara Justina se enmarca dentro de la novela picaresca, que tuvo su máxima importancia en el Siglo de Oro. Sin embargo, entronca con estilos literarios medievales, la literatura bufonesca en especial. La visión que la obra trasmite del entorno social en que transcurren las peripecias de la protagonista es marginal, irreverente y sardónica. Se podría definir como una valoración “antisistema”. El humor y la burla están presentes aún en los planteamientos moralizantes, que jalonan la narración. No quedan estamento social, situación, entorno o personajes libres de sátira mordaz. La protagonista se casa al final con otro celebre pícaro, Guzmán de Alfarache. El espíritu crítico, expresado a través del humor, es la característica, y principal bondad, de esta obra.





jueves, 21 de agosto de 2014

RIO ESLA

La Confederación Hidrográfica del Duero sitúa el nacimiento del Esla en el  “Puerto de Tarna”, junto al Valle de Burón. Otras versiones consideran que sus primeras aguas son de la fuente del Naranco, en Valdosin, cerca de la Uña


Río Esla  en los prados de Martín Díaz  (La Uña)

Antonio de Valbuena, natural del desaparecido pueblo de Pedrosa del Rey, cerca de Riaño,  indica como nacimiento al Puerto de Pandetrave, y al rio Yuso como el verdadero origen del Esla, antes de llegar al embalse de Riaño..


Embalse de Riaño

Poco después de salir del valle de Valdosín y antes de La Uña, se le une el Riosol y antes de Acebedo se le incorpora el río Maraña. Junto a Burón, el Esla llena el pantano de Riaño. La presa del pantano está a unos 30 km del nacimiento, desembocando en él poco después el río Dueñas, procedente del valle de Lois. Aguas abajo, ya cerca de Sabero desembocan en el Esla, por la izquierda el río de la Duerna y el río Horcado, Entre montañas sigue el Esla su curso hacia Cistierna.



Rio Esla, cerca de Gradefes

Poco después de Cistierna, a la altura de Sorriba del Esla, merma de modo notable su caudal con la salida del Canal de los Payuelos. Tras pasar Gradefes, desemboca por la izquierda el río Corcos. Aguas abajo de Mansilla de las Mulas, se le incorpora el Porma, que pasa por Boñar y Puente Villarente. Poco después de Villarroañe recoge al río Bernesga, que pasa por la ciudad de León, presentando con ello ya un aumento considerable de caudal a la altura de  Villalobar. El Esla y sus canales van regando las tierras de Villamañán y Valencia de Don Juan, conocidas como las tierras de la Vega del Esla.

 


Rio Esla en Valencia de Don Juan

Después de Villafer el Esla entra en la provincia de Zamora. Cerca de Benavente, se le incorpora por la izquierda el río Cea, procedente de la montaña oriental leonesa. Poco después desemboca por la derecha el Órbigo, su afluente más caudaloso, que acoge el agua de las zonas próximas a la Maragatería. Todavía aumentan más las aguas del Esla cuando se le incorpora el río Tera, procedente de la Sierra de la Culebra. Unos kilómetros más adelante forma el Esla el embalse de Ricobayo. En un brazo de este embalse desemboca por la derecha el río Aliste.



Rio Esla: embalse de Riocobayo


Unos kilómetros después el Esla desemboca en el Duero, después de 285 km recorridos y aportando en su unión mayor caudal que el mismo Duero. Habitualmente se señala a Villalcampo como lugar de desembocadura del Esla.







jueves, 14 de agosto de 2014

MONASTERIO DE GRADEFES

MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE GRADEFES

Desde sus inicios, en 1177, las obras sufrieron varias interrupciones por motivos económicos, lo que hizo que el monasterio de Gradefes tenga varias etapas arquitectónicas. A la primera, de finales del siglo XII y principios del siglo XIII, corresponde la cabecera de la iglesia, la sala capitular y parte del claustro; en el siglo XIV se realizó un amplio transepto que preveía una estructura de tres naves para el cuerpo de la iglesia; en época moderna se construyeron dos nuevas naves: la sur y la central en la que en el siglo XVII se hizo el coro.




Entrada al Monasterio

Del monasterio primitivo sólo quedan la cabecera de la iglesia, parte de la estructura del claustro y la sala capitular. La iglesia de Gradefes es una excepción dentro de la estructura de los edificios cistercienses femeninos por la presencia de una girola. En España la tienen cuatro monasterios, todos ellos masculinos: Moreruela, Veruela, Fitero y Poblet, que fue un modelo a imitar posteriormente. A éstos podrían añadirse los gallegos de Osera y Melón. La iglesia de Gradefes no necesitaba un número excesivo de capillas por lo que éstas se redujeron a tres.







Ábsides


El claustro mantiene la estructura primitiva: arquerías de medio punto sobre pilares. De las dependencias monásticas medievales sólo se conserva la sala capitular en la que destaca, por su originalidad, una entrada constituida por siete vanos, mayor el central, con arcos ligeramente apuntados y apoyados alternativamente en dos o tres columnas. Su construcción debe ser coetánea a la de la cabecera y es quizá la parte del monasterio que tiene mayor unidad.




CARACTERÍSTICAS DE LA VIDA MONÁSTICA EN GRADEFES 

Todas las Iglesias de la Congregación Cisterciense de San Bernardo y todas las monjas de estas congregaciones están consagradas a la  Virgen María. Al final de la jornada la comunidad cantará la Salve a la Virgen
            
La vida monástica en la Congregación Cisterciense se manifiesta en la unión fraterna, en la soledad y en el silencio, en la oración, en el trabajo y en la disciplina de vida.


Vida monástica

Las monjas cistercienses siguen a Cristo bajo una Regla, en una comunidad estable, que es escuela de caridad fraterna.

La comida en común significa y fortalece la concordia entre las hermanas. Por eso comen todas juntas.

Siete veces al día la comunidad se reúne en el coro para cantar las alabanzas al Señor, en las referidas horas de: Vigilias, Laudes, Tertia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.

La Eucaristía es para estas monjas la cumbre de la vida cristiana y de la comunión de las hermanas con Cristo: se celebrará diariamente para toda la comunidad.


El fin espiritual de la comunidad se manifiesta especialmente en esta celebración litúrgica.

La Congregación es un Instituto Monástico de vida íntegramente ordenada a la contemplación.

Para llevar una vida de oración y mantener trato íntimo con el Señor es imprescindible vivir en retiro, soledad y silencio.

La soledad es necesaria para la interiorización del propio ser. Favorece el trato con el Señor. 




Estatua de la Virgen

El silencio se considera como uno de los valores monásticos más peculiares de la Congregación: asegura a la hermana la soledad en la comunidad; favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna; abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo y estimula la atención del corazón y la oración solitaria con Dios.


domingo, 10 de agosto de 2014

DE MANSILLA A LEÓN

18. DE MANSILLA DE LAS MULAS A LEON             

Mansilla de las Mulas. El río Esla. Una tarde en Mansilla. Paseo nocturno. Salida de Mansilla. Monasterio de San Miguel de Escalada. Mansilla Mayor. Villaverde de Sandoval. Ruinas de Lancia. Villamoros de Mansilla. Monasterio de Santa María de Gradefes. El río Porma. Puente Villarente. Arcahueja. Valdelafuente. Alto del Portillo. Puente Castro. El río Torío. Entrada en León.


El viajero busca el albergue, donde ha quedado con su amigo leonés, y pasa por la calle de Rioseco, por la plaza del Pozo y por la calle del Puente. Cuando llega al albergue encuentra que está lleno y que no puede quedarse. Su amigo le está espe­rando junto al albergue tal como habían quedado. Bus­can una fonda donde pasar la noche y ya ducha­do y cambiado de ropa dan una vuelta por la zona central de la ciudad: la ronda del río, la plaza de San Nico­lás, la calle de los meso­nes, la calle de la Con­cepción, el arco del mismo nombre, que es el mejor conser­vado de la antigua muralla, la plaza del Grano, donde está la torre de la iglesia de San Martín, la calle y la iglesia de Santa María, la ronda Sur, donde están los cubos almenados de la muralla, y la calle y el convento de San Agustín, que están en la salida oeste de la ciudad.


Mansilla de las Mulas es una villa medieval, de la que apare­ce constancia documental en el año 1181, cuando el rey de León, Fernando II, la otorga la llamada "carta puebla", que puede considerarse el documento de constitución de la ciudad. Pertene­ció después al señorío de Benavente y tuvo su mayor relevancia histórica en tiempos de Pedro el Cruel. Debió ser importante la población judía en esta época y aún quedan las callejas estre­chas donde estuvo asentada la judería. Lo más caracterís­tico de la ciudad son las murallas, de las que se conservan en mejor estado las de la parte norte, junto al curso del río Esla. Fueron construidas en el siglo XII.



Un crucero en el Camino

Mansi­lla de las Mulas está unida a la literatura del "Siglo de Oro" por la novela "La pícara Justina", que se publicó en 1605 en Medina del Campo y que se desarrolla en buena parte en una posada de Mansilla. Esta localidad tuvo tres hospitales para atender a los pere­grinos del Camino de Santiago. Una reina de Inglate­rra, Cata­lina de Aragón pasó por Mansilla en peregrina­ción a Compostela durante el reinado de Felipe II.


La tarde de verano se prolonga entre la amena char­la, después de algunos días de camino solitario, y un café en una terraza. Después el peregrino y su amigo se acercan hasta una urbanización próxima a la ciudad donde toman otro café junto a unas piscinas y unas pistas polideportivas muy concu­rridas de gente.


Cuando se marcha su amigo, el peregrino cena gene­rosamente en la posada, con las primeras sombras de la noche. Antes de dormir pasea otra vez por la ciudad. Llega hasta la plaza de la Leña, al final de la calle del Postigo, en la bajada hacia el río Esla y vuelve a la plaza porticada del Grano y a la plaza del Pozo por la calle de Pedro Aragone­ses. Las calles de Mansilla se van quedando vacías aunque todavía hay gentes en algunos bares. La distancia hasta León, que debe recorrer el próximo día no es muy grande, pero ya es hora de dormir un poco, y el viajero se dirige a la fonda poco antes de las doce de la noche.


Se levanta a las nueve de la mañana y después de desayunar realiza unas imprescindibles gestiones bancarias. Toma la antigua carretera, que atraviesa la ciudad de sur a norte. Por la plaza de San Nicolás sale de Mansilla de las Mulas y cruza el río Esla por el grandioso puente medieval de ocho arcos por encima de la pradera contigua al río. 

                                                
Río Esla

Muy cerca de Mansilla está el desvío, a la derecha, de San Miguel de Escala­da, que tiene un monasterio mozárabe, funda­do por unos monjes originarios de Córdoba, en la época de Alfonso III (siglo X). El monasterio tiene un hermo­so pórtico con columnas y arcos moriscos, junto a una sólida torre de aspecto románico.


Poco después otro desvío, esta vez a la izquierda, conduce a Mansilla Mayor, que tiene una iglesia con un magní­fico artesonado, y a Villaverde de Sandoval. En esta locali­dad, al suroeste de Mansi­lla de las Mulas, está el Monasterio de Santa María de Sandoval. Es un monaste­rio cisterciense erigido por el conde Ponce de Minerva y por su esposa en tiempos de Alfon­so VII (siglo XII).


Por la recta carretera o por un camino que es utili­zado como pista agrícola, y que discurre paralelo a la carre­tera, el viajero se dirige a Villamoros de Mansilla cruzando antes de llegar varios huertos y una acequia. A la derecha del camino, en un cerro alargado se encuentran las ruinas de Lancia, que fue un castro romano, y anteriormente una plaza fuerte de los Astures. Fue el último reducto de la resistencia de este pueblo a la conquista de toda la Península Ibérica por los romanos en el año 26 de nuestra era.


Villamoros es un pueblo que crece rodeando la carre­tera a León. El viajero va por unas callejas por detrás de la carretera hasta una iglesia, que está abierta, y comenta con el cura, que viene andando desde Madrid, aunque ha hecho el camino en diversas etapas. El cura se dispone a celebrar la misa. El peregrino continúa hasta una panadería donde precisa abastecerse de pan.



Monasterio de Gradefes

A la salida de Villamoros la carretera se curva a la derecha, e inicia una pendiente hasta el restaurante Casablan­ca, que en otro tiempo fue un albergue de peregrinos. Enfrente sale una carretera, que por Villafañé lleva a Gradefes y San Miguel de Escalada. En Gradefes está el Monas­terio  de Santa María, de monjas cistercien­ses, construido a finales del siglo XII, que rivalizó con el Monasterio de Sahagún, hasta la desamortiza­ción de Mendizabal. Tiene una iglesia de tran­si­ción del romá­nico al gótico en buen estado de conserva­ción. 
 
                  
El viajero se encuentra ante la vega del río Porma y su inmensa arboleda. Un puente de veinte ojos, de forma curva e irregular, con numerosas reparaciones por los destrozos de las habituales riadas, le separan de las casas de Puente Villarente. El tráfico de coches es muy grande y el espacio para el paso de viandantes muy estrecho. Al final del puente se encuentran Puente Villarente, con abundantes servi­cios para los peregrinos. Desde Puente Villarente sale una carretera hacia Boñar, que es un pueblo importante en el cauce alto del río Porma, en la zona montañosa de la provincia.


Puente sobre el río Porma

Al salir de Puente Villarente, el peregrino abandona la carretera por un camino en buen estado, que va subiendo poco a poco hasta el Alto del Portillo, que es el punto más alto de la zona, en que se divisan unas grandes antenas, que actúan como repetidores de la señal de televisión y de otros medios de comunicación. La mañana va tomando tonalidades grises. Las nubes ocupan casi todo el horizonte y no dejan salir el sol, lo que preocupa ligeramente al peregrino porque no está muy bien equipado contra la posible lluvia.


Una hora más tarde de pasar por Puente Villarente el viajero llega a Arcahueja, que es un pequeño pueblo situado a seis kilómetros de León. Descansa un poco en la plaza y conti­núa hasta Valdelafuente, que es actualmente una zona indus­trial próxima a la capital. El viajero se desvía del camino hacia la carretera porque aquél inicia una ascensión mayor. Va subiendo al Alto del Portillo, desde donde hay una hermosa vista de la ciudad de León. En otro tiempo hubo aquí un cruce­ro ante el que rezaban los peregrinos para dar gracias a Santiago por su inminente llegada a León. El antiguo crucero se encuentra actualmente en el Hospital de San Marcos.


La bajada hacia León se hace rápidamente por el lateral de una autovía en que se ha convertido la carretera general en las proximidades de la ciudad, hasta el desvío hacia Puente Castro, por la antigua carretera. Puente Castro fue un antiguo arrabal de León, en las inmediaciones del río Torío, desde la época medieval, que tuvo especial importancia por la resistencia que las huestes cristianas hicieron al ejército de Almanzor en las proximidades de León. Hubo aquí una fortaleza posteriormente, y una abundante población judía hasta su expulsión en tiempos de los Reyes Católicos. En la Edad Moderna, Puente Castro fue la aduana de la ciudad de León. Allí se cobraban los portazgos y otros impuestos sobre el tráfico de mercancías que entraban por esta zona. En tiem­pos de Carlos III se construyó el puente sobre el río Torío, que sirvió durante muchos años para la carretera de Madrid a Coruña a su paso por Puente Castro.


El peregrino cruza el puente del Río Torío y no distingue bien si está en Puente Castro, o en el mismo León, porque hoy no se diferencian una de otra localidad. Llega a una glorieta con mucha circulación de vehículos, en que se indica el desvío a Astorga. Pregunta por el albergue municipal de pere­grinos, que está en la calle de los Campos Góticos, muy cerca de la Plaza de Toros. Le indican que vaya por la avenida de Fernández Ladreda, que es la que sale hacia la izquierda, desde la misma plaza en la que está. Muy pronto encuentra el enorme albergue que ha acondicionado el Ayuntamiento en el antiguo colegio ferroviario, muy cerca del Estadio Hispánico y del río Bernesga.  



miércoles, 6 de agosto de 2014

DOMENICO LAFFI


Domenico Laffi fue un clérigo italiano nacido en Bolonia. En 1673 salió de esta ciudad en dirección a Santiago de Compostela. Escribió un libro titulado "Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia a Finistearre" escrito en italiano. Este diario describe todo el camino y nos es muy útil gracias a la gran cantidad de observaciones y detalles que aporta.




Portada del libro

Domenico Laffi realizó su peregrinación con gran devoción. Animado por juvenil curiosidad y por un espíritu religioso, Laffi se aventuró por las difíciles vías de las peregrinaciones en tierras italianas, recorriendo la Via Emilia hasta Piacenza, subiendo por Lodi y Milan hasta llegar a Novara, Vercelli y Turin. Desde el Monginevra y el Delfinato llegó hasta San Lázaro, atento e interesado con las casas adornadas con trofeos de caza, con los usos nupciales de Sozana o con la vida dura de la gente de la villa de Cenosa. Laffi se conmovía con la representación de la muerte de Renato, Conde de Provenza, en un cuadro, del convento de los Celestinos de Aviñón; Después de Aix, sonrió ante la llanura cubierta de cerezos enrojecidos. Tras Noia, en Ortes descubriría a esos:

«cani d'eretici»                                                       (Perros de herejes)

que al pasar la procesión del Corpus

«stavano alle finestre con i capellazzi in testa ridendo come pazzi da catena».       

(estaban en las ventanas con caperuzas en la cabeza riendo como un loco con una cadena)



Caminos de Santiago en Europa

En San Juan de Pie de Port, se maravilló el viajero al ver el uso generai de los zuecos de madera y la forma del cubrecabezas que los hombres llevaban.

Tampoco olvidaría el extraño besamanos de una niña.

Este libro atrajo la atención de los insignes autores de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, que no dejaron de poner especialmente en evidencia cuanto en él se observa desde el punto de vista histórico-religioso y asistencial.

El viajero acerca de la capilla y el sepulcro de Roldán en Roncesvalles introduce una larga evocación histórica. Recordará entre los recuerdos roldanianos:

«una staffa di ferro d'Orlando, e li suoi stivaletti, o calzetre, le quali dicono che se le mette il vicario quando canta la messa alle solennità grandi»

(un soporte de hierro de Orlando y sus botas o calzado, que dicen que se pone el Vicario cuando canta con gran solemnidad) 

Laffi siguió hacia Pamplona donde le sorprende un órgano con muchos tubos:

«a molte pive»                                           (muchos tubos)

y la generosidad mostrada hacia los peregrinos:

Llega luego a Nájera y Santo Domingo de la Calzada, donde le recibe el canto jubiloso de un gallo y una gallina enjaulados a la entrada de la catedral, en recuerdo de uno de los milagros más conocidos de Santiago: animales que comen sólo el pan ofrecido por los peregrinos y siempre que lo hayan recibido como donativo.

Pasado Burgos, conoce el tormento de las langostas y más adelante el miedo a los lobos, cuya ferocidad atestiguan algunos cadáveres de peregrinos. 

Sigue después por Frómista, Mansilla, León, Ravanal, Molinaseca, Ponferrada, con sus peculiares costumbres fúnebres y Villafranca del Bierzo, especialmente generosa en limosnas. Ya en Galicia, el Monte Cebreiro, Portomarin y el puente del río Miño.





Domenico Laffi

Como bien se subraya en la obra citada, la descripción de Compostela es entusiasta y feliz: Durante la procesión, la estatua del Santo iba precedida por cuatro danzantes enmascarados que avanzaban:

«dandosi la muta a quattro per volta, sonando le castagnette»


(dandose la vuelta, cuatro a la vez, sonando las castañuelas)

pero cuando la imagen ha sido colocada en el altar empezaron a sonar:

«tutti instromenti, e quelli giovani tutti insieme a ballare così mascherati, sonando le gnaccare, e le donne giovani radunate ensieme dall'altra parte, sonavano ancor essi di quelli cembali e castagnette, e cantavano salmi e oratorii ad alta voce, che pareva proprio che rovinasse la chiesa per il gran rumore di tanti instromenti»


(todos los instrumentos y todos los jóvenes bailan así disfrazados, sonando la música, y las mujeres jóvenes reunidas en el otro lado, incluso moviendo castañuelas y los platillos y cantando salmos y oraciones en voz alta, que parecía que resonara la iglesia por el gran ruido de tantos instrumentos)

Desde Compostela Laffi realiza una escapada hasta Santa María de Finisterre, y luego emprende el camino de vuelta tocando sucesivamente Astorga, Valladolid, Madrid, El Escorial y Toledo y después Córdoba, Granada, Valencia y Barcelona.




domingo, 3 de agosto de 2014

EL BURGO RANERO


Esta localidad leonesa está  vinculada al Camino de Santiago, que la atraviesa por su actual calle Mayor, núcleo originario del municipio. La primera referencia documental es de 1126, cuando aparece como "burgo de Sahagún". En este lugar se establecieron algunos burgueses -comerciantes y artesanos- que prosperaron gracias al Camino de Santiago. Esta prosperidad se puso de manifiesto en la magnífica talla románica de la Virgen que se custodiaba en la iglesia parroquial de San Pedro -ahora en el Museo Catedralicio de León-. Otra muestra de su importancia en época medieval la encontramos en que el Burgo es cuna de hombres ilustres, como Pedro del Burgo, abad de Sahagún durante 20 años en el siglo XV. El municipio fue declarado Conjunto Histórico en 1962, delimitándose la zona afectada por esta declaración en un decreto publicado por la Junta de Castilla y León en 1999.



















El origen del nombre Burgo Ranero podemos considerarlo por razonamientos históricos, lingüísticos y gramaticales. Burgo Ranero quiere decir poblado surgido al lado de charcas o lagunillas, donde croan, cantan o toman el sol las ranas de color más o menos verde o amarronado. Es lástima que con frecuencia las charcas o lagunillas duren menos que lo que cantan las ranas, porque ellas son como el tablado donde ensayan y ejecutan sus conciertos éstas. Unas y otras -lagunillas y ranas- existieron en el contorno de Sahagún. En francés, en alemán y en inglés el complemento nominal se antepone al sustantivo Burgo. La traducción literal española de la construcción francesa o alemana nos habría dado el nombre de “Rhanerburgo” o Burgo de Rhaner. Pero la historia y la tradición nos dieron El Burgo Ranero con el complemento pospuesto y adjetivado




En los parajes cercanos a El Burgo Ranero se produjo un curioso episodio narrado por el peregrino Domenico Laffi en el siglo XVII, relacionado con la muerte de un peregrino que fue devorado por los lobos. Poco a poco el camino Real nos llevó ante el albergue municipal, que lleva el nombre de Domenico Laffi, el que en el siglo XVII escribiera su personal diario “Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia a Finistearre”. Eran unos tiempos en que la peregrinación ofrecía peligros constantes, andando solitarios entre bosques muy poblados.



Pero ahora corren otros tiempos y en el albergue, un edificio construido con barro de la zona, nos atienden dos amables hospitaleras voluntarias. Al atardecer llevan a los peregrinos a dar una vuelta por el pueblo y junto a la laguna a las afueras del lugar, les obsequian con la siguiente leyenda jacobea:

Se dice que hace muchos años un peregrino llegó pidiendo un lugar donde dormir, era una época en que todavía no existían los albergues municipales. Unos niños que jugaban junto a la laguna le ofrecieron su casa no sin antes recomendarle que mejor siguiera su camino hasta otro pueblo pues allí con el ruido de los animales del terreno pantanoso era difícil conciliar el sueño.

El peregrino decidió quedarse y pasó la noche en la casa de la familia del niño. Al amanecer, como es costumbre el peregrino se levantó pronto y el niño madrugó también para ofrecerle el desayuno. El peregrino a cambio le ofreció una manzana pero le advirtió que cuando la comiera tirara el corazón de la misma al lodazal de la laguna. Dicho esto se marchó, después de agradecerle su generosa hospitalidad.

Horas más tarde el niño comió la manzana y aunque no entendía el motivo de tirar los restos al agua, así lo hizo, y entonces… ¡se obró un milagro! Las aguas se volvieron limpias y los bichos que emponzoñaban el lugar llenándolo de desapacibles sonidos desaparecieron. Sólo quedaron unas ranas que con su croar nocturno deleitaban a los vecinos del lugar.

El niño aunque ya no podía alcanzar al peregrino para darle las gracias se dirigió a la iglesia para hacerlo, pues el romero no era otro que nuestro patrón Santiago y desde entonces la laguna se llama: Manzanas.


También se puede visitar la Iglesia, bajo al advocación de San Pedro, y admirar en ella un magnífico retablo del Siglo XVI, de estilo renacentista, una  cruz procesional de plata y una custodia del siglo XIX. 

Si tenéis ocasión, dad un paseo por las calles del Burgo Ranero, acordaos de la leyenda y recordad un poco de historia. Sabréis que en el año 1126 ya aparece este pueblo documentado bajo el nombre de "Burgo de Sahagún", porque aquí vinieron a establecerse algunos comerciantes procedentes de esa localidad aprovechando el empuje del Camino.

En este municipio y en el de Bercianos se rodó parte de la película “El camino”. Martín Sen, hijo de un emigrante gallego, hizo el Camino de Santiago con un amigo y su nieto en 2003 y 2004 y quedó tan impresionado que al volver a EEUU le propuso a su hijo realizar una película sobre sus vivencias. Así surgió este film donde pueden verse nuestros paisajes en todas las pantallas del mundo.

Paseamos entre sus casas de adobe y barro, contemplando las calles y la extensión de su paisaje y seguimos nuestra particular ruta después de despedirnos del Albergue Domenico Laffi.