miércoles, 6 de mayo de 2015

EL OBISPO GELMIREZ

  
Fue el primer Arzobispo de Santiago de Compostela. Era hijo de un caballero gallego que sirvió como notario a los condes de Galicia: Raimundo de Borgoña y doña Urraca. Por influjo de éstos fue nombrado Obispo de Santiago al quedar la sede vacante en 1100, ejerciendo el episcopado hasta su muerte en 1140.



Había sido destinado a la carrera eclesiástica, e inició su educación en la escuela catedralicia de Santiago hasta que fue enviado por un tiempo a la corte del rey Alfonso VI. Obtuvo después una canonjía en la iglesia santiaguesa y estuvo, entre 1090 y 1093, al frente de la cancillería de Raimundo de Borgoña, yerno de Alfonso VI. Fue administrador de la diócesis compostelana entre 1093 y 1094, y entre 1096 y 1100, año en el que fue nombrado obispo.

Su política de entendimiento con Roma y con el rey leonés Alfonso VI le permitió engrandecer la diócesis y elevarla al rango arzobispal en 1120. Adquirió privilegios como el de acuñar moneda, que unido a la riqueza que las peregrinaciones aportaban a la diócesis compostelana, hizo de Santiago un centro político y religioso de gran importancia en la España medieval.

Desempeñó también un papel importante en la transición del reinado de Alfonso VI al de Alfonso VII: cuando la reina viuda, doña Urraca, casó con Alfonso I de Aragón, Gelmírez apoyó la proclamación de Alfonso VII como rey de Galicia, sometiendo a los nobles reticentes (1109-1111). Muerta la reina doña Urraca en 1126, colaboró con su hijo Alfonso VII, ya rey de León, en el sometimiento de la nobleza gallega y en las luchas contra Portugal.


Gelmírez llegó a ejercer como una especie de gobernador de Galicia, con amplios poderes eclesiásticos y temporales; reprimió varios intentos de rebelión de burgueses y nobles y armó barcos para defender las costas gallegas de las incursiones normandas y musulmanas.

Su buena relación con la Orden de Cluny y sobre todo el contacto estrecho y constante con Roma determinó el desarrollo de las peregrinaciones por el Camino de Santiago en toda la Europa cristiana de su tiempo.

Sin embargo, la ambición del rey Alfonso VII por apoderarse de las riquezas de la diócesis le llevó a apoyar una conspiración contra el obispo, en la que éste resultó herido en el año 1135. En los últimos años de su vida, viejo y aislado, Gelmírez vio declinar su poder y tuvo que entregar cuantiosos donativos al rey de León.


Aunque Gelmírez no inició la construcción de la Catedral de Santiago de Compostela, impulsó significativamente su continuación. Era una etapa de intensa actividad constructora en el mundo cristiano, que duró hasta las últimas décadas del siglo XII. La erección de la nueva basílica en Santiago concentró los máximos esfuerzos y justificó, por sí misma la caracterización de esta etapa. La obra estuvo directamente relacionada con la peregrinación a Compostela desde el año 1075.



Durante las dos primeras décadas del siglo XII continuaron las gestiones preparatorias para la construcción, hasta la colocación de la última piedra, que, según el “Códice Calixtino” debió tener lugar en el año 1122. 

domingo, 3 de mayo de 2015

LA CASA DE LA TROYA


La Casa de la Troya, novela publicada por Alejandro Pérez Lugín en 1915, es una de las obras literarias en lengua española más leídas. Las “rúas”, las plazas, las fuentes, las gentes, los bailes, la Catedral y la Universidad Santiago son los escenarios en que se desarrolla su trama:



Gerardo Roquer, un joven madrileño es enviado por su padre a estudiar a la Universidad más alejada de la corte y villa de Madrid. El estudiante se desespera. Pero pronto encuentra la amistad desinteresada de sus compañeros de la fonda de la Casa de la Troya junto a la suave y protectora comodidad al paso por sus “rúas” y jardines, la estupenda visión de su arquitectura, los hábitos comerciales, la música y un amor que  pretende ser perdurable.


Alejandro Pérez Lugin, nació en Madrid. Su obra más elogiada fue esta historia sentimental sobre la vida estudiantil en Santiago de Compostela, que fue llevada al teatro por Manuel Linares Rivas. Pérez Lugin escribió también algunos artículos taurinos, que firmó con el seudónimo de Don Pío. Sus últimas novelas tuvieron menor trascendencia: La correidora y la rúa (1923), La Virgen del Rocío ya entró en Triana (1926) y Arminda Moscoso (1928). 


La Casa de la Troya es un libro  poético y de grandes esencias. Un libro que en sus sucesivas ediciones lo divulgaron como un clásico de la fraternidad, la juerga, la lectura divertida, la evocación y la distracción placentera. Ha ocupado el tercer lugar entre las obras que más veces se editaron en la lengua española, detrás de la Biblia y El Quijote.
La Casa de la Troya es actualmente un museo situado en la “Rúa da Troia” de Santiago de Compostela, donde estuvo la antigua pensión descrita en la novela. Este museo abre sus puertas al público en los meses de verano, permaneciendo cerrado el resto del año.


Entrando en el museo podemos ver primero la sala en que se muestran recuerdos del autor y de la novela y el comedor donde están expuestas fotografías y objetos relacionados con los personajes del libro. En el segundo piso, los dormitorios; y en el ático, la cocina y un pequeño cuarto anexo donde vivía la patrona.


La Casa de la Troia celebra en el año 2015 el centenario de la publicación de la novela con un ambicioso programa de actuaciones. Con motivo del aniversario la entidad tratará de incrementar los días de apertura del museo, que el año anterior se extendió desde el 22 de julio al 30 de septiembre. Para ayudar a financiar el coste de estas actuaciones el alcalde de Santiago y el presidente de la Asociación de Antiguos Tunos Compostelanos -entidad que gestiona el museo-, firmaron un convenio de colaboración para ello.


Dentro de la serie de actos programados para conmemorar el centenario de la primera edición de la novela La Casa de la Troya, están la proyección de la película sobre la novela que dirigió el propio Pérez-Lugín en el año 1924 o la celebración de un certamen internacional de grupos de pulso y púa.

jueves, 30 de abril de 2015

SANTIAGO DE COMPOSTELA

Bajada del Monte del Gozo. Ermita de San Lázaro. Entrada en Santiago. "Rua de San Pedro". Monasterio de "San Pedro da Fora". Convento de Santo Domingo de Bonadal. La "Porta do Camiño". Hacia la Plaza del Obradoiro. Plaza de Cervan­tes. Calle de la Azabachería. El Monasterio de San Martín Pina­rio. La Cate­dral. Historia de San­tiago de Compostela. La Plaza del Obradoiro y sus alrede­do­res. Por las calles de San­tiago. Semana Santa en Compostela. Adios a la ciudad del Apóstol.

El peregrino baja del Monte del Gozo despacio, por la antigua carretera, que pasa por debajo de la Autopista de Coruña a Pontevedra. Entre la Autopista y la vía del ferroca­rril está la ermita de San Lázaro y el barrio del mismo nom­bre. El camino entra en la ciudad por el Polígono industrial de Fontiñas y por el barrio de los "Concheiros". Allí se ven­dían las conchas de "vieira", que eran el emblema del peregri­no. Los "concheiros" tenían un monopolio especial conce­dido por una "bula" del Papa, y eran las únicas personas autoriza­das para vender conchas a los peregrinos.

Desde el barrio de los "Concheiros", los peregrinos pasaban por la "Rua de San Pedro", una larga calle que los llevaba hasta las murallas medievales. El barrio de San Pedro era un arrabal extramuros de la ciudad con típicas casas dedicadas a actividades artesanales y comerciales. El primer tramo de la calle, hasta la plaza de San Pedro, tiene las casas junto al monte de la Almaciga. En la plaza está la iglesia de San Pedro, que fue citada por Aymeric Picaud en el "Codice Calixtinus". Aquí estuvo el Monasterio de "San Pedro da Fora", llamado así porque se encontraba fuera del recinto amurallado. Fue arrasado por Almanzor y reconstruido a finales del siglo XII. Se mantuvo en pie hasta la desamortización del siglo XIX.



Paralela a la "Rua de San Pedro" está la "Rua do Bonaval", en la que se encuentra el antiguo convento de Santo Domingo. El convento fue fundado por Santo Domingo de Guzmán en 1219, en que peregrinó a Santiago para visitar la tumba del Apóstol. Actualmente es la sede del Museo Etnográfico, llamado "Museo do Pobo Galego". En el atrio de la iglesia se encuentra el "cruceiro do Home Santo", que estuvo junto a la iglesia de Lavacolla. La iglesia de Santo Domingo, que no está abierta al culto, es el “Panteón de Hombres Ilustres de Galicia”. En este lugar hubo un antiguo cementerio y estuvo domiciliada la "Cofradía del Rosario" desde el año 1504.

El camino de los peregrinos continúa hacia el centro de la ciudad por la plaza del Carmen, donde estuvo la "Porta do Camiño", en las murallas medievales. La ruta seguía por la calle de las Casas Reales, que también se llamó "Vía Francíge­na". Allí había un antiguo palacio donde se alojaron Felipe el Hermoso y Juana de Castilla, llamada "la Loca", cuando estu­vie­ron en Santiago. También estaba en esta calle el palacio barroco de Fondevila. La zona tuvo gran importancia comercial a finales del siglo XIX. La calle termina en la plazuela de las Animas, donde está el edificio de la “Caja de Ahorros de Santiago”. En esta plazue­la hay una iglesia dedicada a la advo­ca­ción de las ánimas, tan popular en toda Galicia.


Por el callejón de las Animas se llega a la plaza de Cervantes, de gran importancia en el desarrollo comercial de Santiago en el pasado siglo. En ella hay una fuente y un pedestal con la efigie del escritor. Aquí estuvo la Banca de Olimpio Pérez, un típico edificio de oficinas del siglo XIX. Otero Pedrayo lo definió como:

       "severa y aparatosa obra ecléc­tica".

Desde la plaza de Cervantes, por la Vía Sacra y la calle de la Azabachería se llega a la plaza de la Inmaculada, donde está el Monasterio de San Martín Pinario y la fachada norte de la Catedral.

Por allí está la "Rua da Troia", escena­rio de la célebre novela "La casa de la Troia", de Alejandro Pérez Lugín, sobre el ambiente univer­sitario de Santiago de Compos­tela de finales del siglo XIX. Otras novelas de Emilia Pardo Bazán también tienen este escenario urbano gallego.

La calle de la Azabachería era el paso obligado de los peregrinos que venían por el "Camino Francés" hasta la Catedral. El nombre de la calle se debe a las numerosas tien­das que vendían objetos de este típico "cristal negro". La calle se va hacien­do cada vez más estrecha hasta llegar a la "Rua da Troia" y al jardín que hay delante del Monasterio de San Martín Pinario. El antiguo convento bene­dictino de San Martín Pina­rio o­cupa más de veinte mil metros cuadrados de superficie. Actualmente es el Seminario Mayor de Santiago de Compostela. Tiene una hermo­sa fachada barroca, ini­cial­mente del siglo XVII, reforma­da en el siglo siguiente. Por el arco del pala­cio románico del arzobispo Gelmírez, que está anexionado a la Catedral, se llega a la plaza del Obradoiro, la de mayor tamaño del centro antiguo de la ciudad. Aquí termina nuestro largo viaje. El nombre de la plaza se debe a los obradores o talleres que estuvieron en ella durante la cons­trucción de la fachada barroca y de las actuales torres.
 

Los peregrinos medievales entraban en la Catedral por la plaza del Obradoiro, como se entra ahora, pero pasaban a la "catedral vieja", que ocupaba el lugar de de la actual cripta. Admiraban embelesados el Pórtico de la Gloria, del Maestro Mateo. La "catedral vieja" tuvo cuatro naves, y no era suficientemente grande para el número de peregrinos. Dos de sus naves están actualmente tapiadas. El Pórtico de la Gloria se construyó alrededor del año 1180, antes de que estuvieran levantadas las catedrales góticas de Chartres, Amiens, Reims y París. Solamente existían los antecedentes de Vézélay y Ri­poll, ligeramente anteriores. En el Pórtico de Compostela se adivinan ya formas ojivales.

En el interior de la Catedral se pueden ver las diversas capillas laterales y las tres naves, por las que se llega hasta el Altar Mayor. Debajo está la cripta con el sepulcro del Apóstol. En el Altar Mayor hay una imagen románi­ca de Santiago en hábito de peregrino y otra imagen barroca de Santiago "Matamoros". El "Botafumeiro" cuelga de lo alto del crucero en las grandes solemnidades, impulsado de un extremo al otro por los "tiraboleiros".

A la derecha del recinto interior de la Catedral está el Claustro realizado en el siglo XVI por Juan Gil de Hontañón. En un extremo del Claustro está el Archivo Capitu­lar, donde se custodia el original del "Codice Calixtinus". Entre el Tesoro y las Reliquias de la Catedral compostelana hay un busto de Santiago el Menor, que tiene el brazalete entregado por Suero de Quiñones después de finalizar el "Passo Honroso". En la Catedral está también la "lauda sepulcral" del obispo Teodomiro, que regía la diócesis compostelana cuando se descubrieron los restos mortales del Apóstol.

La historia de Compostela, el "Campo de las Estre­llas", al que alude su nombre, comienza en el año 813, año del descubrimiento del sepulcro de Santiago en el monte Libredón. Antes habían ocupado la zona los celtas, los romanos y los suevos. En el lugar de la actual Compostela debió haber un castro celta. El rey de Galicia y León, Alfonso II el Casto, construyó la primera iglesia, que amplió Alfonso III el Magno. Almanzor destruyó Compostela en el año 997. La ciudad y la iglesia, en recuerdo de Santiago, fue reconstruida por el obispo San Pedro Mesonzo, al que se atribuye además la compo­sición de la "Salve Regina".

En el siglo XII todos los reyes de Galicia y León se coronaban en Compostela. En la Catedral se guardan los restos mortales de Alfonso VII, Fernando II y Alfonso IX. El obispo que potenció definitivamente a Compostela fue Diego Gelmí­rez alrededor del año 1100. A partir de esta fecha se multiplica­ron las peregrinaciones y la ciudad fue teniendo cada vez más importancia durante casi toda la Edad Media.
               
Las revueltas de los campesinos contra la nobleza en el siglo XIV y la represión de las capas populares y de la misma nobleza por los Reyes Católicos produjo una decadencia de la ciudad de Santiago de Compostela, que no participó de los descubrimientos y las riquezas del Nuevo Mundo. Únicamente la época del arzobispo Fonseca y la creación de la Universi­dad, en el siglo XVI, pudieron suponer un cierto resurgimiento religioso político y cultural. Durante la etapa barroca se realizó un relanzamiento artístico de la urbe, que se plasmó en la construcción de la fachada de la Catedral, sobre la plaza del Obradoiro, y de varios edificios religiosos y civi­les en la ciudad.



La plaza del Obradoiro reúne el mayor conjunto monumental de Compostela. Además de la fachada barroca de la Catedral, está el Hostal de los Reyes Católicos, que fue hospital de peregrinos, el Palacio de Raxoi, frente a la Catedral, que alberga al Ayuntamiento y diversas dependencias de la “Xunta” de Galicia, y el Colegio de San Jerónimo.

La fachada de la Catedral a la plaza del Obradoiro, situada en el lado oeste de la plaza, es el símbolo actual de la ciudad de Santiago. Fue realiza­da por el arquitecto gallego Fernando de Casas e inaugurada el año 1750. El cuerpo central de estilo barroco rodea y protege el románico Pórtico de la Gloria. Completan la fachada las dos torres de setenta y cuatro metros de altura, sobrecargadas de ornamentación, obra de Domingo de Andrade, y la doble escali­nata que mandó cons­truir el arzobispo Maximiliano de Austria el año 1606.

El Hostal de los Reyes Católicos es uno de los edificios más relevantes del plateresco español. Está situado en el lado norte de la plaza. Fue fundado por Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón después de la conquista de Granada, en el año 1492. Su construcción fue encargada a Enrique Egas, arquitecto real, y a Diego de Muros. Fue hospe­dería y hospital hasta el año 1954, en que se convirtió en el hotel más elegante de la ciudad.

El Palacio construido por el arzobispo Bartolomé Raxoi, entre los años 1751 y 1772, ocupa el lado este de la plaza del Obradoiro. Tiene una fachada neoclásica de noventa metros de largo, frente a la Catedral, en la que hay un bello frontón de mármol blanco sobre columnas jónicas. En lo más alto del edificio tiene una estatua ecuestre de Santiago. Fue diseñado por el arquitecto francés Charles Lemaur.

El Colegio de San Jerónimo está situado en el sur de la plaza, frente al Hostal de los Reyes Católicos. Fue fundado por el arzobispo Alonso de Fonseca entre los años 1507 y 1523. Es una construcción renacentista con una fachada de finales del siglo XV, que estuvo anteriormente colocada en el Hospital de la Azabachería. Actualmente es la sede del Rectorado de la Universidad de Santiago.

Cerca de la plaza del Obradoiro está el Colegio de Fonseca y la Casa del Cabildo. El Colegio de Fonseca está situado en la plaza del mismo nombre, en la esquina de la "Rua do Franco". Tiene una fachada plateresca y un claustro de aspecto salmantino. El edificio ha albergado distintas insti­tuciones académicas en los últimos años. “La Casa del Cabildo” reunía a este organismo de la Catedral de Santiago. Se encuen­tra en la plaza de Platerías y tiene una hermosa fachada barroca sobre esta plaza. Actualmente se gestionan en ella las "compostelanas", documento acreditativo que se entrega a los peregrinos que han recorrido más de cien kilómetros hasta llegar a Santiago.




Junto a la Catedral está la plaza de Platerías, que  tiene una de las fachadas románicas que se conservan de la Cate­dral. El resto de la plaza es de ornamen­tación barro­ca. Aquí se reunían los plateros de la ciudad, por ello el nombre, en torno al edifi­cio del Tesoro de la Cate­dral, que contenía las principales alhajas de la basí­lica. En el centro de la plaza está la Fuente de los Caballos, de estilo italia­no.

La plaza de Quintana, contigua a la plaza de Plate­rías, ocupa la parte trasera de la Catedral. A esta plaza dan las puertas Real y Santa. La puerta Santa solamente se abre durante los años santos jubilares, uno de cada siete años. En la plaza de Quintana, bajo sus losas, hubo en otro tiempo un cementerio. Una larga escalinata es el lugar improvisado de encuentro de turistas y de habitantes de Compostela. En uno de los extremos se levanta la Torre del Reloj, de setenta y dos metros de altura, llamada también Torre Berenguela.

En la plaza de Quintana, frente a la Catedral, está el Monasterio de San Pelayo Antealtares, del siglo XVII, que fue construido sobre otro prerrománico, de la época de Alfonso II el Casto. Su fachada principal da a la plaza de Feixóo. Está habitado por monjas benedictinas que preparan excelentes tartas de Santiago y almendrados de elaboración artesana.

El viajero recorre las calles de Santiago, en los alrededores de la Catedral: la "Rua da Conga", la "Rua Nova", la "Rua do Vilar", la "Rua do Franco", y la "Rua das Orfas", hasta la plaza de Toral, en el corazón de la ciudad de Compos­tela. En la "Rua da Conga", en la esquina del Monasterio de San Pelayo, dice Otero Pedrayo, que luce por la noche el farol más romántico de la ciudad. En esta calle estuvo hospe­dada la emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, cuando vino a Santiago a mediados del siglo XIX.
  
La "Rua Nova" fue desde el siglo XII la morada de la aristocracia y de la burguesía de la ciudad. En ella se encuentra la "Casa de las Pomas" y la iglesia de Santa María Salomé, construida por el arzobispo Gelmírez en el siglo XII, además de algunos antiguos palacios. La "Rua do Vilar" es una de las más peculiares del centro de Compostela. En ella está el palacio del marqués de Monroy y diversas casas con soporta­les de conocidas familias de la burguesía compostelana.
 

La "Rua do Franco" es calle de buenos vinos y de gastronomía gallega típica. Es una de las más transitadas de la ciudad. Es camino de paso desde la "Porta de Faxeiras", en el límite de la ciudad medieval, hasta la Cate­dral. En ella se encuentra el Colegio de Fonseca. La "Rua das Orfas" fue el centro comercial a finales del siglo XIX, con las calles de Calderería y Preguntoiro. Eran el camino del Mercado, de la Universidad, o de cualquier otra zona del casco histórico. En esta calle hay edificios del siglo XIX integrados con casas de la antigua ciudad medieval.

La plaza del Toral, donde confluyen la "Rua Nova" y la "Rua do Vilar", está presidida por el palacio de Bendaña, que se ha considerado la más bella mansión de Compostela. Es obra del arquitecto Fernández Sarela. Tiene una estatua que figura a un "atlante" sosteniendo una "bola del mundo". En la plaza hay una fuente con una estatua de Marte guerrero, cons­truida en 1820, en honor del general Quiroga, protagonista con Riego de la revuelta liberal contra Fernando VII.

La lluvia hace acto de presencia al principio de la noche, cuando el viajero busca un buen restaurante para su "úl­tima cena" en tierras gallegas, aunque no tenga reminiscen­cias sacras, propias de la Semana Santa. Un sencillo local, que aparece en las guías gastronómicas de la ciudad, cumple a la perfección los deseos del viajero para satisfacer su estó­mago, aunque estaba demasiado concurrido, y fue preciso espe­rar demasiado tiempo.


Al salir del restaurante las procesiones recorren las calles del centro de la ciudad, con sus estandartes, pasos con sufrientes imágenes y nazarenos. Desde u-nos soportales que disminuyen un poco la humedad de la noche, el peregrino vive el final de la Semana Santa gallega, que se ha difuminado en su andadura por el Camino hasta Compostela. Al día siguien­te se despide de la ciudad del Apóstol hasta una nueva oca­sión.

domingo, 26 de abril de 2015

BIBLIOGRAFIA HASTA EL MONTE DEL GOZO


MELIDE.

- Terra de Melide. Ediciones de Castro. Bada. A Coruña. 1978.

- Moimentos da terra de Melide. Xosé Manuel Broz Rei. Ediciones Centros de Estudios Melidenses. Melide. La Coruña. 1982.

- Galicia enteira: A Ulloa, Terra de Melide, Deza e Chantada.   Xosé Luis Laredo Verdejo, con la colaboración de Constantino Fernández Álvarez. Edicions Xerais de Galicia. Vigo. 1980-1989.

- Comarca da Terra de Melide: plan de desenvolvemento comarcal de Galicia. Ediciones de la Presidencia de la Xunta de Galicia. Pontevedra. 1995.



ARZUA.

- El Pico Sacro. José Guerra Campos. Ediciones El Eco Franciscano. Santiago de Compostela. 1961.

- Arzúa. Angeles Torres Pereira. Ediciones de la Xunta de Galicia, Gabinete de Planificación e Desenvolvemento Territorial. Colección Os nosos concellos. Santiago de Compostela. 1994.



- Guia de Arzúa. Xosé Luis Laredo Verdejo. Ediciones del Concello de Arzúa. Arzúa. 1999.

jueves, 23 de abril de 2015

LAVACOLLA y el MONTE del GOZO


Lavacolla pertenece a la parroquia de San Paio Sabugueira, en las proximidades de Santiago de Compostela, que se encuentra en la zona centro-meridional de la provincia de Coruña.


Lavacolla se encuentra a unos 10 kilómetros de Compostela y es famosa por acoger el aeropuerto de Santiago y por formar parte de la última etapa del Camino de Santiago.

Se cree que debe su nombre al aseo de los peregrinos como una manera de purificación, en el río que discurre por el lugar, antes de entrar en la ciudad santa.

Lavacolla comparte el patrimonio del conjunto municipal de Santiago y se acompaña de un hermoso entorno natural. Tiene una iglesia del año 1840, de estilo neoclásico.

Se trata de una iglesia de planta rectangular, cuyo frontal de la fachada es un triángulo en cuyo vértice se levanta la torre de la campana. Sobre la puerta hay un tragaluz semicircular. A pocos metros de la iglesia se levanta un crucero con un Cristo sedente.

Un poco más adelante está el Monte del Gozo en una elevación entre Lavacolla y Santiago, donde se obtiene una panorámica de la ciudad de Compostela y de las torres de la Catedral.


El Monte del Gozo está reconvertido desde el Año Santo Compostelano de 1993 en zona residencial para peregrinos y visitantes y espacio de disfrute y encuentro, que ubica al peregrino en el inicio del tramo urbano que lo llevará a las puertas de la catedral compostelana.

Desde Lavacolla al Monte del Gozo, en la primera parte de este tramo los peregrinos establecían una carrera, proclamando como 'rey de la peregrinación' al primero del grupo que había llegado a la cima del Monte do Gozo.

domingo, 19 de abril de 2015

HACIA EL MONTE DEL GOZO



Salida de Arzúa. Raido. Cortobe. Calzada. Calle. Ferreiros. Von Harff y Laffi. "Boavista". Salceda. Xen. Hacia el Alto de Santa Irene. Santa Irene. Rua, "O Burgo" y Arca. Pedrouzo. El municipio de "O Pino". Hacia el aeropuerto de Lavacolla. "San Paio". El monte Pedroso. Lavacolla. San Marcos. El Monte del Gozo.       


El peregrino sale de Arzúa por la "Rua do Carmen", después de pasar por la "Casa do Peregrino" y por la "Fuente de los Franceses", que no echa agua actualmente. Desciende entre huertos y prados, hasta la pequeña localidad de "As Barrosas", que se encuentra rodeada de un robledal, y cruza un arroyo con el mismo nombre que la población. En este lugar hay una ermita dedicada a San Lázaro, donde estuvo un antiguo hospital de leprosos. Cerca de allí está la iglesia de Santa María de Arzúa y la capilla del Salvador.

El camino cruza el río Raido y se dirige en suave ascensión hasta el pueblo que lleva el mismo nombre de Raido. Se encuentra en la carretera de Compostela. Desde la zona más alta pueden verse las últimas casas de Arzúa. Un poco más adelante, en un paraje llamado "Molino de los Franceses", por donde pasa un arroyuelo llamado Marrabledo, se desvía de la carretera una pista asfaltada hacia la aldea de Cortobe, en que el camino ha sufrido, de nuevo, variaciones, debidas a las obras de la "concentración parcelaria".

Después se pasa por Pereiriña, y se atraviesa un nuevo arroyo por la localidad de Ponteladrón. La ruta sigue por una tierra en la que crecen grandes eucaliptus, hasta llegar a Tabernavella y Calzada. Junto a las casas de Calzada pueden verse los típicos hórreos para almacenar el grano y preservarlo de la humedad de estas tierras. 


 

De nuevo el cielo amenaza lluvia y el viajero tiene que colocarse el impermeable encima de la mochila y de su ropa. Continúa caminando hasta el poblado de Calle, unos dos kilómetros más adelante, muy cerca de la localidad de Preguntoño, lugar en el que se sale del término municipal de Arzúa, y se entra en el municipio de "O Pino". Por estas zonas solitarias del camino, en la época medieval, y hasta hace poco tiempo, asaltaban a los peregrinos para robarlos.

Calzada y Calle son toponímicos muy habituales en esta zona del Camino de Santiago en tierras coruñesas. Los hórreos continúan apareciendo junto a las casas. Cerca de Calle se encuentra Ferreiros, que ha sido citado en todas las guías del Camino de Santiago desde tiempos medievales. Debió existir esta localidad, ocupando las dos orillas del río Langüelo, desde el siglo XII. Los viajeros más relevantes que recorrieron esta zona, como el alemán Arnold von Harff, o el italiano Doménico Laffi, que en el siglo XVII viajó por casi todo el territorio español, citan esta localidad.

La iglesia parroquial de Ferreiros está dedicada a San Verísimo, y ha sido reconstruida recientemente, aunque aún conserva en su interior restos de gran antigüedad. En Ferreiros había muchos herreros y zapateros. Los primeros reparaban carruajes y acondicionaban las herraduras de las caballerías, y los segundos arreglaban el calzado de los peregrinos. En 1415 el Cabildo de Compostela premió con un valor de "treinta sueldos" a Pedro Calvo, zapatero de la localidad, por su esmerada atención a los caminantes a Santiago. 

El viajero sale de Ferreiros y pasa por un frondoso robledal hasta la aldea de "Boavista", que como su nombre indica, es un lugar pintoresco, por sus bellos parajes. La pista asfaltada se desvía hacia el norte y el camino continúa hacia el oeste hasta alcanzar de nuevo la carretera de Lugo a Santiago en la zona de Salceda. Esta localidad está situada en lo alto de una colina de más de cuatrocientos metros de altitud.

La carretera continúa, ahora en terreno más llano hasta Xen. El caminante se para en un mesón para comer un poco y para esperar a ver si mejora el tiempo. Llueve intermitentemente y la ropa, bajo el impermeable, empieza a estar mojada. El peregrino continúa después hasta Ras y Brea. Sigue lloviendo, y algunas veces debe guarecerse, como en días anteriores, en las paradas de los autobuses rurales, y esperar a que amaine un poco el aguacero.

 

Van alternando los bosques de pinos y de eucaliptus con los prados y los terrenos abiertos, siempre verdes. Después de otro pequeño descenso, y de cruzar un regato, que lleva muy poca agua, se llega al caserío de Rubiña. Un prado oculta el viejo camino, y el viajero ha de seguir por la carretera, hasta el comienzo de la subida al Alto de Santa Irene, donde se encuentran las casas de la localidad de Empalme.

Después de un kilómetro de suave ascensión se llega hasta el poblado de Santa Irene, que se encuentra a unos veinte kilómetros de Santiago. En un bello lugar rodeado de árboles se conserva una capilla dedicada a Santa Irene. Tiene una pequeña nave, con una cruz y una puerta que está cerrada, aunque por ella puede verse la imagen de
la santa.                                              

La carretera desciende entre pinares hacia Rua, lugar que puede identificarse con "Dúas Casas", que se cita en los itinerarios antiguos. Antes de llegar a la zona urbana de Rua hay unas edificaciones de aspecto medieval, que des-piertan la curiosidad del viajero. Aunque todavía es media tarde el ambiente de lluvia aconseja buscar un alojamiento y esperar al día siguiente para ver si mejora el tiempo. El final de la tarde la pasa el peregrino mirando a la carretera desde las cristaleras del bar de un hostal, y leyendo un poco, mientras la fina lluvia continúa cayendo.

Cerca de Rua está "O Burgo" y Arca. Es la zona más urbanizada del municipio de "O Pino". Por la noche mejora un poco el tiempo y se puede ir a cenar a un restaurante de Arca que le sugieren en el hostal. Hay pocos clientes en el restaurante en este miércoles de la Semana Santa. La televisión retransmite un partido del Real Madrid con un equipo italiano. Los camareros por la falta de clientes parecen más "seguidores" del futbol madrileño que el propio caminante y están más pendientes del televisor.

Aunque vuelve a llover toda la noche, la mañana amanece un poco más seca. El viajero después de desayunar en el hostal reanuda la ruta de la noche anterior hasta "O Burgo" y Arca. A la entrada de esta población hay una estación de servicio de gasolina y junto a ella está el albergue del Camino de Santiago, al que pasa a sellar la credencial de peregrino. Después continúa hasta un supermercado para comprar algunas cosas de comer.


 


Al salir de Arca sigue el camino hasta Pedrouzo, donde está ubicada la capitalidad del municipio de "O Pino", por el que atraviesa la "Ruta de los Peregrinos" antes de llegar a Compostela. Allí hay un colegio que ha ocupado el lugar por donde pasaba el camino histórico. Es preciso dar un rodeo para alcanzarlo de nuevo. Pasado un frondoso bosque se llega a San Antón. En esta localidad se pasa por el valle de un pequeño riachuelo y se inicia una subida hasta Amenal, que fue citado por Doménico Laffi, el viajero italiano que recorrió el Camino de Santiago en el siglo XVII.

El peregrino se encuentra tan solo a quince kilómetros de Compostela. En la época medieval estos momentos eran de gran ansiedad, por poder alcanzar al fin el esperado objetivo de llegar a la tumba del Apóstol, y por el deseo de hacerlo lo más pronto posible. El caminante sale por una calle de Amenal que se transforma en una "corredoira" rodeada de frondosa vegetación, y que le conduce a la próxima localidad de Cimadevilla.

Es necesario dejar ahora el camino tradicional, que sube una empinada cuesta hasta la ladera del monte donde están las tapias del Aeropuerto de Lavacolla, y continuar por el arcén de la carretera que rodea el Aeropuerto. En esta zona la carretera de Lugo a Santiago de Compostela se une con otra que viene del norte de la provincia, de Gutiriz y de Betanzos. 


 


En las proximidades del río Pambre, que discurre por el norte de Santiago, en Lardeiros, dentro del municipio de "O Pino", hay un "cruceiro" de gran valor artístico, de estilos barroco y neoclásico, del siglo XVIII. Otra curiosidad de la zona es un acebo de dieciocho metros de altura, probablemente el mayor de Galicia, que se encuentra en la localidad de Bermas, en el pazo del marqués de Monterroso.

El municipio de "O Pino" presenta signos de despoblación demasiado rápida y de decadencia económica. Sus principales materias primas son las que producen los grandes bosques que hay en el territorio, y su mayor actividad productiva gira en torno a las industrias madereras. La proximidad de Santiago dificulta otros posibles desarrollos industriales. Unas minas que daban trabajo a más de trescientas personas se cerraron en los últimos años. La ganadería también es impor-tante en "O Pino", y un incipiente turismo rural va haciendo aparición en Pedrouzo y en Arca, que han mejorado mucho urba-nisticamente en los años pasados. En Arca se celebran ferias una vez cada mes.

Varios aviones entran y salen del Aeropuerto de Lavacolla. El peregrino rodea el Aeropuerto por el norte y se aproxima a la localidad de "San Paio", que tiene apariencia medieval. El nombre es la versión gallega de San Pelayo, y se refiere a un niño que fue martirizado por los musulmanes en la ciudad de Córdoba en el año 925. Era natural de los alrededores de Tuy y su culto está muy extendido por toda Galicia. En esta zona la iglesia de Sabugueira, que está cerca de Lavacolla, está dedicada a San Pelayo.  

En el monte Pedroso, en las proximidades del Aeropuerto, se pueden ver las torres de la Catedral de Compostela. Su relativa dificultad de acceso ha hecho, desde la Edad Media, que fuera más fácil contemplarlas desde el Monte del Gozo, un poco más adelante.

Desde "San Paio" se desciende durante un kilómetro hasta las primeras casas de Lavacolla. La localidad se extiende a lo largo de la carretera. Lavacolla es la "Lavaméntula" del "Codice Calixtinus". Según cuenta Aymeric Picaud, los peregrinos franceses que se dirigían a Santiago, al llegar al río, se quitaban las sucias ropas del camino, y en honor al Apóstol, se lavaban sus partes más ocultas, "méntulas", y todo el resto del cuerpo. 


 


Lavacolla tiene una iglesia de construcción moderna, con un amplio atrio y un bello "cruceiro", que ha sustituido al muy famoso de "O Home Santo", que fue trasladado a Santiago de Compostela. Pasado el río está la ermita de San Roque, que sirve actualmente de albergue de peregrinos.

El viajero antes de iniciar la subida a San Marcos y al Monte del Gozo se para a reponer fuerzas en un agradable restaurante junto a la carretera. Es necesario expresar aquí la magnífica atención de los hosteleros de Lavacolla con los caminantes a Santiago. Después del refrigerio se pasa por la aldea de "Villamaior" y por las sedes de la Televisión Gallega (TVG) y de la Televisión Española (TVE).

Durante la subida a San Marcos se va viendo el monte Castro, a la derecha de la ruta. Tuvo un poblado celta en su parte más alta. Desde la cima de este monte también se ven las torres de la Catedral de Compostela. Desde la aldea de San Marcos el camino se desvía hacia la derecha de la carretera, entre las casas de la localidad, para llegar un poco más adelante al Monte del Gozo.

"Montxoi" es el nombre del Monte del Gozo en lengua gallega, proviniente de la deformación y contracción de "Mont Joie", monte de la alegría, en el idioma de los peregrinos franceses. Se cuenta en las leyendas medievales que desde Lavacolla se establecían carreras para llegar al Monte del Gozo los primeros y ver la Ciudad Santa. Después de tan penoso y largo camino se daba el titulo de "Rey" a quien llegaba primero. Quedan restos de esta palabra castellana en los apellidos de muchos centroeuropeos, sin duda por esta procedencia lingüística.


 

Cerca de la cumbre del Monte del Gozo está la ermita de San Marcos. Tiene un atrio cerrado y protegido por la sombra de varios árboles. Fue construida en el siglo XII por el arzobispo Gelmírez, aunque la que se conserva actualmente ha sido reconstruida no hace muchos años. En el Monte del Gozo hay un inmenso complejo residencial para los peregrinos a Compostela, que suele estar muy lleno en los meses de verano. En estas fechas de la Semana Santa, en abril, está algo más vacío. El caminante deambula por sus calles, entre los diver-sos pabellones, por su plaza central y por la enorme cafetería. Sin duda el aspecto que se observa no debieron verlo los peregrinos medievales. Santiago se vislumbra en lontonanza. A pesar del mal clima sufrido durante toda la semana hoy no ha hecho aparición la lluvia y las torres de la Catedral se ven junto a las nubes grises del horizonte.                                 

jueves, 16 de abril de 2015

EL PAZO DE BRANDESO Y VALLE INCLÁN

El Pazo de Brandeso es por las vinculaciones genealógicas de sus sucesivos propietarios y por sus referencias literarias e históricas uno de los más conocidos de Galicia, aunque sus restos arquitectónicos no corresponden con la altura de su fama. El fundador del vínculo fue Fernando Montero de Mella, procurador de la Real Audiencia de Galicia, en 1635.

De estos Montero de Brandeso descienden, tanto Rosalía de Castro como Emilia Pardo Bazán, enlazada a su vez, con Concepción Arenal. Ramón Mª del Valle Inclán lo convirtió en el escenario de los amores del marqués de Bradomin y la melancólica Concha, en la “Sonata de Otoño”.

La carretera de Arzúa a Pontecarreira atraviesa la extensa parroquia de Calvos de Socamiño, en la que se conservan varias casas palaciegas. El pazo de Brandeso es sin duda el que mejor se ha conservado. Se compone de un robusto edificio de planta rectangular, levantado en el año 1554, según una inscripción que aparece en la capilla.


En la “Sonata de Otoño” Valle Inclán describe el noble pazo de Brandeso con sus fachadas heráldicas entre la bruma del clima y las sombras de los viejos jardines. El pazo de Brandeso se yergue en la obra literaria dentro de una pura nostalgia de Galicia, muy cercana a la sensibilidad del autor. Los paisajes son suaves, con molinos, castaños, y las nubes son plomizas, dormidas sobre la tierra celta.

Valle-Inclán fue novelista, poeta y autor dramático, además de cuentista, ensayista y periodista. Destacó en todos los géneros que cultivó y fue un modernista de primera hora que satirizó amargamente la sociedad española de su época. Nació en Villanueva de Arosa, Pontevedra, en 1866, y estudió Derecho en Santiago de Compostela, pero interrumpió sus estudios para viajar a México, donde trabajó de periodista en El Correo Español y El Universal.

A su regreso a Madrid llevó una vida literaria, adoptando una imagen que parecía encarnar a algunos de sus personajes. Llevó una vida bohemia, de la que contaron muchas anécdotas: perdió un brazo durante una pelea. En 1922 volvió a viajar a México, y al proclamarse la República, en 1931, desempeñó varios cargos oficiales, entre ellos el de Director de la Escuela de Bellas Artes de Roma. Posteriormente regresó a Santiago de Compostela, donde murió en 1936.

Sus obras literarias tienen generalmente inspiración gallega. En ellas destaca la estilización lírica del ambiente campesino y popular, como en “Flor de santidad” (1904), la poesía de “Aromas de leyenda” (1907), o el arte erótico refinado, evocador y musical de las cuatro Sonatas (otoño, invierno, primavera y estío), aparecidas entre 1902 y 1905, y que constituyen la biografía galante del marqués de Bradomín, y suponen la culminación del modernismo español.


En 1907 publicó la primera de sus llamadas comedias bárbaras: “Aguila de blasón”, a la que siguió “Romance de lobos” (1908), obras de gran estilización dramática en un ambiente violento de resonancias medievales. En “Cara de plata” (1922), tercer volumen de esta trilogía teatral, vuelve a observarse el giro hacia las consideraciones de crítica social.

Su segundo viaje a México le inspiró la escritura de Tirano Banderas (1926), considerada su mejor novela, síntesis del mundo americano, de muchos personajes y caudillos, que antecede a las novelas de Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier y García Márquez. Su obra teatral Luces de bohemia (1920), estableció una estética de la deformación, por medio de la que estiliza lo bajo, lo feo, con una especie de expresionismo gestual y caricaturesco que él mismo llama “esperpento” y que tiene antecedentes en Quevedo y Goya.