martes, 10 de junio de 2014

MIGUEL DE CERVANTES EN VALLADOLID



 En el año 1600 la corte de Felipe III se trasladó a Valladolid y  en 1606 regresó de nuevo a Madrid. Durante esos seis años Valladolid realizó grandes  mejoras urbanísticas.  Ganó también mucho en el aspecto cultural y financiero. En el verano de 1604 se trasladó Miguel de Cervantes con su mujer a vivir en Valladolid. Allí se reunió con sus hermanas y su hija Isabel, residentes hasta entonces en Madrid. 




En Valladolid  encontró a un editor, Francisco de Robles, hijo de Blas de Robles, que anteriormente le había publicado La Galatea.  El día 26 de septiembre, consiguió el privilegio real que necesitaba para la publicación del “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Se difundió la noticia del nuevo libro, recogida por Lope de Vega en una carta de su puño y letra, y por López de Úbeda, autor de "La pícara Justina".

En los últimos días de diciembre de 1604, salió a la luz el Quijote de las prensas madrileñas de Juan de la Cuesta, y muy pronto se observaron los primeros indicios de su éxito: en marzo del año siguiente, en el momento en que Cervantes obtuvo un nuevo privilegio, que extiendía a Portugal y Aragón el que se le había concedido para la publicación en Castilla, se publican en Lisboa dos ediciones piratas y entra en la imprenta la segunda edición madrileña, que estuvo en la calle antes del verano.




Pocos días después, a finales de junio, ocurrió un extraño suceso en el que apareció mezclado el autor: la muerte violenta del caballero de Santiago, Gaspar de Ezpeleta. Herido a consecuencia de un duelo nocturno, ocurrido en el arrabal donde vivía el escritor con su familia. Cervantes lo recogió en su casa y falleció dos días después sin haber confesado el nombre de su agresor.

La investigación emprendida por el alcalde de Corte Villarroel y las declaraciones recogidas en el proceso, conservado en el archivo de  la Real Academia  Española, permitieron que tras el encarcelamiento, durante un par de días, del autor del Quijote, pudiera saberse que Miguel de Cervantes y sus familiares vivieron en Valladolid durante estos años.



La casa donde vivió, el actual Museo Cervantesestaba ubicada frente al puente sobre el río Esgueva (afluente del Pisuerga), que en aquellos tiempos pasaba por delante de la Acera del Rastro), en lo que hoy es la calle de Miguel Íscar. 



Aguas abajo estaba el Hospital de la Resurrección y muy cerca de este edificio había una fuente que traía agua del barrio de Argales. Cervantes conocía bien esta fuente (inaugurada en su época), que citó en su novela “La ilustre fregona”.


Hacia el año 1860 llegó a Valladolid un cervantista que investigó con más profundidad que lo hicieran otros personajes anteriormente. El 29 de abril de 1862 ya tenía en su poder todos los resultados de la investigación y la certeza de haber dado exactamente con la casa de Cervantes.

En el proceso por la muerte de Gaspar de Ezpeleta las diligencias o "averiguaciones" dejaban bien claro que:
  • Cervantes vivía en unas casas nuevas frente al Rastro, propiedad de Juan de las Navas.
  • Cervantes ocupaba un piso 1º o principal con ventana a la calle.
  • Debajo de la habitación de Cervantes había una taberna.
Todas estas pistas fueron fáciles de seguir por el conocido cervantista. Desde entonces la casa de Cervantes no ha variado prácticamente nada. Hubo un tiempo en que la casa fue olvidada y a punto estuvo de derruirse para hacer un ensanche moderno pero se pudo evitar.

Así pudo conservarse y convertirse en Museo Casa de Cervantes. En esta casa de Valladolid fueron escritas obras como “El coloquio de los perros, “El casamiento engañoso, “La ilustre fregona, “El licenciado Vidriera y algunas otras más.
   

    En la actualidad este Museo está gestionado por el Ministerio de Cultura, y además de promocionar la visita de curiosos y turistas, ofrece jornadas literarias todos los meses y homenajes a Cervantes cada 23 de abril.





domingo, 8 de junio de 2014

MIGUEL DELIBES



Miguel Delibes nació en Valladolid el año 1920. Fue uno de los grandes escritores castellanos del siglo XX. También fue periodista y director del diario “El Norte de Castilla”.

Su labor como novelista se inició con “La sombra del ciprés es alargada”, que obtuvo el Premio Nadal en 1948. Publicó posteriormente:
 
El camino (1950)
Mi idolatrado hijo Sisí (1953)
La hoja roja (1959)
Las ratas (1962)
Cinco horas con Mario (1966)
Los santos inocentes (1981)
Señora de rojo sobre fondo gris (1991)
El hereje (1998)





Sus escritos describen las ciudades y el campo castellano con una gran fidelidad y configuran una observación directa de tipos y situaciones desde la óptica de un hombre liberal. Su visión crítica aumenta progresivamente a medida que avanza su carrera literaria, aludiendo reiteradamente a los excesos y violencias de la vida urbana.

En su obra destaca la visión irónica de la pequeña burguesía castellana y la denuncia de las injusticias sociales. El mundo rural está explicitado mediante la representación de las personas, sus hábitos y el habla propia de los pueblos de Castilla. Muchos de sus términos y expresiones habituales los utiliza en obra literaria.



Delibes es también autor de cuentos, de ensayos y de libros de viajes. Es considerado uno de los referentes de la literatura en lengua española y obtiene a lo largo de su carrera las más destacadas distinciones del ámbito literario: el Premio Nadal (1948), el Premio de la Crítica (1953), el Príncipe de Asturias (1982), el Premio Nacional de las Letras Españolas (1991) y el Premio Miguel de Cervantes (1993).



sábado, 7 de junio de 2014

BIBLIOGRAFIA DE VALLADOLID

VALLADOLID.

- Valladolid: Historia, monumentos, artes y naturaleza. José María Quadrado. Ediciones de la Caja de Ahorros de Vallado­lid. Valladolid. 1885.

- Guías artísticas de España: Valladolid. Gratiniano Nieto Gallo. Editorial Aries. Barcelona. 1954.

- Nomenclator de calles con planos por distritos y guías informativas de Valladolid. Antonio Rodríguez Calleja. Gráficas Meseta. Valladolid. 1967.

- Valladolid, ciudad: crónicas de ayer y hoy. Luis Calabia Ibañez. Servicio de Información y Publica­cio­nes del Ayunta­miento de Valladolid. Valla­dolid. 1977.

- Valladolid al filo de mi infancia: aproximaciones a una ciudad. Antonio Corral Castanedo. Edición de la Real Acade­mia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Valladolid. 1978.

- Museos de Valladolid: ciudad y provincia. Eloísa García de Wattenberg y Juan José Martín González. Institución Cultural Simancas. Valladolid. 1982.

- Valladolid hoy en 100 imágenes (guías educativas). Leopoldo de Juan. Delegación municipal de enseñanza. Valladolid. 1987.

- Valladolid siglo XX: Historia de la ciudad a través de sus protagonistas (1900 - 1975). Julio Valdeón Baruque y María Jesús Izquierdo. Ayuntamien­to de Valladolid. Vallado­lid.  1996.

- Valladolid, una ciudad contada. Joaquín Martín de Uña. Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1999.

- Valladolid: historia de una ciudad: congreso internacional. Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1999.



miércoles, 4 de junio de 2014


10. VALLADOLID

Desde Simancas a Valladolid. El Paseo Zorri­lla. Las plazas de toros. La Estación de ferrocarril. Barrios de la ciudad. El Campo Grande. La Plaza de Zorrilla. La calle de Santiago. La Plaza Ma­yor. Por el centro de la ciudad: Universidad. Plaza Circular. Plaza de España. La Casa de Cervantes. Vuelta a Madrid.


Desde Simancas a Valladolid el viajero sube a un autobús que hace la ruta de ida y vuelta entre ambas poblaciones. La carretera bordea el río Pisuerga y entra en Valladolid por el llamado Camino Viejo de Simancas, que era la entrada habitual antes de la construcción de la autovía de Tordesi­ll­as. Por el  Camino Viejo de Simancas se llega al Paseo Zo­rri­lla, cerca del  barrio de La Rubia, y se abandona el río Pi­suerga, que se desvía ligeramente hacia el norte. Cuando se pasa por las proximidades del Puente de la División Azul, cer­ca del barrio de la Farola, de reminiscencias ferroviarias, el tráfico se hace más intenso. El barrio de la Farola está junto a la antigua estación del ferocarril de Ariza, que sale de la ciudad por la factoría Fasa-Renault, situada al sudeste del núcleo urbano. Ello permitía el traslado a Cataluña de manera directa de buena parte de la producción de automóviles de la empresa. Este ferrocarril ya no está en funcionamiento porque no era muy rentable en los últimos años.


El Paseo Zorrilla se desvía del barrio de la Farola hacia el centro de la ciudad. Es una vía de conexión del cen­tro con los barrios populosos del sur y con la zona indus­tr­ial del Polígono de Argales. El Paseo Zorrilla es también, según se acerca al centro, una zona peatonal y comercial, y un lugar de encuentro de los vallisoletanos en las cafeterías y en las terrazas de sus grandes aceras, cuando llega el buen tiempo. El Paseo Zorrilla cruza el Paseo del Puente Colgante, que va a la Estación de ferrocarril del Norte. En esta zona está la nueva plaza de toros.




La Plaza de Toros se inauguró en 1890. Lagartijo, Espartero y Guerrita torearon en este coso. San Pedro Regala­do, cuya fiesta se celebra el día 13 de mayo, es el patrón de los toreros y el patrón de la ciudad de Valladolid. Se cuenta que este santo amansó, paró, y mandó de nuevo hacia los tori­les a un toro que se había escapado de la plaza. Valladolid tuvo otra plaza de toros, de forma octogonal, que actualmente tiene el aspecto en su interior de un Coral de Comedias. Donde antes hubo palcos ahora hay corredores de viviendas. La zona del ruedo es un patio ajardinado. Se construyó en 1833 y estu­vo en funcionamiento hasta el año 1891. Desde esta fecha hasta hace unos años ha sido cuartel de la Guardia Civil.


El Paseo Zorrilla se curva hacia el antiguo Campo de Marte, que hoy es el Parque del Campo Grande. El viajero quie­re visitar la Estación de ferrocarril y sacar un billete para Madrid en el último tren. Se desvía por el Paseo del Puente Colgante y la calle de Recondo. La Estación del Norte se inau­guró en 1895, aunque el tren llegó a Valladolid antes, en 1856. Desde finales del siglo XIX, y hasta 1933, los tran­vías llegaban hasta la Estación del ferrocarril. Un vistoso reloj da las horas en el frontispicio de entrada a las depen­dencias interiores de la Estación, a las vías de paso de los trenes y a una moderna cafetería.





Al otro lado de la Estación están los barrios de Delicias y San Isidro, de fuerte sabor ferroviario. El ferro­carril supuso para Valladolid su actual desarrollo industrial. El barrio de Delicias fue creciendo según lo hacía el ferroca­rril. La vía férrea produjo en muchos casos la separación de dos zonas en la ciudad, con difícil comunicación, una barrera a veces infranqueable y peligrosa de cruzar, tal como ocurría en los barrios situados más al norte, como la Pilarica, Belén o Pajarillos Altos, donde todavía hay pasos al mismo nivel que las vías, con gran peligrosidad para automóviles, peatones y ciclistas.


El viajero vuelve hacia el centro, por la Plaza de Colón, para entrar en el Parque Central de Valladolid, el Cam­po Grande. En la Plaza de Colón está el monumento al céle­bre navegante. Colón vivió sus últimos años en Valladolid, y esta ciudad no tenía ningún monumento en su memoria hasta 1905. La actual escultura fue realizada por Antonio Susillo para el puerto de La Habana antes de su inde­pendencia, pero los avata­res de la guerra colonial impidieron que fuera a parar a su inicial destino, y después de muchas dificultades se quedó en Valladolid.




El Campo Grande se diseñó en la época de Carlos III. En tiempos anteriores se llamó Campo de la Verdad, porque en el se celebraban justas y torneos, y también hubo patíbulos y hogueras, con el fin de que la Inquisición sofocara el casi siempre oculto peligro del luteranismo y la Reforma religiosa. Hoy es un jardín que aún recuerda su pasado romántico, lugar de entrada a la ciudad desde las próximas estaciones de ferro­carril o de autobuses, y sitio de recepciones y paseos de los vallisoletanos. José Zorrilla lo describió como:

"una explana­da áspera y escueta abierta a todos los vientos y encerrada entre fachadas y tapiales de iglesias y conventos."


En la época de Zorrilla pasaba por uno de los extre­mos del Campo Grande la carretera de Madrid. El alcalde Miguel Iscar, en 1880, y sus continuadores ajardinaron el Parque, no sin la oposición de algunos estamentos ciudadanos, y lo cerra­ron con la verja actual. En 1894 se construyó la Plaza de Zo­rrilla en uno de los extremos del Campo Grande, donde con­flu­yen el Paseo del mismo nombre y la "Acera de Recoletos", que viene desde la Plaza de Colón. En esta zona estaba el antiguo convento de recoletos de San Agustín. El último traza­do es de 1954 y presenta edificios de arquitectura modernista y nove­centista, y es un agradable paseo en los días soleados del invierno y la primavera por su orientación al sudoeste.


Al final del paseo Zorrilla está la plaza del mismo nombre. Junto a ella se yergue el edificio de la Academia de Caballería, diseñado por el Comandante de Ingenieros Adolfo Pierrod. La Plaza de Zorrilla es amplia y está abierta al Cam­po Grande, a la calle de Santiago y a los barrios antiguos de la ciudad. El viajero dirige su mirada, de nuevo, a la Acade­mia de Caballería y a la calle de San Ildefonso, que va hacia el Pisuerga, desde la esquina del edificio de la antigua Caja Postal, antes de entrar en la peatonal calle de Santiago, y abandonar la plaza del dramaturgo vallisoletano, céntrico nú­cleo comercial y financiero de la ciudad.




La calle de Santiago puede constituir un resumen de la historia de Valladolid. En el siglo XII existía una ermita dedicada al Apóstol, extramuros del primer recinto amurallado. En el año 1260 se construyó  el convento de San Francisco muy cerca de la Plaza Nueva del Mercado, que hoy es la Plaza Ma­yor. En 1321 se concluyó el cerramiento de la segunda cerca,  que abarcaba por la zona sur de la ciudad las edificaciones entre la Plaza Mayor y el Campo Grande. Con ello toda la calle de Santiago quedó dentro de la cerca ciudadana. En el año 1506 se construyó el convento de las Religiosas Comendadoras de Santiago, que ocuparon posteriormente las Dominicas France­sas, situado en el medio de la calle. Un poco más adelante está la iglesia de Santiago, en el lugar de la ermita inicial, que tiene alguno de sus retablos esculpidos por Berruguete. 


La calle de Santiago fue zona de asentamiento de artesanos cofreros y ebanistas, hasta el incendio de 1713, y posteriormente lugar de comercios de calidad, de fondas y hos­pederías, de cafés y grandes almacenes, y también la sede ini­cial del Diario Regional y del rotativo Libertad. Hoy, trans­formada en calle peatonal, es el paso obligado al centro anti­guo para un turismo en creciente aumento, que visita la zona monumental. En la calle de Santiago se asientan actual­mente despachos de notarios, médicos, abogados, y gestores adminis­trativos.




El Viajero, por la calle de Santiago, llega a La Pla­za Mayor, que fue reconstruida después del incendio de 1561. An­teriormente fue la primitiva Plaza del Mercado. En sus pro­xi­midades, en la antigua plaza del Ochavo, que estaba unida a la Plaza Mayor, fue ajusticiado el Condestable Don Alvaro de Lu­na, valido de Juan II, en 1453. Varias calles de pequeña lon­gitud confluyen en la Plaza Mayor: Lencería, Jesús, Pasión, Ferrari y Manzana. En esta última calle estuvo uno de los pri­meros hoteles de la ciudad, el Gran Hotel Imperial. En la Pla­za Mayor está el Ayuntamiento y el monumento al Conde Ansúrez, el primer artífice de la ciudad. La Plaza Mayor es otra zona de encuentro de los ciudadanos, a la caída de la tarde, en las terrazas de sus cafés, y en los bancos municipa­les.


El viajero continúa paseando por las calles y plazas del centro de la ciudad: la calle del Peso, la plaza de Po­nien­te, la plaza de los Leones de Castilla, las calles de San Be­nito, San Ignacio y San Quirce. Llega a la Plaza de San Pa­blo y se queda mirando largo reto la fachada de la iglesia del Santo. El convento fue fundado por la reina Doña Violante, esposa de Alfonso X el Sabio, y erigido posteriormente por Doña María de Molina y por el cardenal Torquemada. La iglesia es de estilo gótico, con tallas de Gregorio Fernández, y fue terminada en el siglo XV, siendo una de las más monumentales de las postri­merías de este estilo en Castilla.




Junto a San Pablo está el Colegio de San Gregorio, que tiene otra magnífica fachada con aspecto de retablo. El patio central de San Gregorio es de estilo plateresco y tiene artificiosas decoraciones en yeso de gran suntuosidad. El Co­legio de San Gregorio alberga actualmente al Museo Nacional de Escultura, con numerosas obras de Berruguete, Juan de Juni, Siloee y Gregorio Fernández.


En una de las esquinas de la Plaza de San Pablo está la Diputación Provincial, en el palacio donde nació Felipe II. Perteneció a los marqueses de Astorga y Távera, y al conde de Ribadavia. Es un edificio del siglo XV en el que destaca ar­qui­tectónicamente una ventana en ángulo en la torre central, ado­rnada por "grifos" y otros motivos platerescos.


Por la calle de las Angustias, el viajero se acerca a la iglesia de Santa María la Antigua, fundada en tiempos del conde Ansúrez, con su emblemática torre románica, que aparece en todas las representaciones turísticas de la ciudad de Va­lladolid. El interior es de estilo gótico del siglo XIII. Fre­nte a ella, en el otro extremo de la plaza, está Santa María la Mayor, conocida como la Colegiata. En la misma manza­na, dando la vuelta por la Plaza de la Universidad y la calle del cardenal Cos, tiene el acceso la Catedral. Se empezó a cons­truir en el año 1527. Varios arquitectos, y finalmente Juan de Herrera, diseñaron los planos de esta iglesia, que no llegó a terminarse. El interior es de estructura clásica con decora­ciones barrocas y alberga tallas de Juan de Juni en el Retablo Mayor, y otras esculturas de Gregorio Fernández.



La Universidad está en la plaza de su nombre. Es una construcción inicialmente del siglo XIII, con una fachada le­vantada en 1715, y decorada por discípulos aventajados de Chu­rriguera. Por la calle de la Librería se llega a la zona de los colegios universitarios, entre los que hay que considerar el Colegio Mayor de Santa Cruz, fundado en 1480 por el carde­nal Pedro González de Mendoza. Es una joya de la arquitectura civil vallisoletana del siglo XV. Su fachada conjuga armonio­sa­mente el estilo gótico y el renacentista. El patio del cole­gio es uno de las mejor proporcionados y de los más elegantes de la ciudad. La Biblioteca tiene más de veinticinco mil volú­menes y sus estanterías y artesonado, en maderas nobles, son uno de los conjuntos mejor ambientados.


Por la calle de la Merced, donde está uno de los institutos de Segunda Enseñanza más antiguos de Valladolid, y por la calle de Cervantes se llega a la Plaza de Pérez Galdós, que también se conoce como Plaza Circular. Cerca de ella, al otro lado de la vía del ferro­carril, está el barrio de San Isidro, en la salida este de la ciudad, por la carretera de Soria. San Isidro fue también patrón de Valladolid, cuando la ciudad tenía una mayor población de agricultores y ganaderos. En el barrio hay una ermita dedicada al santo donde se ha ce­lebrado una romería, el día 15 de mayo, desde hace mucho tiem­po.


Desde la Plaza Circular, por la calle de Tudela, el viajero llega a la Plaza de la Cruz Verde, y por Alonso Pes­quera cruza las calles del Salvador y Fray Luis de León. Entra en la iglesia de El Salvador, en la calle del mismo nombre y pasa junto a la Casa del Escudero Herrera, en Fray Luis de León, que tiene una de las fachadas más nobles de la ciudad. En la calle de Teresa Gil, antigua abadesa del Monasterio de las Huelgas, de gran importancia en la ciudad, estuvo el Pala­cio de las Aldabas, donde nació el rey Enrique IV en 1425. En una iglesia de la misma calle reposan los restos de Rodrigo Calderón, el valido de Felipe III, ajusticiado en Ma­drid por cortejar públicamente a la reina.     


Por estas calles se llega a la Plaza de España, la antigua plaza del Campillo, donde estuvo el célebre mercado del siglo XIX, hoy desaparecido. La Plaza de España tiene una zona central ajardinada, con aceras que permiten el paso de peatones. Una gran bola del mundo en movimiento atrae la curiosidad del viajero. Hay mucho tráfico en esta plaza que se va distribuyendo por las calles contiguas. La Plaza de España es otra de las zonas bancarias y comerciales de la ciudad.




Por la calle de Miguel Iscar, el conocido alcalde de finales del siglo XIX, el viajero abandona los barrios anti­guos de Valladolid, no sin antes visitar la Casa de Cervantes, actualmente restaurada, con grandes enredaderas en las paredes y un brocal de pozo en el jardín. Cervantes vivió en ella des­de 1603 a 1605, y escribió aquí la primera parte de "El Quijo­te" y algunas novelas ejemplares. La Corporación Municipal visita la Casa de Cervantes todos los años el día 23 de abril, aniversario de su muerte, con gran pompa y boato.




A la caída de la tarde el Campo Grande está repleto de gentes que pasean, de música en las plazoletas, de niños que corretean entre los bancos y las personas mayores. Por la Acera de Recoletos y por la Plaza de Colón el viajero sale del Campo Gra­nde, símbolo arbóreo de la ciudad y se acerca a la Estación del Norte. Un tren que viene de León le transporta, después de breve espera, de nuevo hasta Madrid.



martes, 3 de junio de 2014

ARCHIVO HISTORICO DE SIMANCAS

LOS PRIMEROS TIEMPOS DEL ARCHIVO 


Artículo destacado
El Archivo de Simancas fue fundado en 1540 como archivo histórico oficial de la Corona de Castilla. Desde su fundación se ha convertido en uno de los archivos históricos más relevantes de la Península Ibérica.


Felipe II

La evolución de la institución estuvo marcada por el devenir de la Corona de Castilla. Uno de los momentos principales fue cuando Felipe II otorgó la “Instrucción para el Gobierno del Archivo” (1588), que fue un documento clave para la gestión de este archivo y de todos los archivos históricos de la península.


Los momentos de pujanza o de retraimiento de la monarquía castellana quedaron reflejados en la forma de llegada de los documentos o en las dificultades para  la consecución de estos recursos. Los daños sufridos durante la Guerra de la Independencia tuvieron importantes repercusiones en el Archivo.


En la actualidad, el Archivo de Simancas es una institución cultural dependiente del Ministerio de Cultura de España. En su interior se desarrollan tareas de conservación y catalogación de los documentos que contiene, además de ser un museo y un lugar en el que se puede investigar a partir de sus fondos.


El Estado castellano del siglo XVI pretendía sumarse a los nuevos tiempos de modernidad después de la Edad Media, y necesitaba para ello de un aparato burocrático perfectamente articulado. El Archivo de Simancas fue crucial en ese sentido.






Castillo de Simancas (Archivo Histórico)


Desde el primer momento se planteó que estuviese emplazado en una fortaleza, por cuestión de seguridad a la hora de custodiar los documentos que iba produciendo el aparato estatal de los monarcas castellanos. El archivo se ubicó en Simancas, localidad situada a diez kilómetros de Valladolid, una de las ciudades más representativas de la época.


Entre los primeros documentos que llegaron al castillo se hallan los pertenecientes al Castillo de la Mota de Medina del Campo. En 1545 se nombró primer tenedor del archivo, al licenciado Antonio Catalán. La gestión del licenciado Catalán fue breve aunque fructífera. La recuperación de documentos en 1545 y 1546 fue grande en toda Castilla.



En 1566 Diego de Ayala se hizo cargo de la recopilación documental del archivo. El mandato ejercido por Ayala fue amplio en el tiempo, abarcando dos etapas: de 1563 a 1574 en que se ordenó y catalogó el Archivo, y de 1574 en adelante en que se realizaron ampliaciones constantes de cara a engrandecerlo.






Biblioteca


Juan de Herrera participó en las obras de remodelación y acondicionamiento, dando proporciones mayores al patio y participando en el desarrollo de toda la remodelación. Las obras siempre se compaginaron con la labor de recogida documental. En estos años colaboraron con la institución grandes figuras de la cultura histórica del momento. 




domingo, 1 de junio de 2014

BIBLIOGRAFIA TIERRA DE PINARES (VALLADOLID)


OLMEDO Y ALREDEDORES.

     Día de la Provincia y fiesta del romance en Olmedo. Imprenta de la Diputación Provincial. Valladolid. 1962.

     Pregón: ferias y fiestas de San Miguel y San Jerónimo. José María Luelmo. Valladolid. 1975.


Cartel 

     Historia de Olmedo: la ciudad del caballero. Eusebio Raimun­do García-Murillo Basas. Ayuntamiento de Olmedo. 1986.

     La nobleza y su patronato artístico en Olmedo. Pilar Matama­la y Jesús Urrea. Diputación Provincial. Valladolid. 1989.

     La economía de Olmedo. José Angel Santiago Sánchez. Cámara  Oficial de Comercio e Industria. Valladolid. 1996.


  HACIA EL RIO DUERO Y SIMANCAS.



      Etiología, profilaxis y terapeutica del paludismo desarro­llado en          Valdestillas. Pedro Calvo Ramos. Ediciones Ernesto Giménez Moreno. Madrid. 1926.


     Estatutos de la Cooperativa del Campo Vegas de Castilla de Valdestillas. 1959.


     Guía del Río Duero. Javier Villalibre. Ediciones Lancia. León. 1989.



     Agenda de navegación del Río Duero. Instituto de la Juventud. Dirección General del Medio Ambiente. Madrid. 1986.

Estatigrafía de los cenizales de Simancas. Federico Watten­berg. Museo Arqueologico. Valladolid. 1978.Etiología, profilaxis y terapeutica del paludismo desarro­llado en Valdestillas. Pedro Calvo Ramos. Ediciones Ernesto Giménez Moreno. Madrid. 1926.